El cielo de Santiago: Mi cuna, mi identidad, mi arena mi gozo y mi abundancia infinita, esa que se despliega en cada paso que afirmo sobre su trastocado suelo, rico en bondades para permitir a miles de caminantes recorrer sus millas millas y orientar sus pasos.
Ese precioso atardecer que puedes apreciar en las fotografía nos regala una panorámica del centro de la ciudad de Santiago, mi ciudad natal, en ella nací, crecí y hago mi día a día, desde que que aprendí a dar mis primeros pasos como aprendiz desde mi temprana infancia; luego ya más segura de mi marcha, me hice baquiana, conocedora de sus caminos, sendas y atajos.
La aurora de sus rosados dedos, como otrora dijera Homero, le regaló sus rubores para engalanar su ocaso, y mover los rieles que impulsan el tren que besa el destino de lugareños e inmigrantes dispuestos a sembrar rosales de profundas raíces.
El rubor de las nubes unge de bálsamo púrpura, rauda y fugaz el firmamento celeste, le entrega el mensaje y se marcha como cuando se diluye una presencia espectral, para dar paso a la noche; el mensaje: La lluvia inminente que está próxima a desmantelarse.
Son el presagio de la llegada del temporal invernal.Una blonda cabellera escarlata y sus mejilla bermellón son las mensajeras visibles de la misiva cromática.
Nota informativa: Los arreboles son un fenómeno natural, momento en el que las nubes hinchadas de agua, se colocan a la altura de los rayos del sol en el momento en que éste se pone en su ocaso, lo que hace que sus rayos se filtran entre la nubes produciendo un bello espectáculo cromático para el espectador.