En la sala de parto de un hospital se encuentra Lucía, a su lado está un médico y una enfermera.
__ Ha llegado el momento Lucía vamos a hacerlo, dice el médico.
Siguiendo las instrucciones del médico respira profundo y puja con todas sus fuerzas, se escuchan las voces de ánimo que el médico le da. ¡Vamos Lucía falta poco, hagámoslo de nuevo respira y puja!
El llanto de un recién nacido se deja escuchar, el corazón de Lucía se hincha de alegría, la tensión del momento ha pasado todos están relajados.
Al mismo tiempo en la sala de espera está Rigoberto convertido en un manojo de nervios, camina de un extremo del pasillo al otro sin detenerse aunque sus piernas apenas lo sostienen.
En una silla sentada con mucha serenidad está una mujer que viste un traje sobrio y elegante, posa sus manos sobre sus rodillas cruzadas siguiendo con la mirada la trayectoria que Rigoberto hace al caminar por el pasillo.
Rigoberto observa constantemente el reloj de pulsera que lleva en su muñeca, los segundos le parecen eternos, la mujer en tono suave y tranquilo le dice: Cálmate todo va a salir bien.
Luego de un rato una enfermera da voces desde la puerta
__ ¡Familiares de Lucía Montoya!
La piernas de Rigoberto apenas responden para andar al escuchar el nombre de Lucía, era como si se hubiera paralizado por un instante, se aproxima a la enfermera y responde tartamudeando Yooo Yooo Yoo soy su esposo.
La enfermera muestra una dulce sonrisa pues comprende el nerviosismo de Rigoberto, ella ha visto miles de esposos en la misma situación.
__ ¡Felicidades Señor Rigoberto es usted padre!
Rigoberto siente alegría pero continúa preocupado por Lucía, la enfermera no ha dado noticias de ella por lo que se apresura a preguntar.
__ ¿Cómo está Lucía, está bien? ¿puedo verla?
La enfermera responde: Claro puede verla ella está muy bien, vendré por usted cuando sea trasladada a una habitación.
La enfermera se marcha regresando a su labor pero dejándo un sentimiento de alivio en Rigoberto.
Rigoberto se vuelve a la mujer del pasillo un poco más tranquilo se sienta a su lado. Minutos después la mujer se levanta de la silla comienza a caminar por el pasillo alejándose de Rigoberto.
El entonces dice
__ ¿Te vas?
La mujer responde
__ Sí.
__ ¿Por qué, no vas a esperar para conocer al niño?
Con una sonrisa irónica la mujer dice: Mi deber aquí ha terminado. Da la espalda y se marcha.
Rigoberto se dice a sí mismo: Que mujer tan dura nada la conmueve
¿Quién era aquella mujer sobria con apariencia de nervios de acero?
La mujer era Doña Isabel Fuentes Reyes casada con Don Rigoberto Fuentos Zambrano (Padre), madrastra de Rigoberto a quién crío desde niño pero al que nunca quizo aún cuando ella nunca puedo tener un hijo.
Rigoberto y su familia regresan a casa con la alegría y la ilusión de empezar una nueva vida ahora como padres, unos días luego del nacimiento Lucía observa unos rasgos extraños en el rostro de su recién nacido hijo al que puso por nombre Rubén.
Ella un poco preocupada le cuenta a Rigoberto sobre sus temores, él sin perder tiempo hace cita con el pediatra. En la sala de espera del pediatra se encuentran con muchos padres algunos primerizos igual que ellos otros experimentados con 2 o más hijos, escuchan algunos consejos que se dan unos a otros en la sala, mientras Lucía atenta a las recomendaciones que los otros padres compartían decide tomar algunas notas.
Susurra en el oído de Rigoberto
__ Cuántas cosas tenemos que aprender para cuidar a un niño.
Llega su turno el médico realiza el examén físico de costumbre al recién nacido, Lucía y Rigoberto no han mencionado nada sobre sus sospechas, están un poco tensos y el médico lo nota.
__ Calménse ordenaré análisis de sangre para asegurarme, parece que el niño tiene el Síndrome de Down, no se preocupen hoy en día hay excelentes instituciones especializadas en el desarrollo y educación de los niños y también brindan apoyo a los padres.
__ Estos niños suelen ser inteligentes y con la ayuda adecuada pueden incluso trabajar.
Lucía y Rigoberto salieron del consultorio reconfortados con las palabras del doctor, hicieron todo lo que correspondía para poner a Ruben en los programas de ayuda para el desarrollo y posterior educacion.
Rigoberto trabajaba como ingeniero en la NASA, él estaba orgulloso de su hijo Ruben y del avance que lograba a medida que crecía, en ocasiones lo llevaba con él a visitar las instalaciones del área de ingeniería donde laboraba.
Ruben estaba entusiasmado con todo lo que observada dentro de las instalaciones de la NASA, quería ser Astronauta y viajar a la luna. Se emocionaba viendo en la TV los programas sobre viajes espaciales y trataba de imitar los movimientos de los astronautas en el espacio.
Rigoberto no dejaba pasar ocasión para hacer sentir bien y mantener la ilusión que había en el corazón de Ruben.
Durante una caminata por el campo después de una copiosa lluvia habían muchos charcos con agua por el camino de tierra rodeado de árboles frondosos, flores silvestres que los envolvía con su aroma y pájaros cantando; usa todo como escenario para dibujar en la mente de Ruben que él es un astronauta y camina en la luna igual como lo hacen los astronauta.
Ruben tomado de la mano de su padre salta el pozo de agua que la eroción de la lluvia ha creado, simulando la forma de caminar del hombre en la luna su sueño es cumplido porque su pade lo alienta con palabras afirmativas.
__ Eres un magnifico astronauta.
Caminando y brincando pozos continúan y al final del camino llegan a un mirador natural que tiene un banco de madera que alguien construyó, a lo lejos ven la figura de una mujer sentada mirando el paisaje frente a ella desde lo alto de aquel lugar.
Rigoberto reconoce a la mujer es Doña Isabel Fuentes Reyes a quien no veía desde el día del nacimiento de su hijo Ruben.
__ Han pasado 7 años desde la última vez, Ruben hijo acércate conoce a Doña Isabel.
Doña Isabel lo mira con ternura y conmovida deja escapar una lágrima que corre por su mejilla a la vez que le dice en tono suave y tierno.
__ En un gran placer conocerte Ruben.
Doña Isabel extrañaba a su esposo Don Rigoberto que había muerto hacía muchos años, el parecido de Ruben a su difunto esposo le estremeció.
A partir de aquel día Doña Isabel acordó con Rigoberto las visitas que Ruben le haría. Ruben cambió la vida de Doña Isabel él le trajo alegría durante el tiempo que a ella le quedó de vida.
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