Un día cualquiera,
como cualquier otro,
pero esta vez,
diferente.
Los colores,
aun siendo los mismos,
tiene más brillo y más color ahora.
Los silencios de la mañana,
aun siendo tan inofensivos,
me llevan a pensar en el futuro,
y me gritan que aproveche mi presente.
Las caricias de tu ausencia,
que me abrazan y me sueltan,
me muestran lo equivocado que he llegado a estar.
Y, sin embargo,
sigo cruzando las calles sin mirar hacia los lados.
Sigo escribiendo tu nombre en mi libreta del olvido,
para recordarte.
Sigo esperando que salga el sol por la noche,
y que me arrope del frío el calor de tus brazos.
Pero mientras tanto, el frío de las lágrimas que recorren mi rostro,
congelan mi corazón y me dejan en un sinsentido.
Y caminando entre los vivos,
me atrevo a soñar con tu recuerdo,
a intentar rescatarte del mundo de aquellos que ya no están.
Pero, esta mañana,
al abrir los ojos,
me olvidé de recordarte.
No pensé en el abrazo de tu ausencia,
no te escuche susurrándome entre la multitud,
no dedique tres canciones al aire pensando en ti,
ni sentí nostalgia al ver tu nombre nuevamente en una caja de galletas.
Tu recuerdo aún me acompaña,
pero me observa desde la distancia. 🍂
