here in silence.
The end
,
through
and
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,
, and of course from the community #theinkwell, #hivemexico, #talentclub, that drives me to be better every day.
Nos encontramos, como siempre en aquella cabaña en el bosque, en las afueras de la ciudad, nadie nos veía, nunca nadie nos molestó, de hecho a nadie le importaba, nadie dijo nunca nada, éramos como almas gemelas.
Era el mes de septiembre, vísperas de mi cumpleaños número treinta y tres y aun no sabíamos si podríamos sostener aquella situación por mas tiempo. Como siempre al salir de clases, ella me miro a los ojos y dijo: "Creo que es tiempo de pensar en nuestro futuro, de tomar una decisión", y acto seguido se subió a mi coche mientras desabrochaba su blusa para provocarme, yo tome el volante y sin mas acelere, sabia que aquella tarde volveríamos a hacer el amor, como siempre, un amor prohibido por Dios, por la sociedad y aun peor que todo aquello, por mi conciencia.
Se trataba de Deruchette, una hermosa mujer, apenas pasaba los treinta y cinco, pero que aun conservaba todo el esplendor de la juventud, sus enormes ojos azules me decían que había algo que le estaba afectando al igual que a mi, supe que en verdad había llegado el momento de dar un vuelco a todo aquello. Pero hasta allí, una vez que entrabamos al coche, yo la observaba, veía su cabello suelto, ondeando en la ventana abierta del coche, veía sus senos perfectos, sus hermosas piernas, blancas como la leche, su perfume, mezclado con toda la mañana de clases, me atrevería a decir que aquella mujer podría apoderarse de mi alma con solo desabrocharse la blusa.
A veces era aun mas agresiva, se ponía una falda y después de decirme que no podría ir a la cabaña aquella tarde, y al ver que conducia hacia su casa, se quitaba las bragas y las giraba en su dedo diciendo: "no haz tomado el camino correcto", lo que me hacia dar la vuelta y dirigirme directamente a aquella cabaña, donde éramos infinitamente felices en silencio, ni una palabra salia de sus labios mientras estuviéramos allí.
Deruchette como les había dicho que se llamaba, pertenecía a aquella clase de maestros que manejaban las matemáticas como si ellos las hubieran inventado, una suerte de tener todas las respuestas en un clickear de dedos y ya, a mi me parecía que era algo del demonio, aprenderse todas aquellas teorías algebraicas, para terminar diciendo a mediados de mes que el salario no te alcanzaba y que también debías practicar algo de magia para que aquellos números cuadraran con las cuentas, así era ella.
La conocí en la universidad, la veía salir a fumar a escondidas de sus alumnos, de los profesores y del decano, nerviosa, como un ángel tratando de esconder un "pecadillo" de esos que son mas bien travesuras.
Hasta una tarde en que la vi distinta, salio a fumar igual que todos los días, pero esta vez, lloraba desconsoladamente y así, sin mas, me le acerqué y le dije: " Estas bien? ¿Puedo ayudarte en algo? Ella solo levantó sus hermosos ojos azules diciendomé: "sacame de aquí".
Esa tarde me pidió que la llevara al mar, que necesitaba pensar y así lo hice. Al llegar a la orilla se sentó en la arena, saco un cigarrillo y me pidió que le escuchara, en silencio. Me contó que había estado casada los últimos ocho años, pero que su esposo había sufrido un terrible accidente, que este había estado postrado en una cama por los últimos dos años, sin poder siquiera hablar, que solo ella le cuidaba, ya que este no tenia familia, que el era su mejor amigo desde la infancia, que siempre fue un buen hombre, y que le amó como nunca le había amado nadie.
Yo me limite a escuchar, hay momentos en lo que lo único que nos queda es permanecer en silencio, y dejar que las personas saquen de su interior todo aquello que les afecta con la esperanza de calmar un poco su dolor. Así que permanecimos allí buena parte de la tarde, hasta que se levantó y me pidió que la llevara a su casa, así lo hice, siempre en silencio.
