Nota de la autora: Este poema surgió mientras escuchaba el ovimiento tercero de "Verano", del legendario Antonio Vivaldi, il Prete Rosso, como le apodaban en su tiempo debido a su ocupación (sacerdote) y a su color de cabello (era pelirrojo).
¡Saludos y que tengan un excelente día!
Fuente de la imagen: Wikipedia
Recuerdos de niñez siempre
vienen a mi mente cuando
escucho el tercer movimiento
de tan bellas partituras
con las que buscabas
evocar la belleza de la Primavera,
la vivacidad del Verano,
la fuerza del Otoño
y la brutalidad del Invierno.
Inspirador fuiste y eres
para aquellos que aún
ejercen tu arte,
la inmortal música,
aquella con la que expresas
de forma maravillosa
en las cuatro cuerdas del violín,
la más perfecta extensión
de la voz humana.
Con singular pasión te entregaste
a tu música ante la estupefacción
de tus colegas en el sacerdocio;
era evidente que Dios mismo te
dio el talento para alabarlo
con tu música llena
de la fuerza de las tormentas,
algo que muy pocos alcanzaron
a entender en tus tiempos.
Inmortalidad alcanzaste cuando
te descubrimos en la época moderna
tras dos siglos de silencio que
parecía perpetuo y el olvido
al que parecías estar condenado;
influencia sin par de músicos,
pintores, escritores, estudiantes,
quienes perciben y entienden
tu energía y tu pasión.
Vivaldi, il Prete Rosso,
maestro de generaciones,
gran inmortal que sobreviviste
a los embates e impiedades
de un tiempo despiadado;
de niña y adolescente te escuché,
y de adulta te sigo escuchando
en mis amaneceres mientras escribo
en la soledad de mi habitación.
