Nací en 1992. Lo que quiere decir que fui criada por padres que nacieron y vivieron los estándares propios de conducta, moralidad, sentido del bien y mal; y valores propios de los fines de los años 50's y principios de los 60's... ¿Esta característica es importante? A mi modo de ver, totalmente sí... Ya que mis padres veían con ojos tolerantes el hecho de aplicar violencia física o verbal dependiendo del caso para "disciplinar " a sus hijos...
No fui criado por monstruos, no les mentiré.... Pero fui testigo múltiples veces de cómo la forma de "disciplinarnos", a mí hermano y a mí era fuertemente influenciada por la forma en como mis abuelos habían criado a mis propios padres y tíos... Para ello, era totalmente normal y aceptado esos tratos. Decían, "que sin disciplina (maltratos físicos o psicológicos), creceríamos como vagos". No había lugar para las travesuras propias que todo niño hace.
Siempre tuve que ser testigo de la doble personalidad que tenían mis padres. Papá, un hombre amoroso, noble, trabajador y sumamente tolerante pero que creció sin la capacidad de poder expresar lo que le ocurría. Según él, "la única misión de un hombre de verdad era mantener a su familia y tener dinero ", lo demás eran cosas de "mujeres" y de "homosexuales "... Es decir, la misma persona que por las buenas era dulce, también poseía un lado tremendamente autoritario y peligroso.
Mi madre, por otro lado, una mujer condicionada por mi abuela a ser una especie de "mujer funcional y madre" sólo tuvo un "propósito " en su vida, según ella misma: "tener hijos". Porque, según ella, las mujeres que no dan hijos a sus maridos, "no son mujeres responsables, y nadie la va a querer jamás..." Es evidentemente, que ante esta marcada diferencia entre pareceres y formas de ver la vida, era lo que veía siendo una niña.
Si vi a mi hermano mayor llorar más de 4 veces en toda mi vida, fue demasiado... Creo que exagero. Papá era sumamente duro con él. Le decía que "cada vez que lo viera llorando, le iba a dar razones de verdad para llorar..." Terminó creciendo y pareciéndose mucho a Papá. Lo veías y no transmitía absolutamente nada. Siempre con un rostro de cara de póker... El niño dulce, curioso y creativo terminó siendo un adulto frío, distante y que siempre tuvo ataques de ira con todas sus parejas sentimentales.
Nadie le decía nada, ni le recriminaba nada. Para mi madre, él siempre fue un "milagro" de Dios. Supongo que por compensación... Ya que era cobarde. Jamás defendió a su hijo ante los tratos fríos, crueles y violentos que mi padre tuvo con mi hermano. Así que, ella halló una alternativa para permitirle una vía libre a mi hermano y darle una forma de aceptación e impunidad que marcó su modo de ver a las mujeres para toda la vida...
Yo, tuve que aguantar las imposiciones duras, frías, lejanas y sobre todo, violentas desde lo psicológico que mi madre tuvo conmigo. Jamás fue dulce ni atenta. Mucho menos cómplice o amable conmigo. O hacía lo que ella me había dicho, o el coste psicológico era gravísimo. Desde humillaciones en público hasta fuertes groserías e insultos. Esa fue, a grandes rasgos, la infancia con la que crecí. Y este también es el peor terror que poseo y que hoy comparto con ustedes, que hoy son padres de niños y niñas, que les puedo jurar que no necesitan este tipo de experiencias.
Lamentablemente, sé que no fui la única que tuvo que vivir por algo así. Cambiar lo que se supone que debería haber sido, ha sido el logro más importante que he hecho en mi vida, después de haber traído a este mundo a mi propia hija. Y prefiero morir que hacerle, siquiera, algo medianamente similar a lo que yo tuve que vivir junto a mi hermano... Curiosamente, mis padres, que hoy son abuelos de mi hija y mis sobrinas, parecen no recordar lo que aquí les relato y viven en cínica negación. Supongo, que la culpa y el daño como victimario, a veces se lleva mejor si no se revive ni admite. Allá ellos... Jamás hagan ni apliquen violencia en sus hijos, ¡jamás!