Con el pasar de los días, nació entre nosotros una verdadera amistad, y a pesar de que yo la miraba de arriba abajo con un deseo secreto por aquel bello cuerpo de diosa que tenia, nunca se me ocurrió pensar que aquel monumento de mujer, podría llegar a ser mía, dadas las circunstancias, y que si bien nunca lo seria, no podía evitar mirarla, capturar algunos momentos cuando se inclinaba y dejaba ver aquellos pechos formidables, aquellas hermosas curvas cuando se iba alejando, era inevitable y así lo hice, siempre solo, siempre en silencio.
No fue hasta el día de mi cumpleaños, aquel 9 de octubre, cuando me hablo de ir a ver una cabaña que pertenecía a su esposo y que había sido violentada por algún ladrón o vago del lugar, me rogó que la acompañara, y yo sin ninguna mala intención, (juro por Dios que fue así), la acompañe, en silencio.
Esa tarde Deruchette, terminó su clase mas temprano que nunca, y me hizo una señal, para que saliera al estacionamiento y la esperara. Así lo hice, de pronto la vi venir, era distinta, algo había cambiado, parecia que habia sufrido una metamorfosis. Se subió al coche y comenzó a moverse de manera muy inquieta, como si quisiera decirme algo, pero no se atrevió, solo estuvo allí sentada, con su falda a mitad de los muslos, sus piernas abiertas, como queriendo decir algo, pero se mantuvo así, hasta la cabaña, en silencio.
Una vez allí, pudimos comprobar que no había señales de violencia, después de un ligero examen, comprobó que no faltaba nada. No tardó en relajarse y me ofreció una taza de café, "siempre es bueno el café, para las almas solitarias", afirmó.
Después de servir el café, ella sin mas rodeos me pregunto si en todo este tiempo, yo no había sentido ningún tipo de atracción por ella, si no le gustaba aunque fuera un poco, no me dio tiempo a responder, cuando solté la taza de café y sentí aquellos labios que me besaban sin piedad, y aquellas manos que hurgaban por todo mi cuerpo, como buscando algo, que parece que había perdido y necesitaba con desesperación. Esa tarde hicimos el amor como dos adolescentes, yo no tuve tiempo de pensar en su situación, en su esposo, en nada, solo sentí una mujer desesperada por ser acariciada y amada, me sobrecogió su deseo carnal y me rendí ante esos suculentos senos que ya no me dejaban respirar, así aquella mujer se me entregaba completamente, abandonada a sus instintos primitivos, ya no pensé en otra cosa que en ella.
Desde ese día, estuvimos así por alrededor de dos meses, ella me veía en los pasillos y se sonreía de una manera que a veces me daba terror, a veces sus picaras miradas y gestos me hacían reír disimuladamente, (cuando se anda en pecado, uno piensa que todo el mundo esta pendiente de lo que uno hace), todo era perfecto, desde el momento en que salíamos de la universidad, íbamos a la cabaña y después la llevaba hasta su casa, estaba prohibido hablar de su esposo, y así lo hice, hasta aquel día.
Un día que fuimos a la cabaña sin mas, me hablo de él, me dijo que había llegado el momento de acabar con aquel tormento, que era de verdad insoportable, ver a aquel hombre tan joven, que tanto amó, sufrir así, en silencio. Así que sin mas me lo propuso, hablo de acabar con la situación de Alexis, (así se llamaba) que era un acto de humanidad, pero que era preciso que yo lo hiciera, ya que ella juró amarlo por siempre y que ella no tendría nunca el valor.
Esa tarde no hicimos el amor, la deje en su casa y me despedí de ella con un beso en la mejilla, como acostumbrábamos, y cuando estaba a punto de entrar, se devolvió y me dijo, "te amo, pero no puedo obligarte a hacer nada que no quieras hacer, solo medítalo con calma y mañana me dices lo que decidas, yo lo entenderé", esta vez me besó en la boca, poniendo su mano detrás de mi cuello, como tanto me excitaba, y entró.
Aquella noche no pude dormir, tan solo pensaba si el acto que estaba a punto de cometer, era en verdad un crimen, un pecado mortal, o solo se trataba de liberar aquella alma joven, atrapada en un cuerpo y una circunstancia y a todas estas; ¿que dirá Dios de todo esto? Pero solo escuché el silencio.
