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La mosca agradecida
Anoche y solo después de que mi novia y su padre lograron convencerme de contar los detalles de lo sucedido en esa casa, y con la garantía del perdón de ambos, es que procedo a narrar los hechos ocurridos en la casa en cuestión. Y así sin más preámbulos comienza esta historia sin sentido, que hasta la fecha, había preferido callar, para no complicarme la vida y menos tener que dar explicaciones.
Era el comienzo del año 2020, habíamos pasado el carnaval y la cuaresma, y ya comenzábamos a tratar de construir una nueva normalidad.
Ese día amanecí como todos los días, con la acostumbrada flojera, en medio de esta pandemia que, a fin de cuentas, y a estas alturas, ya me estaba volviendo loco, (de manera literal), además ya estaba harto de utilizar aquel maldito tapabocas.
Entrabamos al segundo mes de pandemia, y ya se percibía en el ambiente esa sensación de que algo iba a salir mal, de que se venían tiempos difíciles sobre nosotros. Y así sin más, se dispararon todas las alarmas y todos entramos en modo defensivo, contra un enemigo invisible, que no podías matar con un arma, de un golpe, o con un antibiótico común, había llegado el covíd-19.
Al principio no me asusté, me pareció que China era lo suficientemente lejos como para que la calle aun fuera segura, y me fui con mis amigos a celebrar, era viernes.
En la mañana, y en medio de la resaca, el primer anuncio devastador: "hay tres casos en Venezuela". Inmediatamente se tomaron medidas mas extremas: Suspensión de vuelos internacionales y nacionales, prohibición de viajar entre los estados, prohibición de entrada y salida del país, del Estado, del municipio, de la ciudad, de la casa.
Así transcurrieron los primeros noventa días de aquella situación tan inusual; sin poder estudiar, sin poder ir a trabajar, en fin: Sin poder hacer un carajo! y yo con mi eterno miedo a la muerte, que siempre me cortaba la respiración.
De uno en uno se fueron cerrando los locales comerciales, de entretenimiento y hasta los templos de Cumaná, una ciudad pequeña al norte de Venezuela, que si bien no tenia vida nocturna antes de la pandemia, que decir después de la cuarentena y los rumores.
Sobre todo los rumores: "Que si el vecino se vino del país vecino y no pasó por los controles", "que tiene fiebre y lo tienen escondido", "que no comas esto, que no tomes aquello", "que todos vamos a morir", en fin, caos informativo, caos médico, caos económico, eso si, a nadie le dio gripe mas nunca, y para mi el peor de todos los escenarios: mi novia por la capital y yo aquí.
Se había ido por dos días con sus padres, a buscar unos papeles de la universidad y con el decreto de emergencia nacional, habían quedado atrapados por aquellos lados con sus padres y hermanitos y yo aquí solo, cuidando su casa, por petición de mi suegro, (como decir que no), me llamaban a cada rato, que si diez casos, que si veinte casos, me hartaron, de un tirón arranque el teléfono de la pared y se acabó.
Al comienzo no me aburría, tenia comida, una consola de videojuegos, algunas bebidas en la casa, y una "amiga" de mi novia que se empeño en "acompañarme" y que me visitaba tarde en la noche, para luego irse al amanecer, sin que nadie pudiera verla.
Al cuarto mes ocurrió algo que me asusto de verdad: "terror" en la parte de la ciudad donde vive la "amiga" de mi novia, se desató un caos por un presunto caso de covíd, cuarentena en esa comunidad, horror, el virus había llegado a Cumaná!.
Ahí si me asusté, me obsesione con la idea de que debía sobrevivir a costa de lo que fuera. Comencé a tomarme la temperatura cada dos horas, me veía al espejo, todo bien. Pero la "amiga" de mi novia, ya no volvió. Después de convencerme de que no me había contagiado, reuní todo el dinero que tenia y me fui al supermercado, compre toda la comida que pude, y comencé a tapar cuanta rendija o agujero consiguiera en esa vivienda. Sellé la puerta por debajo, y apague los aires acondicionados. Me obsesione tanto que en mi mente pensaba que por allí entraría aquel enemigo microscópico, que venia a matarme.
Así llegamos al mes seis, fue la ultima vez que salí, y el comienzo de todo; fui a la farmacia a buscar un medicamento para el estomago, con esto del virus, los nervios me atacaron por ahí y me la pasaba con dolores todo el día, pero no había nada, la gente había comprado todo lo que necesitaba y lo que no también, un señor tosió muy cerca de mi y huí aterrorizado, pensé que moriría esa noche.
