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Al pie de la montaña se hallaba Dante, solitario, inalcanzable, su mirada se perdía en la infinidad del mar que observaba a diario, nadie sabía lo que su mente guardaba, aunque todos lo conocían.
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Hace ya muchos años su esposa lo abandonó, aún nadie sabe por qué si siempre fue un buen hombre, la despidió aquella mañana en la estación del tren y nunca más se supo de ella.
Se levanta a diario y recorre la estación del tren, como quien espera un milagro, uno que nunca llegara, así comentan en el pueblo.
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Aquella mañana Dante despertó muy temprano como era su costumbre, la calle estaba alegre y movida por aquello de la temporada navideña, El caminaba a la estación del tren, cuando un evento cotidiano para muchos, rompía con la normalidad de su rutina.
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Aquel pequeño niño, frágil como una copa de cristal, cubierto de harapos rasgados y sucios, con una mirada tan vacía como la del mismo Dante, se le acercó rogando un poco de pan, Dante lo miró fijamente, le tomó por el brazo y casi sin decir palabra alguna, prácticamente lo arrastraba por la calle fría, cubierta de nieve, la gente observó toda la escena sin decir nada, estaban muy asustados por la reacción de este hombre, entonces para sorpresa y asombro de todos lo llevó a la cafetería, lo sentó con el en una mesa, pidió café y panecillos calientes.
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Ante la mirada atónita del resto del pueblo, observaron por primera vez en muchos años un gesto amable en aquel ser humano, al que consideraban un autómata, nadie entendía que llevó a Dante a realizar este gesto de humanidad.
Cuando el chiquillo había terminado de devorar todo cuánto había en la mesa, le agradeció a este con el más sincero de los gestos que el había sentido en muchos años. Si, era cierto nadie podía creer que esta escena fuese real, aquel pequeño harapiento sorprendió a Dante y a todos aquellos que observaban expectantes, con un abrazo muy fuerte, tan fuerte como si su vida dependiera de ello.
El tomó un papél y anotó su dirección, se la dio al niño diciéndole que lo esperaría aquella misma tarde, entonces sin más el niño corrió a toda prisa, hasta que ya Dante no lo pudo divisar, se levantó de la mesa y regresó a su lúgubre hogar, era la primera vez en años que Dante rompía con su rutina.
Cuando llegó la tarde este se dispuso a esperar al pequeño niño en su jardín, espero por largas horas, pero este nunca apareció, llegó la noche y con ella el frío, Dante se acostó, pero por alguna razón no podía sacarse de la mente a aquel pequeño de la mañana, vencido por el cansancio se quedó dormido.
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Cuando amaneció y ya se disponía a salir de su hogar a realizar su recorrido diario, cuál sería su mayor sorpresa, al encontrar dormido a aquel pequeño, casi congelado en un rincón de la entrada de su casa.
Asustado Dante se apresuró a levantarlo del suelo helado, llevándolo adentro, fue allí cuando el niño despertó, Dante encolerizado tomo al niño de los hombros preguntandole si estaba loco, que como se atrevía siquiera a quedarse allí, le hizo saber que pudo haber muerto.
Llamó rápidamente a la señora Doris, su ama de llaves para que trajera sábanas y un chocolate caliente para poder calentar al pequeño.
Le dio desayuno, lo hizo tomar un baño caliente, y le hizo conversar, preguntó dónde se hallaban sus padres, este le respondió de manera indiferente que no sabía quiénes eran, que siempre estuvo en el orfanato y que cansado de los maltratos que a diario recibía y con la ayuda de una mujer dulce, pero media loca, decidió escapar de tanto sufrimiento, aquel hombre no podía entender como tan frágil criatura hablaba con tal madurez.
Dante se levantó repentinamente, le dijo que esperara allí que no se moviera, el salió hasta llegar a la tienda del pueblo donde compró ropa y calzado para aquel niño, incluso compró una hermosa bufanda y gruesos guantes, la dueña de la tienda se preguntaba para que aquel hombre necesitaba estas cosas, si este no tenía hijos, llegó a pensar que el pobre se había vuelto loco.
