Desde que Eddito llegó a nuestras vidas, todo cambió. Los que me conocen saben lo apasionado que soy con Hive y todas mis actividades dentro de la comunidad y en los diferentes proyectos. El mes pasado fui parte esencial de la organización de HiveFest y como les he contado en mi blog fue un evento muy importante y una experiencia única. Eso sí, hubo mucho estrés y emociones. Y, a pesar de todo lo bueno, me perdí de momentos irremplazables en casa.
Estoy seguro de que no soy el único que ha enfrentado el dilema entre el compromiso con Hive y la comunidad y el tiempo en familia. Pero al regresar a casa y ver a Eddito, me di cuenta de algo esencial. Aunque valoro mucho ser parte de Hive y las oportunidades que trae, nada se compara con los instantes junto a mi hijo.
Hace poco, tuve la opción de viajar de nuevo, esta vez a Venezuela, para la Caracas Blockchain Week. Sin embargo, esta vez elegí quedarme. No hay nada que valga más que ver a Eddito sonreír, sentir cómo se aferra a mis manos o escuchar sus primeros balbuceos. Estos momentos, fugaces e irrepetibles, son los que realmente importan.
El trabajo siempre tendrá desafíos y recompensas. Pero la infancia de un hijo es un parpadeo en el tiempo. Y no quiero perderme nada. Quiero estar ahí para cada instante, para cada risa, para cada paso que dé.
Amigos, la vida está llena de decisiones claves. Y aunque cada situación es única, para mí, en este momento, la elección es clara: quiero vivir cada segundo con Eddito.
Cada día es una oportunidad para elegir lo que realmente importa. Y hoy, y siempre, elijo a mi familia.