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En todos lados arde
como el bosque en una
fatídica tarde de verano;
guerras y atrocidades
parecen ser lo que marcarán
esta década que inició
con la enfermedad.
A veces el corazón se desespera,
se desilusiona,
se siente atrapado;
la mente intenta protegerse
de todo lo que pudiera ser
dañino para su estado de paz.
Pero al final,
si se piensa con detenimiento,
cuando se permite a la claridad
instalarse en el alma,
lo único que queda es continuar
la vida sin esperar a que las cosas
lleguen por sí solas.
Vivir, ser feliz
pero consciente de que
hay cosas que están fuera
de nuestras manos y que
solo Dios nos podrá sostener
en medio de este caos que
permea cada rincón del planeta.
