Duncan had no plans to become a snoop, but fate played a bad trick on him.
It all started purely by chance on a Tuesday afternoon when he pulled back the curtain in his living room to let in some fresh air, and his gaze met the window of the neighboring building. There she was, his lovely neighbor, watering some plants on the balcony.
At first, it was just an observation, but soon the curiosity turned into an obsessive routine. Duncan was a lonely man, lacking affection, who had been spending long hours hidden in his home for many years. He was a complete stranger who constantly spied on the life, gestures, and schedule of a woman whose name he didn’t even know.
The bubble of anonymity finally burst on a Saturday morning, specifically in a local supermarket, in the canned goods aisle.
Duncan was choosing a can of sardines when he looked up and froze in surprise. A few meters away, pushing a shopping cart, there she was. She was wearing the same yellow sweater he had seen her wear on Thursday night.
His heart began to pound. He felt this was his chance to stop being an invisible shadow and become someone. He approached with stiff steps, rehearsing a clever greeting in his mind.
“Uh... hi,” he said, standing too close to her and blocking her way.
The neighbor startled, clutching the handle of her cart tightly.
“Hi... Sorry, do I know you?” she asked, somewhat confused.
“I-I’m your neighbor. From the building across the street. The one on the third floor. I’ve seen you watering the plants in the afternoons.”
Duncan tried to force a friendly smile, but due to his shyness and socially awkward skills, the expression turned into a tense, nervous grimace. He maintained eye contact that was far too intense. The neighbor looked very uncomfortable next to him; her eyes desperately searched for a supermarket employee or an escape route.
“Oh. I see. What a coincidence to see you here,” she said curtly.
“Yes. And... I see you’re buying toilet paper; I use that same brand too,” he continued, unaware that every word made him seem strange and unsettling.
“I’m in a bit of a hurry, so... excuse me,” she said abruptly.
She spun her cart around sharply and almost ran toward the checkout area, not daring to look back to make eye contact... Duncan realized he had just been rejected.
Back in his dark apartment, the usual silence felt suffocating. Duncan collapsed onto the sofa, and as he recalled what had happened once again, he covered his face with both hands. An immense wave of shame and frustration swept over him like a tsunami.
He hated himself for being socially alienated, for sounding like a complete weirdo when all he really wanted was to be kind and start a simple conversation.
“I’m not a bad person,” he told himself aloud as he paced back and forth across the living room.
“I was just really nervous. I-I need to explain. I need to show her that I’m just a normal guy.”
Convinced that the only way to fix his disastrous first impression was with an act of honesty, he set out to muster the courage to go to his neighbor’s house and directly ask her out.
That’s how he thought it would be; he imagined she would realize it had all been a simple misunderstanding caused by his clumsiness. He combed his hair and put on cologne, adjusted his shirt, and crossed the street between their buildings, walking with a racing heart from nerves, sweating until he was soaked.
He went up to her door and rang the bell. He waited silently for a minute, but no one answered. He rang again, this time knocking softly.
“Neighbor. It’s me again. I just want to talk and apologize for any trouble I caused. It wasn’t my intention; I was hoping we could talk a little,” he said, raising his voice slightly.
But no one responded...
What Duncan didn’t know at that moment was that inside the house, the neighbor had hidden in her bedroom bathroom. She was terrified by the presence of the stranger stalking her. With trembling hands, she took her mobile phone and called the police asking for immediate help.
After several minutes, Duncan was about to turn around and come back another time when the unmistakable flash of red and blue lights illuminated the hallway wall. Outside, a police patrol car parked, and two officers quickly got out; one went inside to check on the woman while the other intercepted Duncan.
“Are you the neighbor from across the street?” the officer asked him.
“Uh... yes, that’s me,” Duncan replied, feeling nerves prickling his skin.
The officer stopped in front of him, looked him straight in the eyes, and spoke kindly but firmly to the stranger:
“Sir, please do not bother the lady or we will have to intervene.”
Duncan nodded silently, finally understanding that his isolation was permanent and that he was destined to remain a stranger.
Original version in Spanish
Duncan no tenia planeado convertirse en un fisgón, pero la suerte le hizo una mala jugada.
Todo comenzó por pura casualidad un martes por la tarde, cuando él corrió la cortina de su sala para dejar entrar un poco de aire fresco y su mirada se cruzó con la ventana del edificio contiguo. Allí estaba ella, su linda vecina, regando unas plantas en el balcón.
Al principio, fue solo una observación, pero pronto la intriga se transformó en una rutina obsesiva. Duncan era un hombre solitario y muy carente de afecto, desde hace muchos años empezó a pasar largas horas escondido en su hogar, era un completo desconocido que espiaba constantemente la vida, los gestos y los horarios de una mujer que ni siquiera sabía su nombre.
