Últimamente había estado sonando en el boca a boca y en las Redes Sociales la película original de #AmazonPrimeVideo Saltburn, ayer me decidí a verla y la verdad, debo recomendarla, debo instar a que la vean, porque creo que el cine como arte debe hacer justo lo que hace esa película: transgredir.
Es una película transgresora desde su inicio. La propuesta narrativa junto con el estilo de dirección, hacen que el espectador transite un camino, que luego debe recorrer de vuelta y con el rabo entre las piernas, no sabría en qué género ubicarla, no estoy seguro si es un drama, es un thriller, una sátira o una comedia negra, creo que tiene un poco de todas.
Como una dulce melodía de música clásica, el film va in crescendo. Se puede palpar al principio dos mundos coexistiendo, el de la opulencia, abundancia y la frivolidad y el del esfuerzo, la humildad y la segregación, para luego jugar un juego de víctima y victimario que cambian de posición según el capricho de un baile al son de una música desconocida.
La película en el fondo me parece que es satírica, sin embargo reflexiva, ahondando en la superficialidad de los ricos y cómo sus lujos y comodidades los alejan de la realidad haciéndolos vulnerables de los peligros mundanos. Es un llamado de atención a la salud mental, a la expresión de las vulnerabilidades y los sentimientos en lugar de extravagancias y nimiedades. La cinta tiene una fuerte inclinación a la interpretación, el guión parece estar escrito en metáforas, pero cada diálogo está pensado para dejar un pensamiento crítico en los espectadores.
Las actuaciones son muy sobresalientes, principalmente la de Barry Keoghan y Rosemund Pike, que a mi parecer son los que llevan la batuta del juego que establecen con el espectador a cerca de la temática, el espíritu y la trama argumental de la cinta. La música es realmente incidental, genera un ambiente de sosiego cuando no debería haber sosiego y se vuelve difícil de ubicar en momentos de tensión. Por cierto, hay planos secuencia en esta película que me parecen magistrales.
La obra carece de picos de emoción, el ambiente de la película es austero en cuanto a emociones frenéticas, el ritmo narrativo y de edición son verdaderamente muy sobrios y no hay obviedades regadas por la trama esperando a que el espectador lo atrape, hay un constante incentivo a la inferencia, a la conjetura, a la suposición, es un juego mental que establecen la directora y el espectador sobre la psicología compleja de personajes que nos resultan desconocidos pasadas la dos horas de emisión.
En fin, he escuchado que hay un dicho popular muy difundido: "por la lastima entra la peste" y creo que es una adecuada descripción de esta perturbadora película que invita a mucha cosas, menos a dejar de pensar en ella, porque a veces la realidad es tan cruel o más que lo que pasa en Satlburn...
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