Hola mi gente de Green Zone, ¿cómo están? Hoy quiero compartirles algo que me llena de esperanza, porque toca un problema que nos acompaña desde hace años en Cuba y en tantos otros países tropicales: las enfermedades que transmite el mosquito Aedes aegypti.
En Brasil, que sufre igual que nosotros con el dengue, el zika y el chikungunya, está en marcha in proyecto. No sólo están apostando por fumigaciones o larvicidas, decidieron usar la propia biología del mosquito a favor de la salud. Lo que hacen es criar mosquitos en biofábricas, pero con una bacteria llamada Wolbachia. Esa bacteria bloquea la capacidad del mosquito de transmitir los virus. Estos siguen siendo zancudos, pero ya no podrían transmitir enfermedades.
El gobierno brasileño, junto con sus instituciones científicas, inauguró en 2025 la biofábrica más grande del mundo en Curitiba. Una instalación capaz de producir millones de mosquitos con Wolbachia para proteger a más de 14 millones de personas. Desde 2014, en ciudades como Río de Janeiro y Niterói, ya se ven resultados claros, con menos casos de dengue, menos zika y menos chikungunya. Lo más prometedor es que la bacteria se hereda de generación en generación, así que mientras más mosquitos con Wolbachia haya en el ambiente, menos riesgo de epidemias se tendrá.
Ahora, muchos se preguntan si esa tecnología pudiera llegar a Cuba. Y yo les digo que sí, que posibilidades hay. Nuestro país tiene un sector biotecnológico fuerte, con centros como el CIGB y BioCubaFarma que han demostrado capacidad para innovar y crear soluciones propias. Aquí siempre se ha priorizado la salud pública y la prevención, así que una estrategia como esta encajaría perfectamente con nuestra manera de enfrentar los problemas.
Claro, no todo es tan sencillo. Montar una biofábrica cuesta millones, requiere infraestructura avanzada y acuerdos de cooperación internacional. Además, hay que pensar en la logística: para que funcione, hay que liberar mosquitos en grandes áreas urbanas y sostener el esfuerzo en el tiempo. No es algo que se hace una vez y ya, sino un proyecto de largo plazo. También hay que tener en cuenta los temas de propiedad intelectual y transferencia tecnológica, que a veces se complican por cuestiones políticas y económicas.
Y ojo, no es solo Cuba la que se beneficiaría. Estas enfermedades son endémicas en gran parte de América Latina y el Caribe. México, Colombia, Venezuela, República Dominicana, Puerto Rico, Honduras, El Salvador y Nicaragua sufren brotes recurrentes de dengue y zika. Y si miramos más allá, en Asia países como Filipinas, Tailandia e Indonesia también tienen al Aedes aegypti como enemigo público. En todos esos lugares, una estrategia como la de Wolbachia puede cambiar el estado de cosas.
Imaginen lo que significaría para nosotros tener un proyecto piloto en La Habana, donde las enfermedades transmitidas por mosquitoes golpean fuerte cada verano. Sería un alivio enorme para las familias, para los hospitales, para la vida cotidiana. Y no sólo aquí: si Cuba logra adaptarlo, podría convertirse en un ejemplo para otros países del Caribe, mostrando que con cooperación y ciencia aplicada se pueden encontrar soluciones reales a problemas que parecen eternos.
Lo que más me motiva de esta historia es que no estamos hablando de promesas lejanas. Es ciencia aplicada, con resultados medidos y reconocidos internacionalmente. Es una comprobación más de que nuestro pais tomó una decisión muy certera cuando proyectó y logró convertirse en unas de las naciones pioneras en el desarrollo biotecnológico y con capacidad de sus profesionales para poder asumir esa tecnología compleja pero a la vez factible de cambiar la biología de un mosquito.
[Fuente[(https://pixabay.com/es/photos/dian-deng-pao-5105799/)
Así que ahí les dejo este tema para que lo pensemos juntos. No es un sueño imposible, es una oportunidad que ya está dando frutos en Brasil y que podría extenderse a otros países tropicales como el nuestro. Si se logra la cooperación, si se consigue el financiamiento y si se adapta a nuestras condiciones, podríamos estar hablando de un futuro con menos dengue, menos zika y menos chikungunya. Y eso, amigos, sería un alivio enorme para todos.
En fin, quería compartirles esta esperanza, porque sé que muchos aquí han sufrido en carne propia o en la familia lo que significa una epidemia de chikungunya. Y saber que hay caminos posibles, que la ciencia está de nuestro lado, nos da fuerza para seguir adelante.
Texto de mi autoría.
Imagenes del archivo libre de Pixabay.