Mis queridos amigos, hoy les traigo un post fresquito y delicioso, con una receta que todos conocemos y en la cual no hay novedad o innovación, pero aún así quiero compartirla con ustedes. Sobre todo porque una hiver querida me confesó hoy: Me quedé esperando tu receta de fin de semana jjjjj.
Me hizo sentir realmente agradecida de que siguiera mis humildes post de recetas. Recetas con las que intento, cada vez que puedo, darle amor a mi familia.
Ayer, me regalaron algunas guayabas blancas y enseguida mi hija pequeña me pidió que le hiciera batido. Así que seleccioné algunas y las lavé. Pero, resulta que estas guayabas son de las pequeñitas que suelen ser un poco ácidas, pero hasta para eso tenemos la solución: darles primero un hervor 😉.
Después las dejas enfriar y las pasas a la batidora.
Una vez batido, es hora de pasarlo por un colador para desechar las semillas y la cáscara. Para eso tomo esta ollita, ubico el colador y ..manos a la obra.
Sé que si pelo la guayaba y le quito las semillas antes de batirla, podría ahorrarme este trabajo extra de colarlo todo, pero el sabor de la cáscara y la jugosidad de la pulpa que rodea a las semillas, hace que valga la pena, confíen en mí.
Pues bien, continuanos. Cuando esté todo colado, enjuagamos la batidora para que no queden residuos de semillas y vertemos el jugo de guayaba. Luego agregamos leche y azúcar al gusto...y a batir, otra vez.
Y una vez batido se va viendo así:
Recuerden que como es batido de guayaba blanca, no nos queda rosadito como los batidos de guayabas coloradas.
Y ahora sí, a lo que vinimos: aquí tengo a mi princesa degustando un frío y sabroso batido, como me lo había pedido ☺️.
Cualquier cosita es pretexto válido para demostrarle a los qué amamos, que nos importan y que nos complace mucho poder llenarlos de detalles y muestras de cariños. Además, para alguien que le gusta tanto la cocina y experimentar cosas nuevas cada día, esto es, sencillamente, maravilloso.
Este post fue creado sin IA. Las imágenes me pertenecen.