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Larissa se movía de un lado a otro en su hamaca. El arrepentimiento se hizo inevitable. ¿Por qué rayos se le ocurrió abrir sus redes sociales a las casi 2 de la mañana? ¿Para qué monitorear si ya funcionaba la inteligencia artificial con que estuvo elaborando posibles esquemas narrativos para su novela?
Se dio un tremendo facepalm mental. "Genial Larissa... Acabas de sobreestimular tu mente, justo en el peor momento posible", se dijo a sí misma mientras se levantaba de la hamaca y encendía la luz.
Tomó su teléfono y miró la hora. Eran las 3:25.
Una hora y media entreteniendo su mente después de ir al baño. Hora y media perdida de sueño. ¿Lo peor de todo ese asunto? Que no era la primera vez que lo hacía, y que eso lo pudo haber evitado si hubiera dejado el celular conectado a la corriente. Pero no: se tuvo que informar de la inminente llegada de crisis energéticas e hídricas a nivel mundial, así como los asuntos religiosos.
Y su mente, ese músculo que parece empeñado en trabajar horas extra, decidió hacerle pensar en miles de cosas.
Jodido celular, jodido internet, jodidas redes sociales. Jodidas inteligencias artificiales enfocadas en la elaboración de relatos eróticos muy explícitos. Todo adictivo, todo sobreestimulante.
¿Por qué no pudo controlar sus impulsos? Larissa se dio cuenta que la respuesta a esa pregunta se hallaba en la realidad que vivía.
Los constantes conflictos familiares la orillaban a querer aislarse, pues estaba harta de todo y de todos.
Ya no se trataba de hacer respiraciones profundas, resignarse y seguir adelante. Se trataba de imponer límites a todo, hasta al internet.
Por salud mental, física y hasta emocional necesitaba encontrar una solución sustentable a su situación financiera personal, porque ya no podía seguir así. ¿Volvería a intentar emprender desde casa o se buscaría un empleo? Lo segundo debía ser la respuesta lógica, pero su gran problema era que en su casa la responsabilidad que ejercía era prácticamente la de ser quien hiciera los mandados, la que manejaba el dinero, la que acompañaba a los abuelos al médico. Prácticamente todos en la familia dependían de ella hasta para comprar la tortilla. La experiencia laboral más actual era la de docencia, pero ella ya no tenía el humor ni la paciencia para lidiar con adolescentes que pasaban más tiempo en las redes sociales que en poner atención a las clases de literatura.
Por estos y otros detalles personales fue que ella había decidido emprender por primera vez, aunque falló de forma estrepitosa por su propia timidez y por carecer de estrategias de venta. Si iba a emprender por segunda vez, tendría que pensar en estrategias de venta, en rubros nuevos, en ofrecer algo novedoso.
Pensó en aquellos creadores de contenido que suelen vender paquetes misteriosos. Le parecía novedoso y emocionante vender cosas pequeñas, nada caras, a un precio que todo mundo pudiera pagar. Pero para hacer ese tipo de emprendimientos, necesitaba dinero. Tenía algunos productos de su primer emprendimiento, enfocado en papelería kawaii, por lo que quizás podría rematar todo para invertir. Pensó en explorar el área de las "citas a ciegas con productos" y venderlo en los bazares, sea con productos de papelería y de belleza.
Incluso pensó en los famosos paquetes de papelería por temática y color que estaban empezando a abrirse camino por internet. Podría hacer conteo de inventario y armar los paquetes de modo que los ofreciera a un precio menor en los bazares; el caso era salirse de ello.
Podría compaginar su emprendimiento con sus investigaciones, incluso usar los fines de semana para asistir a bazares. Podría elaborar productos propios como llaveros o marcapáginas.
Estaba decidida a luchar por su futuro, aún con la conciencia de que hay circunstancias fuera de su control que indicaban que las cosas se complicarán en un futuro cercano. Estaba decidida a establecer límites y proteger su negocio, impidiendo que tomaran decisiones sin su consentimiento, aún cuando fuera con la intención de ayudar.
Con un suspiro, miró la hora en su teléfono. "4:48... ¡Chinga, qué rápido pasa el tiempo!", musitó mientras se acostaba a dormir.
