Versión en Español
Vivo a más de 40 km del centro de la Habana, aún así, esta era una tarde que había sido destinada al mar, mi mejor amiga tuvo la idea de ir hasta el malecón para ver el atardecer y yo decidí acompañarla.
Entramos por la calle Prado, los niños jugaban dando color con su alegría. Mientras caminábamos me sorprendió ver a un señor apartar su muleta y tomar una pose cargada de actitud para una foto, tenía alrededor de unos 70 años. Recuerdo que pensé: Quiero tener la energía de este señor.
Tan solo a unos metros nos esperaba el mar, qué alegría sentir la brisa besándonos el rostro. Llevaba el cabello suelto y el mar se encargó de que pareciera un diente de león que no se quería deshojar. Sentí como iba cambiando mi energía a medida que avanzábamos.
Un amigo que estudia Historia del Arte me contó que el Malecón de La Habana se comenzó a construir en el año 1901 y su culminación se produjo a finales de 1958. El objetivo principal de la construcción del mismo era proteger a La Habana de las penetraciones del mar producidas por los vientos del norte y actualmente es parte esencial de la muestra de cubanía.
Seguimos caminando cercano al muro mientras observábamos el movimiento de las olas y nos relajábamos. La tarde era perfecta, faltaban treinta minutos apenas para que el sol se ocultara, mirábamos cada esquina, cada construcción deteriorada y me invadió un sentimiento de nostalgia y de tristeza por mi Habana.
Comencé a tomar fotografías, a medida que avanzábamos. Un señor que tocaba la trompeta me hacía una seña para que me acercara porque me vió bailar al sonido de su música. Me decía:
-Venga amiga, acérquese.
Yo cantaba la canción cubana "Chan Chan" de Buena Vista Social Club:
El cariño que te tengo,
no te lo puedo negar,
se me sale la babita
yo no lo puedo evitar.
Nos reímos como hace mucho no lo hacíamos.
Cada visitante que se acerca, nacional o extranjero, degusta del espectáculo marino que no pocas veces se acompaña de buceo libre, o sencillamente disfruta del atardecer o quizás su objetivo es tomar el fresco de la noche. Otros prefieren pescar en los arrecifes, a veces hasta en pareja. Muchos disfrutan del tránsito de la avenida, a veces se puede observar un paseo en un auto descapotable de una boda o de una quinceañera. También están los vendedores ambulantes, los músicos que recoren de un extremo a otro con su instrumento listo para cumplir los pedidos de las canciones más tradicionales o populares de Cuba, incluso he visto hasta mariachis alegrar las noches del Malecón.
La tarde ya se despedía, yo preparaba el momento preciso para decirle adiós al día, también a varios problemas por los que estaba pasando. Hace meses que no visitaba el malecón, la última vez fue en la noche. Pero hoy era diferente, sentía que algo vibraba dentro de mí, era la necesidad de experimentar este acercamiento al mar y para ello caminamos casi 5 km hasta que llegara el ocaso.
Y así comenzó un nuevo ciclo en el crepúsculo, un cierre definitivo al compás del atardecer. Y me convencí una vez más de que el malecón habanero es de mis lugares favoritos. Si estás en Cuba o tienes planeado visitarlo en este verano, el Malecón Habanero es una opción ideal para visitar en este verano que se acerca.
English version
I live more than 40 km from downtown Havana, yet this was an afternoon meant for the sea. My best friend had the idea of going to the Malecón to watch the sunset, and I decided to join her.
We entered through Prado Street, where children played, adding color with their joy. As we walked, I was surprised to see an old man—around 70 years old—set aside his crutch and strike a pose full of attitude for a photo. I remember thinking: I want to have this man’s energy.
Just a few meters away, the sea awaited us. What joy to feel the breeze kissing our faces. I wore my hair down, and the sea made it look like a dandelion that refused to lose its petals. I could feel my energy shifting as we walked.
A friend who studies Art History once told me that Havana’s Malecón began construction in 1901 and was completed in late 1958. Its main purpose was to protect Havana from the sea’s encroachment caused by northern winds, and today, it remains an essential symbol of Cuban identity.
We kept walking near the wall, watching the waves and relaxing. The evening was perfect—just thirty minutes before the sun would disappear. We observed every corner, every weathered building, and a wave of nostalgia and sadness for my Havana washed over me.
As we walked, I started taking photos. A man playing the trumpet gestured for me to come closer after seeing me dance to his music. He said:
"Come on, friend, come closer!"
I sang along to the Cuban song "Chan Chan" by Buena Vista Social Club:
The love I have for you,
I can’t deny it,
My mouth waters,
I just can’t help it.
We laughed like we hadn’t in a long time.
Every visitor who comes—whether Cuban or foreign—enjoys the marine spectacle, often accompanied by free diving or simply savoring the sunset. Some come for the cool night air, while others prefer fishing on the reefs, sometimes even as a couple. Many enjoy the bustle of the avenue, occasionally spotting a convertible carrying a wedding party or a quinceañera. There are also street vendors and musicians who roam from one end to the other, instruments ready to play Cuba’s most traditional or popular songs. I’ve even seen mariachis brightening up the Malecón’s nights.
The evening was fading, and I prepared for the perfect moment to say goodbye to the day—and to several problems I’d been dealing with. It had been months since I last visited the Malecón; the last time was at night. But today was different. I felt something vibrating inside me—a need to reconnect with the sea. So we walked almost 5 km until dusk arrived.
And so, a new cycle began at twilight, a definitive closure to the rhythm of the sunset. Once again, I convinced myself that Havana’s Malecón is one of my favorite places. If you’re in Cuba or planning to visit this summer, the Malecón is an ideal spot to experience.
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