Una tarde cualquiera, "justico" a esta hora, vamos saliendo de casa para ver a quién encontramos debajo de la nigua para conversar un rato. Seguro debe estar mi tío Chusmaria esperando, como siempre, los clientes que suben y bajan por la carretera, nunca se sabe cuándo alguno necesite atención. Es mejor estar cerca del galpón que venir desde tan lejos, ese cerro cada vez tiene más piedras, es como si todos los días le nacieran unas cuantas más.
Hablando de cerro, quizás sea bueno llegar a que la señora María Inés... Allá nunca falta lo bueno y nunca falta la gran bienvenida que te da con una taza de café en la mano. Todos son bien recibidos ahí, con mucha humildad, pero con la abundancia y un ambiente cargado de cosas buenas. Ahí no falta el que suelte una carcajada de vez en cuando, así que por lo menos en una visita se pueden contar fácilmente más de diez.
Todavía falta para la "juega", a esta hora pocos se animan a llegar a la cancha. El sol todavía reparte sus últimos rayos antes de esconderse detrás de la montaña para poder actuar con todavía buena iluminación natural, pero sin tener la sensación de que se le está asando el cuero a uno. Lo bueno es que desde aquí arriba puedo observar muy bien a todo Campo Alegre, la subida de Adeslinda, la entrada a la hacienda, buena parte de las tierras sembradas en la zona más abajo, los que vienen por la carretera desde el pueblo de Curarigua y, lo más importante, el juego de pelota para saber justo cuándo llega la gente a jugar.
Nada como esas tardes geniales, en donde cualquier rumbo es bueno, en donde llegues eres bien recibido. Con una buena taza de café, a esta hora, "justico" a esta hora, como me hace falta el sabor del café de mi tierra, el de la señora María Inés, el de mamá Segunda. ¡El Café, todos edición especial!
End / Fin
Pictures taken and edited from a smartphone. 13 MP camera (f/2.2, PDAF).