Salió de la tienda y llegó a casa, hizo que Doña Doris vistiera al niño, lo cambió de ropa, y le colocó zapatos nuevos, le puso la bufanda, los guantes y lo peinó.
Cuando el pequeño bajó estaba irreconocible, ni el mismo Dante podía creer la dulzura que se escondía debajo de toda la mugre acumulada en su frágil rostro, el niño se le acercó y le agradeció lo que hacía por el, entonces Dante le preguntó cuál era su nombre, el niño bajo la mirada y guardó silencio, Dante un poco molesto por no obtener respuesta le habló con fuerza, casi que le gritó, el niño temeroso, pero sin levantar la cabeza le respondió: "Mi nombre es 36" así le decían en el orfanato, nunca tuvo un nombre, solo era tratado como a un número más, en ese lugar donde vivió, dónde pasó carencias, dónde el amor le fue negado, entonces el niño corrió de allí tan rápido como sus fuerzas le permitieron.
Paso una semana y nada sabía de aquel niño, a diario en su recorrido a la estación del tren, lo buscaba en todos lados, pero sin llegar a preguntar a nadie, la gente lo observaba pensando que aquel pobre hombre, había perdido la cordura por tantos años de soledad y abandono.
Un día de diciembre, dante caminaba por la estación del tren haciendo su recorrido diario, y a lo lejos diviso a "36" el niño a quien por tantos días había buscado, se le acercó con sumo cuidado evitando asustarlo, se sentó entonces a su lado, le tomo de la mano y le preguntó: "¿Que haces aquí, a quien esperas?" El pequeño con su voz dulce y calmada le dijo:"Yo, yo espero lo mismo que usted espera todos los días al llegar a este lugar".
Dante con lágrimas en los ojos, lo miró fijamente y sin mucho pensarlo le dió un abrazo, dándole las gracias por hacerlo entender, por sacarlo de aquella ilusión que guardaba, Dante supo en ese instante que su milagro nunca ocurriría, que por más que la esperara allí, jamás le vería bajar del tren, tomó al pequeño niño en brazos, lo cargó, saliendo de allí hasta llegar a su casa.
Allí le preguntó a aquel niño si quería quedarse a su lado, el de inmediato lo interrumpió respondiendo que si, entonces le preguntó nuevamente como quería llamarse a lo que respondió, que aceptaría cualquier nombre que el le diera, Dante hizo todo el papeleo rápidamente pues su dinero permitió agilizar las cosas hasta lograr adoptarlo en tan solo días.
Ya no seria más 36, ahora se llamaría Noa Salvatore hijo de Dante Salvatore, aquel día cuando las cosas se hicieron legales, Dante llevo al niño de compras, lo lleno de obsequios, ropa, juguetes y el pueblo entero miraba con asombro aquella extraña relación, algunos comentaban: "pobre niño, como fue a parar a ese lugar", lo que nadie comprendía es que ellos eran felices estando juntos.
Dante había recobrado la alegría que años atrás había perdido, su casa se vistió nuevamente de color, corrieron las cortinas, pintaron las paredes, el jardín fue replantado, incluso colocó un árbol de navidad, con obsequios y todo, y doña Doris preparó una rica cena navideña.
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Aquella noche se hallaban sentados a la mesa, todos estaban felices, incluso Doña Doris los acompañaba, luego Dante abrió aquel viejo piano y tocó unos hermosos villancicos, tanto Noa, como Dante no podían creer lo felices que eran, entonces Noa dijo: "solo hace falta un milagro de navidad", fue allí entonces cuando se escuchó sonar el timbre, aquel sonido que se convertiría con los días en un sonido infernal.
Cuando Dante abrió la puerta, para su sorpresa y asombro apareció ante él aquella figura sombría, demacrada, con ropas gastadas y poco elegantes, era ella, Mindi, su esposa desaparecida, parada en la puerta.
Sin mucho pensarlo abrazó a Dante y este no respondió, no lograba salír de su asombro, entonces le preguntó: "¿Que quieres"? Ella asombrada por su indiferencia le dijo, que le permitiera pasar que tenía frío, con mucha desconfianza y frialdad la dejó entrar, pidió a doña Doris llevar a Noa a su habitación, luego la hizo pasar a la sala.
