[Cada partida era una herida, una mezcla de esperanza por ellos y tristeza por los que nos quedábamos (...) y llegaron las despedidas. Uno a uno, mis amigos, mis cómplices de esas noches de Yordano y ron]
Yo estaba en el servicio militar y la banda de la unidad tocaba "Manantial de Corazones" para un festival.
Era verano y el aire era agradable a la sombra de centenarios árboles de palma real. Recuerdo el murmullo de la gente preparándose, las risas contenidas, la expectativa flotando en el ambiente como el dulce aroma de las flores cercanas.
Yo, con mi uniforme impecable y una mezcla de disciplina y aburrimiento juvenil, esperaba mi turno para salir al escenario a declamar un poema.
"El suelo está cubierto de botellas" vacías, restos de una noche que se ha alargado hasta la madrugada. El humo del tabaco se enreda en las cortinas, pegándose a ellas como un invitado que no se va.
Cuba respira con un murmullo de risas, motores y olas contra el borde infinito de la costa. Aquí, en este cuarto de paredes agrietadas, donde cada marca cuenta una historia, el tiempo se ha detenido. Se ha vuelto maleable, como si el mundo entero escuchara.
Un radiocassette lucha por hacer girar un cassette. El sonido tiene un zumbido, pero de pronto, la voz de Yordano Di Marzo se eleva. “Hoy vamos a salir”, canta, y la habitación se desvanece.
El 2025 se disuelve, y estamos en 1992. Un año que pesa en la memoria, un año de hambre, apagones y sueños que se tambaleaban pero estaban ahí.
Teníamos veinte. Veinte años y una fe en que una canción podía salvarnos. En que una melodía, una letra, podía ser más fuerte que la escasez que nos apretaba el estómago, que los cortes de luz que sumían Cuba en oscuridad.
Era el “Período Especial”, un nombre que escondía una realidad: no había comida, ni transporte, ni certezas. Pero había música. Había Yordano. Su voz llegaba como un milagro, por ondas de radio captadas con antenas de alambres retorcidos y desesperación. “Manantial de corazones” era una canción, y era, un refugio. Un lugar donde el alma podía descansar, y el peso del día se aligeraba.
Noches con el aire con sabor a sal y sueños rotos. El mar rugiendo y el cielo lleno de estrellas. Compartíamos una botella de algo que llamábamos ron, aunque sabía a alcoholes del infierno.
Alguien sacaba una grabadora a pilas –esas pilas que eran un tesoro– y Yordano estaba con nosotros. “No voy a mover un dedo”, cantaba, y reíamos, porque esa canción era de amor , para una chica, y era también, nuestro manifiesto. ¿Para qué correr? ¿Para qué esforzarse en un mundo detenido? Era mejor quedarnos allí, fumando un cigarro que picaba en la garganta, mirando el horizonte, dejando que la música nos envolviera.
Yordano ponía palabras a nuestra rebeldía, a nuestra manera de resistir: no eran gestos, era la terquedad de seguir sintiendo.
“Madera fina” sonaba en fiestas, en apartamentos donde nos amontonábamos como si el espacio no importara. Bailábamos con una energía que no sabíamos de dónde sacábamos.
Pero cuando sonaban esos acordes, algo en nosotros se transformaba. Yordano nos prestaba su elegancia para vestir nuestra pobreza. Nos hacía sentir, por un momento, que éramos más que nuestras carencias.
Que éramos príncipes y princesas de un reino imaginario, bailando sobre pisos, sobre los escombros de una ciudad, de un país. Cada nota era un acto de resistencia, el mundo nos negaba cosas, pero no podía quitarnos la música.
El tiempo pasó, y llegaron las despedidas. Uno a uno, mis amigos, mis cómplices de esas noches de Yordano y ron, de fueron. Algunos cruzaron el mar en balsas, arriesgando todo por un futuro y desaparecieron en las entrañas del océano.
Otros se fueron por caminos menos peligrosos, pero igual de dolorosos. Cada partida era una herida, una mezcla de esperanza por ellos y tristeza por los que nos quedábamos. Y en esas despedidas, siempre estaba Yordano. "Los amigos dicen que estás cambiada..."
Esaa canciones eran el hilo que nos mantenía conectados, una patria que cabía en un cassette y resistía el paso del tiempo, la sal del mar, la distancia. “Manantial de corazones” era como un adiós, como una promesa: donde quiera que estuviéramos, esa música nos uniría.
Hoy, en 2025, cuando encuentro a Yordano en una playlist, algo dentro de mí se rompe y a la vez, se arma. Cuba ya no es la misma, aunque los apagones siguen siendo una sombra.
Yo tampoco soy el mismo. Tengo arrugas que no estaban en los 90, y una sobrina que me mira con curiosidad cuando pongo una de esas canciones. “¿Quién es este tipo?”, me pregunta, señalando la pantalla donde aparece Yordano, con su pelo y esa intensidad que se desborda.
Le paso los audífonos, y veo cómo sus ojos se abren, como si descubriera un secreto que he guardado durante décadas. Es la chispa que sentí entonces, la que me hacía creer que una canción podía cambiarlo todo.
Afuera, la lluvia golpea los cristales con un ritmo que parece acompasarse con la música. Cuba está quieta, como si también escuchara. Y en ese silencio, escucho las olas chocando contra el borde infinito de la costa.
Escucho las risas, los suspiros...
Escucho a mis amigos, los que se fueron y los que se quedaron, todos cantando al unísono, con Yordano.
“Manantial de corazones” es para nosotros un puente entre el pasado y el presente, entre lo que fuimos y lo que somos. Mientras la lluvia cae y la voz de Yordano llena la habitación, siento que ese muchacho de veinte años sigue aquí, sentado a mi lado, cantando con la fe de entonces. Porque, aunque el mundo haya cambiado, esta música sigue siendo una luz que nunca se apaga.
No se apaga.
Algunas noches, cuando todo está quieto, puedo jurar que escucho a la muchachada de los noventa cantando al unísono con 'Manantial de corazones'."
📌 © Copyright 2025 Argenis Osorio. Todos los derechos reservados
📌 Imagen de mi Propiedad
Soy autor de los libros de Narrativa: Convite de Cenizas (2002), Tras la piel (2004), En este lado de la muerte (2014), El orden natural de las cosas (2015), La Sangre del Marabú (2020), La Sexta Caballería de Kansas (2024) y La Nada Infinita (2024)
Consider following our trail on HIVEVOTE by clicking on the image below. We thank all our supporters.
To all of you artists out here at HIVE! If you ever are lost, please join Bokura No Digital World at our Discord chat.