En la mañana, después de verla entrar a clases, con un vestido azul, que dejó pasmados a algunos profesores y que el decano me comentó en el cafetín, que esas cosas debían prohibirse en el campus, que podían llegar a ser hasta un delito, "faltas a la moral" sentenció. Me decidí, supe que aquella mujer debía ser solo mía y que al fin de cuentas, lo que ella me proponía era un acto de piedad, de misericordia. Al salir le dije que no iríamos a la cabaña, que se fuera directamente a su casa, que yo iría bien entrada la noche, y que Dios se apiade de nuestras almas.
Eran las dos de la mañana, cuando estacioné el vehículo algo lejos de su vivienda y me deslice en las sombras hasta la parte trasera, ahí estaba ella, con sus enormes ojos azules, esperándome, así que entre y me condujo a la habitación de su esposo enfermo, también me entregó un frasco de veneno y me dijo, "hazlo, yo no puedo verlo mas así".
Entré a la habitación, estaba dormido, era la primera vez que lo vi, era un hombre muy joven, algo demacrado por su condición, muy flaco y de verdad solo me imaginaba todo lo que había sufrido Deruchette, cuidandole, a su gran amor, durante los últimos dos años, en ese silencio, en esa habitación, donde una véz fueron tan felices, no lo pensé más, le abrí la boca y le vertí la botella por completo hasta el fondo, se despertó y al darme cuenta de lo que estaba pasando, después de un esfuerzo sobrehumano, el pudo decir una palabra que me atormentaría hasta el último de mis días: "Ayúdame".
Pocos minutos después aquel hombre se fue de este mundo entre una mirada de alivio y desesperanza que nunca comprendí, hasta ahora.
Poco después de enviudar Deruchette, nos casamos, ella se mudó conmigo, vendió la casa donde vivió con su difunto esposo y desde ese momento todo era perfecto, aquella mujer se había convertido en mi complemento, supé que era mi alma gemela, eramos sumamente dichosos, pasabamos el día entre la universidad y la casa, me senti realizado.
Hasta que un dia le propuse vender aquella cabaña, en la que fuimos tan felices pero que ya no tenia sentido conservarla, que era mejor invertir el dinero de la venta en algún negocio que garantizara nuestro futuro, ya que los limitados ingresos de aquella universidad de segunda, donde lo único barato, eran nuestros salarios que apenas alcanzaban, y que habia que pensar en los niños que vinieran cuando fuera el momento. Ella me quedo mirando fijamente, era una mirada que nunca había visto, que no conocía, pero rápidamente sonrió y me dijo: "Ya la puse en venta, estamos conectados".
Esa noche Deruchette, destapó una botella del mejor escoces que tenia en mi despensa y que lo guardaba desde hacia mucho tiempo para una ocasión especial, ella alegó que estar conmigo era la ocasión mas especial que podía existir, así que bebimos e hicimos el amor, como siempre, como si no existiera nada en este mundo que pudiera separarnos, como si lo que habíamos hecho, no hubiera sido mas que un preludio a nuestra felicidad y que nos quedaba el resto de la vida para ser felices.
Desperté al tercer día, completamente inmóvil, sin poder emitir sonido alguno, solo alcance escuchar la voz de aquel doctor mientras decía: "No me explico que pudo haberle sucedido, es un hombre muy joven", ella salió detrás de el, contoneando sus malditas caderas, y solo volvió para sacar algo de la habitación, estaban colgadas frente a la cama, eran las llaves de la cabaña.
Desde entonces estoy aqui, postrado en esta cama, ella viene cada tres días, me da algo de comer y me asea, mientras yo, busco su mirada y le ruego, le suplico, pero ya sus hermosos ojos azules, no están allí para mi.
Solo la observo entrar a buscar y colocar nuevamente las llaves de la cabaña, se que lo hace para que la vea.
Solo espero el día que entre con ese alguien, que me saque de esta miseria, aquí, en silencio.
Fín
Debo agradecer el apoyo incondicional que he recibido de,
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