Hija mía, permíteme decirte unas palabras mientras te tenga a mi lado antes que cualquier imprevisto impida que nos volvamos comunicar.
Recuerdo hechos del pasado como si los hubiese vivido hace unos días, donde contemplaba aquellos enérgicos gritos que me aseguraban la llegada del nuevo integrante a la familia. fuiste una bendición para ambos y te apreciamos como una bella flor al recibir los rayos sol.
Te crie como pude intentando ser un buen padre, queriendo hacerte feliz mimándote con algunos regalos que tu madre te negaba y que aprendieras incluso a regañadientes las cosas buenas y malas de tus decisiones.
Hija mía, por segunda vez me encuentras en este lugar, postrado en una cama, sobrellevando a las causas que afectan de manera irregular los latidos de mi corazón y parte de mis órganos internos.
Perdóname si no me presento en persona para los próximos días festivos, el no poder estar en tus próximos cumpleaños, ver cómo te gradúas ante tus compañeros, convertirte en una señorita y luego formar una familia o teniendo un trabajo estable. Mi lucha está llegando a su fin y quizás se cumpla el dicho "La tercera es la vencida."
Lamento las lagrimas y que suene muy triste, te aseguro que si lo supero estaré para tí pero si llega el trágico final, recuérdame con mi particular sonrisa,