
Querida comunidad Green Zone,
Siempre me resulta placentero escribir para ustedes, para quienes pasan por este espacio a leer, reflexionar e interactuar. Hoy quiero compartir algo desde lo personal, casi como si estuviera “susurrando una nueva canción”, parafraseando al inolvidable Pablo Milanés. No es una canción nueva en mi proyecto de vida, pero sí lo es en la forma en que esta mañana me encontré con ella, al despertar, una de las primeras cosas que hice fue revisar mi librero. En ese recorrido por los títulos que me acompañan, fui deteniéndome en algunos que me llamaron la atención y pensé en lo mucho que la lectura ha significado para mí y en cómo puede convertirse en un aliado insustituible en nuestro crecimiento integral.
Leer no es solo acumular información. Leer es abrir ventanas hacia otras formas de pensar, sentir y actuar. Es un ejercicio que nos ayuda a subir de nivel en todas las dimensiones de nuestra vida: física, mental, espiritual y financiera. Y quiero compartir cómo algunos libros que me han acompañado han sido claves en mi propio proceso de crecimiento y, humildemente, también en el de las personas con las que he interactuado.
Mientras revisaba mi librero, me encontré con “Consideraciones sobre inteligencia emocional”. Este libro me enseñó que el control de nuestras emociones es tan importante como el conocimiento académico. Aprender a reconocer lo que sentimos, a gestionarlo y a expresarlo de manera constructiva es un paso esencial para fortalecer la mente y evitar que se derrumbe ante cualquier golpe.

Más adelante, mis ojos se posaron sobre “Jugando a vivir: una guía para padres y educadores”. Este texto me mostró que el crecimiento personal no es un camino solitario: también se construye en la relación con los demás, especialmente con los niños. La lectura aquí se convierte en un puente para comprender mejor la importancia de la educación emocional y del acompañamiento consciente en la formación de nuevas generaciones.
Otro título que me impactó profundamente fue “Comer, sentir… vivir!”, acompañado del epígrafe “cómo mejorar tu bienestar físico, mental y emocional a través de la alimentación”. Este libro me recordó que el cuerpo también necesita ser cuidado con disciplina y respeto, y que la alimentación no es solo un acto físico, sino una forma de nutrir nuestra mente y nuestro espíritu.
En mi repaso apareció un libro con un título sugestivo y provocador: “¿Confío en mis padres?”. Esta pregunta abre un espacio de reflexión sobre la relación entre padres e hijos, sobre la confianza como base de la vida familiar y sobre cómo esas dinámicas influyen en nuestro desarrollo integral.

No puedo dejar de mencionar textos que abordan temas dolorosos pero inevitables, como “¿Cómo afronto el cáncer?”. Este libro me enseñó que la lectura también puede ser un refugio en medio del caos, una guía para encontrar paz y fortaleza en circunstancias difíciles. Del mismo modo, los textos sobre el cuidado de enfermos dependientes me han recordado la importancia del autocuidado de quienes acompañan a familiares con enfermedades crónicas. Leer sobre estos temas me ha permitido comprender mejor la resiliencia y la necesidad de equilibrio entre dar y cuidarse a uno mismo.

Finalmente, me detuve en un libro que, aunque su título no parece directamente relacionado con el crecimiento personal, me ha aportado una visión invaluable: “A propósito de Galileo”. A través de la vida y obra de este eminente científico, comprendí que la creatividad, el estudio, la investigación y el aporte social son pilares fundamentales para evolucionar como seres humanos. Galileo me enseñó que el conocimiento no es solo para uno mismo, sino para contribuir al bienestar colectivo.
Todos estos títulos, cada uno desde su perspectiva, me han mostrado que el verdadero crecimiento no ocurre cuando mejoramos solo un área de nuestra vida y abandonamos las demás. Ocurre cuando trabajamos en nosotros de manera completa: cuerpo, mente, espíritu y finanzas. Leer es una decisión incómoda a veces, porque exige disciplina, constancia y silencio cuando nadie aplaude. Pero también es una decisión transformadora, porque nos invita a soltar viejas versiones de nosotros mismos y abrazar la evolución.

Hoy, al revisar mi librero, entendí que la lectura no solo cambia lo que sabemos: cambia quiénes somos. Y ese es el verdadero poder transformador de leer en nuestro crecimiento personal.
