The love
The End
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El Amor
Esta historia, es una historia clásica de amor, de ese amor que nace del alma, que triunfa ante todas las adversidades y que se antepone a cualquier mezquindad, trama, conspiración u odio.
Sucedió en las costas de suramerica, en uno de los pueblitos mas bellos de esas tierras, su nombre encierra mucho, se llama Santa Fe.
Santa Fe, era un pueblo pequeño, no había allí mas de doscientas familias, y donde no hizo falta nunca mas que una escuela primaria para todos los hijos de aquel pueblo, un solo gran almacén de víveres, que cubría la totalidad de aquellas tierras, de aquel pedacito de cielo donde no cabía un milagro, y donde en el centro, siempre estuvo ella.
Era la hija de don Dionisio, una chica rubia, de unos ojos verde esmeralda, que a quien los miraba, les dejaba una huella tan profunda, que era difícil olvidar, se llamaba Yelitza, quien desde muy niña y muy en el fondo siempre supo que estaba destinada a casarse con aquel joven refinado, de tez blanca y ojos azules, que conoció en aquella escuelita rural, donde se conocían todos, donde en ese pueblo, en algún punto de la vida coincidían todos, pobres y ricos, campesinos y comerciantes, esclavos y amos.
Yelitza, quien había nacido en la vieja casona del pueblo y que jamas conocío la necesidad, nunca le fue negado nada, ni siquiera la belleza, parecía que conspiraba la fuerza del dinero con los dones que podía otorgar la naturaleza, ella siempre fue el centro de atracción de aquellas tierras, la reina de la clase, reina del carnaval, la que cantaba en la iglesia, y siempre supo que al final, quedaría al lado de Lorenzo, el hijo del administrador de la hacienda, compadre del patrón, su futuro suegro, y administrador de todo cuanto tenía don Dionisio.
Se reencontraron en la clase de francés, que el cura había traído al pueblo desde la capital, alegando que con el conocimiento, vendría la cultura y el progreso, ella lo vio sentado a su lado, y quedó prendada de él, le pareció que en aquel pequeño pueblo, no había nadie mas interesante, inteligente y culto, y que además era muy bello, sus manos eran muy suaves, se le notaba que no había tenido nunca la necesidad de trabajar la pesca, eso le fascinó.
Pero este joven estuvo toda la vida evitando aquella relación, algunos decían que solo por rebeldía, pero no, el iba mas allá, el creía en el amor verdadero, en el que nace de un roce, una mirada, un beso robado, y hasta en algunas ocasiones tuvo que enfrentar a su propio padre, el cual insistía en preparar aquella boda, que todos en el pueblo sabían que tarde o temprano se consumaría, pero que a él, el solo hecho del compromiso, de la obligación, le molestaba.
Esa mañana de domingo, coincidieron las familias del pueblo en la iglesia, ya que desde allí comenzaba la vida en aquel apartado pueblíto de la costa, esa mañana el patrón invitaba formalmente al administrador a cenar con toda la familia, ya que no pudo negarse mas a las exigencias de Yelitza, quien ya quería formalizar aquella boda, para que coincidiera con la recolección y fiesta de la cosecha del café, en el mes de agosto.
Lorenzo discutió duramente con su padre, alegando su sueño de encontrar el amor verdadero, que su abuelo le enseño que en la vida debía perseguir sus ideales, esos con los que siempre había soñado y que en los pocos cuentos de hadas que habían pasado por sus manos, aprendió que el amor puro, el verdadero al final, siempre triunfa.
Pero esa mañana sus padres lo pusieron en su lugar, alegando al respeto y obediencia hacía ellos, le gritaron muy fuerte, pero al darse cuenta de que esta vez fueron demasiado lejos, trataron de enmendar la situación, fue entonces cuando su padre le habló francamente: "hijo, debes saber que si esa boda no se lleva a cabo, don Dionisio va a quitarnos todo cuanto tenemos", este no reaccionó, solo guardó silencio y se retiró.
Esa noche cenaron ambas familias, ella no dejaba de mirarlo y el, solo cuando recordaba las palabras de su padre, volteaba a verla, aunque en el fondo le daba mucha rabia que tanta belleza encerrara al mismo tiempo tanta soberbia y que aquellas familias, solo por cuidar las apariencias, y estar acostumbrados a que todo el mundo le obedeciera, (incluso sus padres) lo obligaran a casarse con alguien a quien él no amaba.
La cena se dio sin contratiempos, la madre de Lorenzo no hacia mas que alabar aquella enorme hacienda, el servicio y la vajilla francesa en la que sirvieron aquel banquete que Lorenzo veía como una transacción de negocios, y donde él, era la mercancía.
Después de cenar, las mujeres se fueron a tomar chocolate mientras hablaban del vestido de novia, que "había que traerlo de la capital", y todos los preparativos que se avecinaban, y de la lista de invitados, sentenciando doña Carlota que no haría falta lista alguna, que todo el pueblo asistiría.
