Although I am not the type of person who usually watches the same series more than once, there are a couple of gems that make me break this rule with all the pleasure in the world, regardless of whether it is to watch a couple of episodes or complete seasons: there's an indescribable satisfaction in being faced with a project that deserves more than one viewing.
Doing some research for this post, I came across something quite curious: Exactly one year ago I wrote a brief article explaining why, in my humble opinion, The Sopranos had a perfect pilot episode, a privilege that, it seems to me, very few series share.
Apart from The Sopranos, the two examples that always come to mind are Breaking Bad and Mad Men, series that are very different from each other and that at the same time share a very particular philosophy.
At the time, i described how the first episode of The Sopranos was objectively far from being the best one in quality, recognizing that the true virtue of a good beginning was not in its quality, but instead, in its ability to demonstrate the potential of the series. where it came from, it's about setting the tone, introducing characters and inviting us to stay on the long run.
As a consequence of this approach, "Smoke gets in your eyes" effectively immerses us in the America of the 60s, a historical moment that we will live through the eyes of Don Draper, a mean publicist who on the surface represents all the ideal man archetypes of the time, is cold, determined and trusting, but hides under this facade a good accumulation of existential problems.
From its first minutes Mad Men makes us accomplices of its reality, allowing us to connect with an era where social problems were aired in very different ways and excessive ambition was the daily bread. Does it lack subtlety? Of course, Mathew Weiner's creation wouldn't find much more comfort in its own tone for a couple of years, but that doesn't detract from the wonders this pilot episode accomplishes.
Mad Men 1×01 is a master class on narrative where, for almost an hour, the information is provided to the viewer in an organic and effective way, the cards are surgically placed on the table and with tremendous confidence, the plays are left to come alone.
A piece of cinema that finds timelessness in its absurd rooting in such a specific era of Anglo-Saxon society, an involuntary class in the culture of advertising and the beginning of one of the most solid dramas in the entire history of television.
Aunque no soy el tipo de persona que suele ver la misma serie más de una vez, existen un par de joyas que me hacen romper esta regla con todo el gusto del mundo, independientemente de que sea para ver un par de capítulos o temporadas completas existe una satisfacción indescriptible en encontrarse frente a un proyecto que merece más de un visionado.
Investigando un poco para este post me conseguí con algo bastante curioso: Hace exactamente un año redacté un breve escrito en dónde explicaba por qué en mi humilde opinión The Sopranos contaba con un episodio piloto perfecto, un privilegio que a mí parecer muy pocas series comparten.
Aparte de The Sopranos los dos ejemplos que siempre se me vienen a la cabeza son Breaking Bad y Mad Men, series muy diferentes entre si que comparten al mismo tiempo una filosofía muy particular.
En su momento describía como el primer episodio de The Sopranos distaba de ser el de mejor calidad objetivamente, reconociendo que la verdadera virtud de un buen arranque no estaba radicaba en su calidad, sino en la capacidad que tenía para demostrar el potencial que tenía la serie de la cual provenia, se trata de establecer el tono, introducir personajes e invitarnos a quedarnos.
Como consecuencia a este acercamiento, "Smoke gets in your eyes" nos sumerge efectivamente en la américa de los años 60, un momento histórico que viviremos a través de los ojos de Don Draper, un publicista desamaldo que en la superficie representa todos los arquetipos ideales de la epoca, frio, decidido y confiando, pero esconde debajo de esta fachada un buen cumulo de problemas existenciales.
Desde sus primeros minutos Mad Men nos hace complices de su realidad, permitiendonos conectar con un era en dónde los problemas sociales se ventilaban de formas muy diferentes y la ambición desmedida era el pan de cada dia. ¿Carece de sutileza? Por supuesto, la creación de Mathew Weiner no encontraría mucha más comodidad en su propio tono sino un par de años despues, pero esto no le quita mérito a las maravillas que logra este episodio piloto.
Mad Men 1x01 es una clase magistral sobre la narrativa en dónde a lo largo de casi una hora se le brinda la información al espectador de forma orgánica y efectiva, de quirúrgicamente se ponen las cartas de la mesa y con una confianza tremenda deja que las jugadas procedan solas.
Una pieza de cine que encuentra la atemporalidad en su arraigamiento absurdo a una época tan específica de la sociedad anglosajona, una clase involuntaria a la cultura de la publicidad y el inicio de uno de los dramas más sólidos de toda la historia de la television.
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