La burbuja del anonimato terminó estallando un sábado por la mañana, concretamente en un supermercado local, en el pasillo de los enlatados.
Duncan estaba escogiendo una lata de sardinas cuando levantó la vista y se paralizó de la gran sorpresa. A pocos metros, empujando un carrito de compras, ahi estaba ella. Llevaba el mismo suéter amarillo que le había visto usar el jueves por la noche.
Su corazón empezó a retumbar. Sintió que era su oportunidad para dejar de ser una sombra invisible y convertirse en alguien. Se acercó con pasos rígidos, en su mente ensayaba un saludo ingenioso.
"Eh... hola" le dijo plantándose demasiado cerca de ella y bloqueándole el paso.
La vecina se sobresaltó aferrándose con fuerza el asa de su carrito.
"Hola... Disculpa, ¿te conozco?" preguntó ella algo desconcertada.
"S-soy tu vecino. Del edificio de enfrente. El del tercer piso. Te he visto regando las plantas por las tardes"
Duncan intentó esbozar una sonrisa amigable, pero debido a su timidez y a sus habilidades sociales tan incompetentes, el gesto resultó en una mueca tensa y nerviosa. Y mantenía un contacto visual demasiado intenso. La vecina se mostró muy incómoda a su lado; su mirada empezó a buscar desesperadaente a algún empleado del supermercado o una vía de escape.
"Ah. Ya veo. Qué casualidad verte por aquí" dijo ella de forma cortante.
"Sí. Y... Veo que compras papel higiénico, yo también uso esa misma marca" continuó él sin darse cuenta de que cada palabra lo hacia verse extraño e inquietante.
"Tengo algo de prisa, así que... Con permiso" dijo ella bruscamente.
Giró su carrito de golpe y huyó casi corriendo hacia la zona de las cajas registradoras, sin atreverse a mirar hacia atrás para hacer contacto visual... Duncan se percató de que acababa de ser rechazado.
De regreso en su oscuro apartamento, el silencio habitual se sintió asfixiante. Duncan se dejó caer en el sofá, al rememorar por enésima vez lo ocurrido se cubrió el rostro con ambas manos. Una inmensa ola de vergüenza y frustración lo arraso como un tsunami.
Se odiaba a sí mismo por ser un enajenado social, por haber sonado como un completo perturbado cuando lo único que en realidad deseaba era ser amable e iniciar una simple conversación.
"No soy una mala persona" se dijo a sí mismo en voz alta mientras caminaba de un lado a otro por la sala de estar.
"Solo estaba muy nervioso. N-necesito explicarle. Necesito demostrarle que solo soy un tipo normal"
Convencido de que la única forma de enmendar su desastrosa primera impresión era con un acto de franqueza, se propuso armarse de valor para ir a la casa de su vecina e invitarla a salir directamente.
Así pensó, imagino que ella se daría cuenta de que todo había sido un simple malentendido causado por su torpeza. Se peinó el cabello y se puso colonia, se ajustó la camisa y cruzó la calle que separaba sus edificios, él caminaba con el pulso acelerado por los nervios, eso lo hizo sudar hasta quedar empapado.
Él fue hasta su puerta y tocó el timbre. Esperó en silencio por un minuto, pero nadie abrió la puerta. Volvió a tocar, esta vez dando un par de golpes suaves en la puerta.
"Vecina. Soy yo de nuevo. Solo quiero hablar y pedir disculpas por las molestias que cause. No fue mi intención, esperaba que pudiéramos hablar un poco" dijo alzando un poco la voz.
Pero nadie contestó...
Lo que Duncan ignoraba en ese momento era que en el interior de la casa, la vecina se había escondido en el baño de su habitación. Estaba espantada por la presencia del desconocido que la asechaba, tomó su teléfono móvil con manos temblorosas y llamó a la policía pidiendo ayuda inmediata.
Después de varios minutos, Duncan estaba a punto de dar media vuelta para regresar en otro momento, sin embargo el inconfundible destello de unas luces rojas y azules iluminó la pared del pasillo. Afuera, una patrulla de policía se estacionó, dos uniformados bajaron rápidamente del vehículo; uno subió a verificar el estado de la mujer, mientras el otro interceptó a Duncan.
"¿Es usted el vecino de enfrente?" le preguntó el oficial.
"Eh... Sí, soy yo" respondió Duncan sintiendo que los nervios le erizaban la piel.
El oficial se detuvo frente a él y, mirándolo fijamente a los ojos, le dijo amablemente pero con una firmeza al desconocido:
"Señor, por favor, no moleste a la señorita o tendremos que intervenir"
Duncan asintió en silencio comprendiendo al fin que su aislamiento era algo permanente y que estaba destinado a ser un desconocido.
Translation by deepl.com