El padre de Lorenzo, don Enrique era un hombre muy astuto e inteligente y en conversaciones secretas con el patrón, trazaron una estrategia que permitiría que Lorenzo, cediera ante sus demandas, sin tener que obligarle o al menos, sin que fuera tan obvio.
Así que trajeron del pueblo vecino a Alfredo, un amigo de la infancia de Lorenzo, y le ofrecieron una buena cantidad de dinero, para que este lo convenciera, que hiciera gala de la ventaja de ser rico, y de la conveniencia de aquella boda, que aunque el patrón sabia era solo un capricho de su hija, el jamas le había negado nada, y no iba a ser un imberbe insignificante, quien lo hiciera quedar mal con ella, en fin, que no luchara mas contra la corriente.
Desde el momento en que estos se reencontraron, Lorenzo se alegró mucho de ver a su viejo amigo, retomaron su amistad y todos aquellos viejos sueños de la infancia, incluso no pasó mucho tiempo para que hablaran de la boda que él no deseaba, este lo escuchó con mucha atención, y solo lo interrumpió para destacar la conveniencia de casarse con la criatura mas bella de toda aquella región, la mas rica, y la mas....."si, la mas caprichosa también" sentenció Lorenzo.
Ambos sonrieron y por esa tarde se olvidaron de todo aquello de la boda, de los planes y a partir de ese momento comenzó entre ellos, una complicidad, que llevaría los planes de Yelítza, del patrón y del administrador, a sucesos impredecibles para todos, y ya nada fue como estaba planeado.
A la mañana siguiente, Alfredo se fue a visitar a Yelítza, y le habló de un plan secreto que había trazado con Lorenzo, su joven enamorado, que consistía en fugarse el día antes de la ceremonia, para no darle a aquellos seres tan soberbios y maquiavelicos, el placer de ver consumada la boda entre ellos, que debía prepararse para aquella fuga, para partir ese mismo día a la capital, y de allí a Europa, París.
Ella recibió la noticia con beneplácito, y empezó a soñar con aquella fuga tan romántica, aquel espíritu de aventura que bastante falta hacía en aquellos campos, y que su hermana mayor que hacia tiempo vivía en París, le había enviado cartas y postales hablándole de aquellos lugares tan maravillosos.
No lo pensó más, se preparó para viajar, le dijo a su padre que después de la boda quería viajar a Europa con su nuevo marido, y que necesitaría muchas cosas para aquel viaje de ensueño.
Mientras tanto Lorenzo, se dirigió al despacho de su padre, y habló francamente con el, le dijo que aunque el no quería casarse, tampoco iba a poner en peligro la estabilidad de su familia, y que aceptaba las condiciones que estaban planteadas, lo único que el iba a pedir a cambio, era dinero suficiente para el viaje a Europa con su futura esposa, que el patrón tenia suficiente dinero para eso, y que al final, ni cuenta se daría del faltante.
Su padre celebró aquella noche con don Dionisio, le contó de las exigencias de su hijo, (en el fondo, era un hombre muy honrado), y este le respondió: "hombre, lo mas difícil esta hecho, yo solo quiero la felicidad de mi pequeña", así que le dio al administrador libertad para darle a los tórtolos, lo que ellos necesitaran.
Por otra parte Alfredo también reclamó su parte del trato, y sin mas regresó a su pueblo, para volver antes de la boda, ya todo estaba listo.
Los anuncios y preparativos, no se hicieron esperar, solo faltaba un día para la ceremonia eclesiástica, y la gran noche, solo que los jóvenes habían trazado su plan alterno, y solo esperaban que pasara la noche, para escaparse con la luz del alba, todo estaba servido.
En la mañana bien temprano, ella salió hacia las afueras del pueblo, donde debía encontrarse con Lorenzo, ya este se había encargado de llevarse días antes, todo el equipaje de Yelítza, y solo debían encontrarse en la estación.
Pero algo cambio, ella al llegar a la estación no encontró a su amado, miró a todos lados y no había nadie, por un momento pensó que había llegado muy temprano, pero de pronto una voz la sacó de su ensimismamiento, era un obrero de la hacienda, que la conocía bien.
Le preguntó que estaba haciendo allí a esa hora, tan sola, hasta que cayó en cuenta de lo que estaba ocurriendo, de la fuga y de esas cosas del amor adolescente, y suspirando por aquel romanticismo que se vino a su memoria solo alcanzó a decirle que había visto a su novio mas temprano en el puerto.
Yelítza corrió con todas las fuerzas que le daban sus piernas, se dirigió al puerto, aun estaba a tiempo, era temprano, aun podía encontrarse con su amado, y podrían partir hacía Europa, en barco, como siempre soñó.
Pero al llegar al puerto, ya el barco acababa de zarpar, aun se encontraba muy cerca, demasiado, esta solo pudo alcanzar a ver, en la distancia, con las primeras luces del alba, una imagen que no la abandonaría por el resto de sus días: Era Lorenzo, que se alejaba de ella para siempre tomado de la mano con Alfredo, su gran Amor.
Fin