No es cosa sencilla saber cuál es el camino adecuado qué debemos determinar para nuestros hijos... Muchas veces son nuestras propias pretensiones las que nublan las decisiones que debemos tomar. No se crean, no es sencillo ser un buen padre. Muchas veces nosotros proyectamos los miedos y las cosas que nosotros supimos experimentar de nuestra padres... En palabras más sencillas, repetimos un ciclo infinito que va desde lo que nos ha sido familiar en nuestras vidas, hasta lo que creemos que es lo ideal para el futuro de nuestros hijos.
Lo sé, parece muy confuso lo que intento decir... Pero es que en la práctica es muy difícil. Yo, como madre, vivo contsmen debatiéndome entre lo que debo hacer para mi hija y lo que quiero. No siempre van de la mano, ni son similares... De hecho, si lo pienso fría y calculadoramente, viviendo en el país que vivo y siendo consciente de todos lo problemas con lo que tenemos que lidiar a diario; la decisión más conveniente para ella, para mi beba, sería prepararla emocional, humana y económicamente para ser una migrants exitosa.
¿Es, acaso, lo que yo deseo para ella? No. Absolutamente, no. Es más, el mero hechonde tener que pensar en esto me pone muy nerviosa y vulnerable. Esa niña es mi vida, y no sé si estoy preparada para un caso como el que expongo en este post... Sin embargo, todos los padres del mundo sabemos, que si tenemos que sacrificarnos por nuestros hijos, lo haríamos sin dudarlo. Y aunque parezca extraño, este post ha nacido de una conversación tranquila, con helado en mano entre madre e hija, mientras caminábamos en una tarde hermosa de otoño.
"Mami, yo lo tengo claro. Quiero ser una artista cuando crezca..." Sin ánimos de desalentarla o disuadir, lo que provocó en mí fue muy potente. Abrió una caja de Pandora que no sé si había "abierto" alguna vez... Yo no puedo ser objetiva con ella... No me malinterpreten, sé bien lo que le conviene y le sería mejor para su calidad e vida pero al mismo tiempo, soy testigo del talento y la dedicación que tiene mi niña desde muy pequeña. Baila, actúa, se anima a cantar, y es un "pez en el agua", cuando de entrar a un escenario se trata. Honestamente, no la veo siendo contadora o educadora... Y no hay nada de malo con esas profesiones pero mi dilema no cede... ¿Aliento y apoyo su sueño, o declino y la guio hacia la estabilidad de la monotonía? No es sencilla una respuesta, ni tampoco es terreno seguro ¿Por qué? No hay ninguna seguridad sobre qué sería mejor.
A veces lo que parece sencillo no lo es tanto cuando te importan las consecuencias de tus actos. Yo tengo claro el objetivo de mi maternidad: que mi hija sea realmente, genuinamente feliz... También soy muy consciente de dónde vivo y cuáles son las limitaciones de mi vida y de mi país. Pero no permito que mis frustraciones bloqueen lo que puede ser un futuro más brillante. Y ea que la mera posibilidad de que ella logre lo que sé que ha venido cosechando desde que era una nanita de 5; me roba el aliento. Aún no tengo que decidir; realmente no hay prisa. Pero si u a dudas razonable.