Hace poco, gracias al comentario de un crítico de cine, vi "Red Rooms", una película diferente a lo convencional en muchos sentidos, y que se acerca más al cine de arte, independiente o alternativo, que al del mainstream. "Red Rooms" está catalogado como un thriller oscuro, aunque a mi parecer tiene menos de lo primero y más de lo segundo, y verla fue una experiencia como hace mucho no tenía.
La cinta se mete en uno de los rincones más turbios de internet: las transmisiones en vivo de tortura y asesinato conocidas como los red rooms de la dark web, donde literalmente pagas para ver el sufrimiento extremo, y muerte en vivo y en directo, de un ser humano, pero lo hace sin el morbo sensacionalista que uno podría esperar de un tema así, centrándose más en otros aspectos relacionado con el tema.
La película transcurre a lo largo del juicio de alguien acusado del asesinato de varias jóvenes en un red room, y se centra en dos mujeres sumamente opuesta entre sí, pero unidas por su interés en el juicio, y asistencia a las sesiones de este. Una de ellas es una mujer aparentemente exitosa, enigmática y fría, que es el personaje principal de la cinta, mientras que en contraste la otra es un chica volátil, que parece emocionalmente algo frágil y desequilibrada, que es el personaje secundario.
La naturaleza del personaje secundario se desarrolla con bastante claridad a lo largo de la cinta, pero el del personaje principal es más dejado a nuestro criterio e interpretación, lo que puede verse como un acierto o como un error, según el tipo de cine al que estés acostumbrado. Si lo que sueles ver es un cine que te explica todo, este personaje puede incomodarte, pero si te gusta el cine que te hace pensar y deja cosas a las interpretación, este personaje te va a parecer de lo más intrigante.
Durante la película seguimos, a través de las protagonistas, al juicio y lo que gira en torno a este, y el director nos lleva de la sala del tribunal a los espacios íntimos de la protagonista principal, entre ellos varios momentos frente a su computadora que nos permiten ver que es más de lo que aparenta y sabe moverse en la dark web.
Lo interesante es que en contraparte al personaje secundario, que después de un tiempo es bastante predecible, el personaje principal nos tiene pensando todo el tiempo en porque está tan fascinada con el juicio, a grado tal en que ve seriamente afectada su vida personal y profesional como consecuencia.
Llega un punto en que el juicio pasa a ser algo secundario y lo que realmente nos interesa es entender a la casi críptica protagonista, al verla revisar foros sobre el juicio, rastrear pistas, e incluso poner a prueba sus hipótesis sobre este de maneras más que cuestionables. El desenlace final es agridulce porque le da un cierre al juicio del acusado, pero no nos da un cierre sobre los motivos de la protagonista, dejando al espectador la responsabilidad de sacar sus propias conclusiones, a partir de la contrastante información presentada.
Resulta muy interesante como el director, a través de su manejo de la historia, nos hace unos vouyeristas de la vida de la protagonista, que es a su vez una vouyerista en la vida real), como lo demuestran su seguimiento del juicio, y aspectos misteriosos e intrigantes de su vida digital.
Casi todo lo que ocurre en la cinta gira en torno al hecho de mirar: mirar el juicio, mirar las noticias, mirar foros, mirar videos que nadie debería ver, y nos invita a preguntarnos hasta qué punto, como espectadores, somos diferentes de quienes consumen violencia online, y esto no lo hace con discursos, sino poniéndonos en evidencia al confrontarnos con nuestra propia incomodidad.
Visualmente la película tiene una estética casi clínica, con colores oscuros y fríos, poco movimiento y muchos encuadres estáticos. Los espacios no dicen mucho de los protagonistas, ya que son genéricos o despersonalizados, lo que no ayuda mucho a entender la naturaleza de estos, y nos obligan a sacar conclusiones solo a partir de su comportamiento, lo que puede ser desafiante porque la cinta nos da poca información con que trabajar.
Esta es una película que mantiene todo el tiempo su distancia, y nos obliga a ser espectadores, y no parte. Algo poco común en el cine de hoy que lo que quiere es que te metas a la historia y la vivas junto con los protagonistas, y rías y llores con ellos. Y ese es uno de los grande aciertos de Red Rooms, aunque a muchos pueda incomodar.
En cuanto al trabajo actoral, la actriz que interpreta a la protagonista carga prácticamente con toda la película. Su actuación se basa más en miradas, gestos mínimos y silencios que en grandes explosiones emocionales. Esa contención hace que el personaje resulte enigmático, porque nunca sabemos del todo qué piensa ni hasta dónde está dispuesta a llegar.
El resto de los personajes: abogados, periodistas, testigos, usuarios de foros, etc., acaban siendo terciarios, y funcionan como contexto, como un telón de fondo que nos permite ver las distintas posturas frente al caso: morbo, indignación, desprecio, indiferencia profesional. Ninguno está escrito para robar cámara, ni siquiera el asesino, pero ayudan a construir un universo vago y gris donde lo legal, lo mediático y lo moral tienen límite difusos e incluso se mezclan.
Si eres de los que gustan de analizar el cine, esta película es una excelente opción, pero si eres de los que ven el cine más como un entretenimiento, esta película te puede frustrar, porque no te entretiene, te reta, te desafía y te pone en evidencia. Su ritmo es pausado y controlado, casi lento. No tiene ni los sobresaltos constantes ni los giros ineserados tan comunes hoy en día, sino que se basa en una acumulación permanente de tensión, dudas e intriga, que se construye escena a escena, y te incomoda o atrapa cada vez más.
No puedo decir que la haya disfrutado tanto como esperaba, ya que pertenece a un tipo de cine diferente, pero si la recomiendo por ser una experiencia poco común y de la que se puede aprender mucho, en más de un sentido.
Calificación: 8/10
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