A veces uno cree que las cosas malas no le van a pasar a uno, pero realmente cuando van a pasar, le suceden a cualquiera, y una de esas es justamente aquellas relacionadas con la seguridad de las contraseñas.
Recuerdo que en principio, era algo que se tomaba a la ligera, y que en muchos casos, las personas mayores eran víctimas de estafas por confiar en otros el proceso para la extracción de dinero en los cajeros, confiando en la buena voluntad de quienes se ofrecían a ayudarlos con el proceso, para luego hackear o cambiarles la tarjeta y proceder a vaciarles las cuentas.
En mi caso, hace 19 años, fui víctima de estafa bancaria, pero no producto de una contraseña, sino que por azar, se hicieron dos débitos no autorizados de mi cuenta mientras yo estaba en el exterior. Para entonces, sacar dinero desde otro país resultaba un tanto complejo, y pedían contraseñas especiales que yo ni siquiera tenía, por lo que eso levantó mis sospechas y llamé al banco para hacer el reclamo de inmediato.
Para cuando regresé al país, el dinero había sido restablecido, y al parecer, todo sucedió por parte de un cajero que al ver la cuenta sin movimientos, pensó que estaba "congelada".
Desde ese momento estuve mucho más atenta a revisar mis cuentas, cambiar mis claves y toda norma de seguridad vigente.
Y es que para vulnerar las cuentas, hay todo un entramado pendiente de encontrar a alguien desprevenido a quien estafar, por lo que la recomendación básica es que al momento de hacer algo relacionado con la seguridad digital, se preste toda la atención al proceso, pues en un abrir y cerrar de ojos, un solo descuido, puede terminar siendo la puerta al infierno.
Y para muestra, un botón de la primera cuenta que tuve en Hive y que perdí a las 3 semanas de haberla abierto. Cuando yo empecé en este ecosistema, atravesaba por una separación de mi pareja, en términos bastante complicados. Al momento de abrirla, seguí los pasos de quien me guio en mis inicios, y luego, no pude recordar mi llave maestra, no estaba en el correo que me envió ecency, y los entendidos me decían que yo la había cambiado, aunque no recuerdo haberlo hecho. Y si bien no hubo consecuencias graves en cuanto a retiros y accesos indebidos, pagué los platos rotos de haber sido "irresponsable" por no dormir bien durante esos días en los que era víctima de violencia psicológica, y no resguardar mi llave.
Una modalidad muy actual, es apelar a la ignorancia de las personas sobre algunos programas que copian información sin que lo sepas, o pinchar en enlaces dudosos, logrando con ello, hackearles sus teléfonos o por lo menos alguna red social para luego estafar a sus contactos.
Igualmente, la comodidad de tener una llave única para los diferentes programas, solo por la comodidad de no tener que recordarlas todas o el temor de olvidarlas, es caldo de cultivo para que sucesos negativos se puedan generar en cadena, pudiendo perder el control de muchas cosas en pocos segundos.

Sometimes we think bad things won’t happen to us, but when they do, they can happen to anyone—and one such issue is precisely that of password security.
I remember that at first, it was something people took lightly, and that in many cases, older adults fell victim to scams because they trusted others to help them withdraw money from ATMs, relying on the goodwill of those who offered to assist them—only for those people to later hack or swap their cards and proceed to drain their accounts.
In my case, 19 years ago, I was the victim of a bank scam, but not because of a password; rather, by chance, two unauthorized debits were made from my account while I was abroad. At that time, withdrawing money from another country was somewhat complicated, and they asked for special passwords that I didn’t even have, so that raised my suspicions, and I called the bank to file a complaint immediately.
By the time I returned to the country, the money had been restored, and apparently, it all happened because a teller, upon seeing the account with no activity, thought it was “frozen.”
From that moment on, I was much more careful about checking my accounts, changing my passwords, and following all current security guidelines.
The fact is, when it comes to hacking accounts, there’s a whole network just waiting to find an unsuspecting victim to scam. So the basic recommendation is that whenever you’re doing anything related to digital security, you should pay close attention to the process—because in the blink of an eye, a single lapse in attention can end up being the gateway to hell.
And here’s a prime example: my very first Hive account, which I lost just three weeks after opening it. When I first joined this ecosystem, I was going through a breakup with my partner—under pretty complicated circumstances. When I opened the account, I followed the steps of the person who guided me in the beginning, and later, I couldn’t remember my master key; it wasn’t in the email ecency sent me, and the experts told me I had changed it, even though I don’t remember doing so. And while there were no serious consequences in terms of unauthorized withdrawals or access, I paid the price for being “irresponsible” by not sleeping well during those days when I was a victim of psychological abuse, and for not safeguarding my key.
A very common tactic these days is to exploit people’s ignorance about certain programs that copy information without your knowledge, or to get them to click on suspicious links, thereby hacking their phones or at least some social media account to later scam their contacts.
Similarly, the convenience of having a single key for different programs—simply because it’s easier not to have to remember them all or out of fear of forgetting them—creates a breeding ground for a chain reaction of negative events, potentially causing you to lose control of many things in a matter of seconds.
Foto/Photo by:
Banner de portada: Cortesía de
Edición/Edited by using canva
Translated and formatted with Deepl