Solange Knowles comenzó a escribir su tercer álbum en New Iberia, Louisiana, una ciudad donde vivían sus abuelos maternos hasta que les arrojaron un cóctel Molotov a su casa. Esa configuración ayuda a explicar cómo este album resultó drásticamente diferente de la producción anterior de Knowles. No hay una revisión del soul-pop retro playero y la nueva ola como sus anteriores hits; En cambio, rodeado de una multitud colaborativa que incluye a Raphael Saadiq, Dave Longstreth y Adam Bainbridge, Knowles compuso y produjo este tremendo album con un fuerte mensaje social. Su ornamentación sobria y de tempos moderados se adaptan perfectamente al mood de Solange, una vocalista infravalorado que nunca pretende derribar un estadio con sus agudos pero que llena cada nota con una emoción decidida. Todos los invitados, desde Lil Wayne, Kelly Rowland, Andre 3000 hasta Kelela, hacen las apariciones necesarias, aportando al groove haciendo que cada track sea impecable. "A Seat At The Table" se encuentra entre los mejores álbumes de la última década sin duda. La composición es feroz, y aunque los numerosos interludios rompen un poco el flow inicial, rápidamente se hace evidente que aportan una emotividad singular, dandole un contexto sin igual.
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