Durante un largo rato reinó el silencio en el salón, fue entonces cuando ella le preguntó que había sido de su vida, a qué se dedicaba, ella preguntó con tanta naturalidad que aquello encolerizó al hombre, no podía creer que se atreviera a decir tal desfachatez, como luego de ocho largos años de haber desaparecido sin saber que había sido de ella, ahora no solo aparecía a la puerta de su casa, sino que además se atrevía a preguntar "que había sido de su vida".
Este dejándose llevar por la rabia le gritó: "¿a qué demonios haz regresado?", "como te atreves siquiera a preguntar por mi vida, si durante ocho años nunca recibí noticias tuyas, no supe si estabas enferma, o si habías muerto, no sé con qué derecho te atreves a regresar".
Ella asustada por la reacción de Dante, le pidió que la escuchará, que si, que era cierto todo aquello que él decía, pero que ella nada podía recordar, le contó que hacía muchos años atrás, ella había tenido un accidente y que apenas solo unos pocos meses atrás había despertado del coma, eso sí, no recordaba nada, quien era, de dónde venía solo tenía en sus pertenencias una nota que decía: "Vuelve pronto amada mía, aquí te espero, firmada por DANTE".
Aseguraba no saber quién era, que pasó muchos días de hambre y frío, en las calles al salir del hospital y que cuando sentía que sus fuerzas la abandonaban leía aquel trozo de papel y recobraba las fuerzas, entonces consiguió un empleo en un sitio horrible, dónde recibía un plato de comida y un catre para dormir, allí se dispuso a saber ¿quién era Dante?, Ella se fue de pueblo, en pueblo buscando a quienes llevarán ese nombre, (que eran muy pocos), con la esperanza de que cuando lo encontrará el sabría decirle quién era ella, ya casi se rendía cuando una mujer, siete días atrás, la miró en la calle y le preguntó: ¿Mindi eres tú? Entonces ella le confesó que no recordaba nada, no sabía ni su propio nombre, de dónde venía, quien era, y casi como una enviada del cielo esa mujer le dijo que la ayudaría, la llevó a la puerta de esa casa, diciéndole: "ve toca, allí descubrirás quien eres".
Dante no lo podía creer, dudaba de aquella historia y de aquella mujer, pues sentía que ella no decía la verdad, que se trataba de una treta para que la perdonara, fue entonces en ese mismo instante que Noa bajo y los interrumpió diciéndole: "padre cuando me leeras el cuento para dormir.". Entonces allí fue, en ese mágico instante cuando Mindi volteó y sin más recordó a aquel niño, era el, era el 36, Noa la reconoció y corrió a sus brazos y se unieron en el más dulce y maternal de los abrazos, era ella aquella mujer que meses antes le había ayudado a escapar del infierno, Dante confundido observó la escena sin entender que pasaba, desconcertado no sabía que pensar, acaso era cierto todo lo que Mindi decía, entonces le dijo que la ayudaría, que permitiría que se quedara en casa, pero no podía ofrecerle nada más, ella aceptó.
Una tarde en víspera de Navidad ella sentada a su lado le dijo: "Dante necesito que me lleves a la estación del tren", él sin mucho hablar, ni mucho entender, la llevó, estando allí, ella se montó en el tren y le dijo: "Mi amado Dante por muchos meses traté de que me perdonarás, pero ya no puedo más con tanto rechazo, hace años me fui y te dije esperame, regresaré, hoy me marchó pero no sé si pueda regresar, adios".Pasaron los días, los meses, casi un año y Mindi logró recordar todo con ayuda de un médico, pero aún no lograba entrar de nuevo a la vida de su amado Dante, a pesar de que todos pensaban que ellos habían formado una familia nuevamente al lado del pequeño Noa.
Dante pensó que se trataba de un juego de ella, pero sí, era cierto, vio partir a Mindi, y sintió que su vida se le acababa por segunda vez, no lo podía creer, nunca ni en un millón de años pensó que ella lo dejaría nuevamente, llorando y desconsolado regreso a su casa, en el camino solo podía pensar en Mindi, en como la había despreciado por tanto tiempo, solo por su soberbia y aún cuando el realmente la amaba, pero ahora por su orgullo quizás la había perdido, tal vez para siempre.
