Saludos cordiales estimada familia Hive, me acerco de nuevo a ustedes luego de algunos días de ausencia "obligada", debido a unos desperfectos en mi ordenador; pero bueno, lo importante es que ya estoy de nuevo con mi familia creativa. El día de hoy les compartiré un texto reflexivo de mi propio sentir y pensamiento. Espero lo disfruten, no sin antes gradecerles por su apoyo y comentarios.
Con las emociones encontradas rumiando mis pensamientos en una charla interior ambigua, donde se disputan dos escenarios diferentes entre sí, pero interconectados a travésde un área común, por un mismo sentir.
Pero además con un valor agregado, la dirección orientada por un contrasentido, y es que esta cuarentena, si hay algo que nos ha regalado, ha sido tiempo para poner en orden nuestro mundo interior.
Aunque...En otras ocasiones, nos ha despeinado visiblemente el cabello.
Pero en fin, continuando con la ambigüedad de las emociones y el contrasentido; y muy específicamente como venezolana en exilio y confinamiento obligado, no puedo permanecer indiferente cuando escucho rugir el estómago de mis hermanos, y peor aún, cuando es el estómago de mis hijas el que me habla en la distancia.
Reclamando sus necesidades en medio del infortunio, y que no puede darse el lujo de esperar a que el corazón lleno de esperanzas les diga una mentira reconfortante:
Que el cambio viene, que hay que tener paciencia, mientras el cerebro también coopera disertando y concluyendo, que los objetivos están a punto de consolidarse, mientras los días nos llevan cada vez, más cerca del cementerio.
Así que yo, tú, él, nosotros, ustedes...Salimos de nuestro país con una inevitable sensación de separatividad, fraccionando nuestra humanidad sumiendonos en el llanto ahogado desde el corazón aferrado al hogar y a nuestras querencias, cuando puse un pie en el avión, ya me quería regresar...
Por su parte el cerbro en la maleta, calculando dígitos y monitoreando movimientos desde la frigida lógica investida de pamosos raciocinio; creo que fue un mecanismo de defensa para no dejarnos arrebatar por las emociones.
Entretanto, el fisiológico y practico músculo estomacal, pegado al espinazo, se apresura a establecer su asentamiento en el extranjero, consiguiendo pega en el primer empleo que se le presenta que les dé los pesos suficientes para costearse el arriendo y la comida, y el excedente, imposible de olvidar; que servirá para enviarle la remesa a nuestros familiares , los que se quedaron librando la batalla contra el hambre en Venezuela.
Batalla similar, desde otro contexto, nos ha tocado librar a todos los que decidimos saltar la talanquera hacia tierras foráneas. Iniciando por hacerle frente al bahido que nos produce el aterrizar en tierras extrañas, para luego entrar en un estado de deslumbramiento al encontrarnos con lo diferente, lo desconocido, la abrumadora abundancia por doquier, sobre todo de alimentos, el valor de la moneda nos saca una sonrisa, pero a la vez nos averguenza, cuando caemos en cuenta que vale mucho más que la nuestra y nos seduce a trabajar con criterio de escasez, pero que no nos queda opción.
Y en ese estado, en el que sin duda no nos encontramos en nuestros mejores cabales, nos lanzamos al ruedo, a echarle pichón a la pega, con la mejor disposición y entusiasmo, cuya jornada laboral nos sirve como un sedante que nos calma el dolor a distancia y a soledad.
Dolor que se apacigua cuando recibimos el incentivo monetario que por fin nos permitirá enviarle algo a los nuestros, los que se quedaron aguantando la pela bajo el sol en largas filas para proveerse de arroz, gas y demás enseres básicos, pateando en el asfalto caliente, padeciendo la destrucción sistemática de nuestro país.
De esa manera vi vimos, a medias, con la culposa tranquilidad de ir al supermercado y conseguir todos los productos sin tener que fajarnos a empujones con el vecino y pelotear el producto antes que se termine.
Logramos así vivir a medias, pagando el alquiler de un inmueble que nunca será nuestro; mientras, nuestras propiedades permanecen desoladas, padeciendo el deterioro de la ausencia y el vacío, expuestas a la inseguridad y al antojo de un demonio rojo con ganas de expropiarla.
Vivimos con un despecho sostenido, sazonado con tristeza e incertidumbre, y aderezado con el coraje encendido a diario cuando nos enteramos de la nueva barrabasada gestionada por el gobierno en contra de los nuestros. Y se acrecienta cuando por llamada via WhatsApp nos enteramos del viacrucis que viven a diario, al no conseguir los medicamentos, que los productos los venden en dólares, que el cartón de huevos subió el equivalente a un sueldo mínimo, que la batería del carro se dañó y que lo único que aumenta es el racionamiento eléctrico, del agua y del resto de los servicios básicos.
La vida se nos traduce así, en un eterno dilema , con el raciocinio lógico nublado y las emociones a punto de erupción.
En el extranjero conseguimos de todo, mas no somos dueños de nada, en nuestra amada Venecia carecemos de lo mínimamente básico para subsistir, pero tnemos el amor de los nuestros, el gentilicio, nuestras raíces culturales y mucho más.
Así amigos termino esta disertacion que me pega a modo muy personal, en la que de seguro muchos se sentirán identificados, si este es tu caso, dejamelo saber en los comentarios y atenderé a tu respuesta.
Infinitas gracias estimadisimos amigos, nos veremos muy pronto