When my mom came to visit Havana, she had one clear goal: to visit the Museo del Perfume and bring back a fragrance as a souvenir. That’s how I ended up discovering this little gem—a place I knew nothing about.
The "Habana 1791" Perfume Museum is very much a tourist-oriented spot. While the building itself is centuries old (likely dating to around that year, like many in the area), it only became a museum in 2000. This neighborhood is full of restored historic houses turned into niche museums—part of Havana’s tourist revival. Do I mind? Not at all. In fact, I love museums dedicated to microhistory: everyday objects, ordinary lives, and the stories behind them.
First Impressions: A Symphony of Scents
The moment you step inside, the smell hits you. It’s a fantastic place to visit, but if I worked here, I’d either lose my sense of smell or quit due to chronic migraines. 😅
At the counter, friendly staff explain the basics of perfumery, and you can buy custom-blended fragrances—500ml for 700 Cuban pesos (just a few USD). During our visit, the options included: patchouli, chocolate, sandalwood, classic violet, tobacco, and more.
I usually prefer more unisex scents—nothing too sweet, floral, or overpowering. After sniffing around, we settled on a chocolate-sandalwood blend (yes, chocolate—something I never thought I’d wear, but now I’m obsessed). It’s feminine yet bold, not cloying. Too bad they didn’t have citrus notes—my all-time favorite.
If you’re willing to splurge, the choices expand (naturally). You can pick from high-end, specialized perfumes and even choose your own vintage-style bottle. This section also displays antique perfume-making tools and rescued artifacts from Cuba’s perfumery past.
Next, we peeked into the laboratory—absolutely fascinating. Huge catalogs detail historic perfumes, industry milestones, and curious facts. Then came the perfume shop, stocked with dupes of luxury fragrances (the kind that’d cost an arm and a leg internationally). I almost had to drag my mom out—if I hadn’t, she would’ve emptied our bank account. 💸
The museum also offers aromatherapy sessions, events, and talks on Cuba’s perfumery traditions—apparently quite popular!
Final Verdict
A must-visit if you love scents. It’s small (you can explore it quickly), but perfume enthusiasts could spend hours sniffing everything.
Bonus Fun Fact: As someone obsessed with everyday history (I collect books on fashion, food, and medicine), I own this gorgeous "History of Perfume" book—highly recommend!
Mi madre vino de visita a La Habana y desde que llegó, tenía una misión en mente: ir al Museo del Perfume y llevarse alguna fragancia como souvenir. Fue así como llegué a este sitio del cual no tenía la menor idea.
El museo del perfume se llama “Habana 1791”. Es un sitio creado expresamente para el turismo: si bien el edificio tiene muchísimos años (imagino que se haya construido alrededor de esa fecha, como muchos en esa zona), solo hasta el 2000 comenzó a funcionar como lo que es hoy. Es un área caracterizada por esto: casas viejísimas, reconstruidas a modo de disímiles museos para convertirse en el corazón turístico de la capital. ¿Me molesta? No. Al contrario, lo que más e gusta en esta vida es visitar museos dedicados a cosas catalogadas como microhistoria, las cosas cotidianas, la vida de la gente común.
Primeras impresiones: una sinfonía de olores
Desde que entras te asalta el olor. Si bien es un lugar espléndido para visitar y pasar el rato, si yo llego a trabajar allí o pierdo del todo el olfato, o tengo que renunciar por migrañas crónicas. En el mostrador hay algunas muchachas que muy profesionalmente te introducen en las cosas más básicas de la perfumería, y justo ahí puedes comprar algunos perfumes a granel, 500ml de algo elegido por ti a 700 pesos cubanos.
Cuando fuimos, entre los aromas para escoger estaban el pachulí, el chocolate, el sándalo, la violeta de toda la vida, el tabaco y varios más. Yo siempre tiendo a usar perfumes de mujer pero no excesivamente chillones, dulces ni florales. De hecho mis aromas preferidos son bastante unisex, mezclan notas comúnmente asociadas a los varones con otras más femeninas. Tras oler estas esencias decidimos mezclar chocolate con sándalo (nunca en la vida pensé usar perfumes de chocolate, pero ahora tengo varios) pues era una combinación femenina pero fuerte. No quedaba excesiva ni dulzona. Lástima que no había nada cítrico, siempre han sido mis notas preferidas.
Para visitantes con más dinero, las opciones aumentan (como siempre). Hay perfumes mucho más especializados y puedes elegir el envase entre una variedad interesante y bonita. Todos los envases tienen un aire antiguo y original. También en esa área se exhiben muchas herramientas y envases museables, de la perfumería más antigua, que se han rescatado.
Al pasar a otra sala tuvimos de frente el laboratorio y oh dios qué interesante todo. También hay unos catálogos enormes que informan sobre perfumes históricos que han marcado hitos del oficio, curiosidades del perfume y otros datos.
Luego pasamos a una tienda interior donde puedes encontrar copias de muchísimos perfumes de todo el mundo, incluyendo algunos que te costarían los dos ojos y un trozo de pierna en el mercado internacional. Ahí casi tuve que sacar a rastras a mi madre, si la dejo nos vacía la cuenta bancaria y no podemos permitirnos eso.
Tengo entendido que en otras salas se frecen servicios de aromaterapia que tienen una muy buena acogida entre el público, así como charlas y eventos relacionados con la perfumería en Cuba.
Veredicto: vale la pena
Para finalizar este post: recomiendo visitar el museo, es muy pequeño y básicamente lo exploras en poco tiempo, pero si te interesa la perfumería te tomarás horas nada más que acercando a tu nariz cuanta cosa te topes por el camino.
Y una pequeña curiosidad: como a mí siempre me ha gustad la historia de las cosas cotidianas, colecciono libros de historia de la moda, de la comida, de la medicina… y resulta que tengo esta preciosidad que trata de la Historia del Perfume y la recomiendo mucho.