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Cuando Mindi iba en el tren sintió que no tenía las fuerzas suficientes para abandonar su hogar, fue entonces cuando en la siguiente estación bajo de prisa de aquel tren, y se quedó en un hotel pues ya era muy tarde.
Esa misma noche después que todos dormían tocaron a su puerta, era un joven llevando una carta para Dante, dentro había una nota que decía: "amado esposo mío, esperame en la estación del tren mañana". Este no comprendía aquel extraño suceso, entonces se fue a dormir, trato de conciliar el sueño, pero fue en vano, fue quizás la noche más larga que había vivido.
Entonces al amanecer se arregló y llegó a la estación, espero por horas hasta que llegó el tren y de allí descendió Mindi, corrió por toda la estación como loca, abrazo a Dante, lo besó como nunca y le dijo: "he vuelto, nunca más me iré ¿me aceptas de vuelta en tu vida?" El, llorando la tomo en sus brazos, la beso con la furia de los años reprimidos.
Cuando Dante y Mandi iban en camino a casa este le pregunto porque había tomado ese tren, que él no comprendía, entonces ella le dijo: "amado mío sentí, que en tu mente solo podrías perdonarme si me veias descender de aquel tren, aunque debo confesar que estuve a punto de no regresar, pero no pude, no puedo vivir sin ti, vallamos a casa con nuestro pequeño."
la llevo a casa y le dijo: "ahora sí amada mía siento que lo tengo todo, siento que seremos felices" entonces Noa entró, los abrazo a ambos y les dijo: "no todo, aún falta mi milagro de navidad".
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Dante y Mindi lo miraron fijamente, e intrigados le preguntaron que cuál sería ese milagro del cual hablaba, entonces Noa se le acercó al oído susurrandole algo a Dante. No lo podía creer nunca se imagino la petición que aquel niño hacia, pero le dijo ten fé hijo todo en navidad es posible.
Solo unos pocos días transcurrieron y llegó aquel, tan anhelado día para Dante y Mindi, temprano en la mañana levantaron a Noa diciendole que le tenían que mostrar una sorpresa, realizaron un largo viaje hasta aquel pueblo al que tanto Mindi como Noa conocían bien.
Cuando entraron por un pequeño camino Noa entró en pánico, pues conocía bien el sitio donde habían llegado, llorando le pidió a Dante que no lo regresará allí, se trataba del orfanato donde vivió por tanto tiempo y dónde conoció a Mindi, entonces Dante lo calmó diciéndole que estaban allí para hacer realidad su sueño.
Dante como era un hombre adinerado y con mucho poder, hizo intervenir aquel lugar donde los niños sufrian maltratos y vejaciones, transformándolo en un sitio limpio, agradable, y las nuevas personas que allí trabajaban ahora, trataban con amor y respeto a los niños, tenían maestro de música, tenían parques, habitaciones confortables y sobre todo, cada uno de los niños tenía ahora un nombre, los niños estaban felices pues nunca habían sido tratados con humanidad.
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Noa no lo podía creer todos sus compañeros estaban bien, aquella noche disfrutaron de una rica cena de Navidad en compañía de todos los niños, cantaron, jugaron y todos rieron, y en un instante sin que nadie lo esperara, apareció santa con su saco repleto de regalos, todos saltaban de alegría, cuando santa entregaba los obsequios, en eso llamó a Noa y le preguntó: "¿que quieres de regalo de navidad?", entonces el niño sonrió, lo abrazo y le dijo: " No tengo nada más que perdirte, ya lo tengo todo, mis amigos tienen un sitio lindo dónde vivir, ya no los tratan mal y yo ya tengo una madre amorosa y el mejor de los padres, no me regales nada, mi obsequio dáselo a quien de verdad lo necesite".
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Sonriente, Noa corrió y abrazó a sus padres, esa noche aunque nadie se lo esperaba ocurrió el tan anhelado milagro por el que ansiaba tanto el pequeño Noa, se trataba de la dignidad, de que todos y cada uno de sus amiguitos tuvieran un lindo nombre, solo eso pidió Noa.
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