Recuerdo que al llegar a la casa, una mosca se poso en mi rostro y estuvo merodeando por un rato, la espanté y deje la mascarilla sobre la mesa, debía correr al baño, era una emergencia. Al salir pude notar que aquella mosca estaba sobre la parte externa de la mascarilla, como limpiándola, como si se alimentara de todos los microorganismos que aquella mascara filtraba, pero me distraje y me fui a duchar.
Esa noche también caí en cuenta de que los reportes informativos me causaban una angustia que no me dejaba dormir, así que desconecté también el televisor. Apagué cuanto aparato había en aquella casa y así, poco a poco fui eliminando todo lo que en mi imaginario significaría algún riesgo mortal.
Fue entonces cuando la vi nuevamente, se detuvo un momento en mi frente y voló hacia la mesa, luego pasó cerca de mi rostro y se posó en mi comida, la espanté y seguí comiendo, aunque la seguí con la mirada, voló hasta el rincón de la habitación sin percatarse que había una tela de araña donde quedo atrapada, inmediatamente la araña y el desenlace: una muerte inminente. No se porque diablos me levanté al ver aquella lucha tan desigual, sentí lastima por ella, así que intervine y la salvé, la araña la soltó al notar mi presencia y vio escapar su comida. Jamás podría imaginarme que aquella compañera permanecería conmigo durante mucho tiempo.
Caí en cuenta que ante la pandemia, debía prepararme ante posibles ataques de los vecinos, que intentarían saquear la casa por la escases de comida y medicamentos. Así que reforcé puertas y ventanas y seguí revisando aquella vivienda buscando el mas mínimo espacio o corriente de aire para sellarlo con cinta adhesiva.
Y de pronto allí estaba, mi amiga de la mañana, la reconocí por un doblez que tenia en el ala, producto de la batalla con aquella araña en la pared, le sonreí.
Desde ese momento la veía volar a mi lado, se posaba en mi rostro y sentía que intentaba decirme algo, me incliné, traté de escucharla, pero nada, solo el silencio y el zumbido al despegar.
Mas tarde me quede pensando que seguramente aquella mosca quería indicarme como combatir aquel virus mortal, que al ver su comportamiento con la mascarilla en la mañana, allí debia estar la clave.
En la mañana, vino con toda su familia, alrededor de diez o doce moscas se posaron en la mesa y empezaron una danza extraña, mientras fornicaban entre ellas, no entendí, les deje comida en la mesa y me fui a revisar si se me escapaba alguna rendija, no encontré nada.
Al día siguiente me la encontré en la mesa de la cocina, cuidando sus larvas, que ya se convertían en pupas, era una buena madre, así que tomé un poco de azúcar, la diluí en leche y les deje un gran tazón, solo para ellas.
Mientras tanto leía la biblia, salté al apocalipsis, tomando en cuenta los últimos sucesos, me preparaba para el final.
Así pasaron los días y llegamos a la ultima noche en aquella casa del infierno, en el mes nueve de la pandemia, ya estaba tranquilo, me sentía seguro, no me importaba lo que estuviera sucediendo afuera, adentro no había nada que temer. En la mañana me fui a la cocina y trate de servir la acostumbrada taza de leche con azúcar, pero ya no pude, toda la casa, estaba llena de moscas.
En esa multitud, pude reconocer a una en especial, era aquella mosca que no se como después de meses no solo continuaba con vida, sino que, a una señal, comenzó a formar una figura con todos sus hijos, nietos y toda su enorme familia y trataban de decirme algo, de darme un mensaje que seguramente era la cura contra aquel maldito virus, pude entender claramente el mensaje: aquel enjambre colosal de moscas se elevó en el aire formando la figura inconfundible de un tapabocas.
En ese momento, y como si una especie de hechizo hubiera dejado de surtir efecto, pude ver la realidad, aquella casa estaba habitada completamente por moscas, gusanos y pupas, de una manera tan horrible, que salí huyendo despavorido de aquel lugar, como alma que lleva el diablo, pero al salir a la calle, ya doblando la esquina, observe a la gente en la calle y me detuve repentinamente, supe que debía volver a aquella casa, que de alguna manera me había retenido por todo ese tiempo, me armé de valor, respiré profundo y entré.
¡Había olvidado el Tapabocas!!!
Debo agradecer el apoyo incondicional que he recibido de,
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