
¡Hola!
Les saludo y les pongo a escribir rapidito esta pequeña historia que prácticamente me han regalado.
Mañana, un amigo del terruño viaja hasta La Habana para llevar a su papá, ya avanzado en edad, con achaques propios de haber andado a pie por las largas rutas de la vida, hasta la capital del país.

El motivo del viaje es ponerlo casi en la escalerilla del avión que lo llevará hasta España, acompañado de su otro hijo que radica en la madre patria, como solemos llamar los cubanos al país que primero colonizó y eliminó en la práctica a los aborígenes que habitaban estas desconocidas tierras de ultramar, lugar donde radica desde hace poco tiempo.


En esta pequeña historia, no vi ni oí a nombrar a los protagonistas ni usar motes ni seudónimos. Solo contaré la pequeña historia.
¡Y qué es lo emocionante de este relato?
Mi amigo, mañana temprano, toma de la mano a su papá, ya longevo, igual que aquel cuando él era pequeño, para llevarlo y despedirlo en un viaje que quizás sea el último contacto físico entre ambos. Y aunque así no sea, marcará una dolorosa separación. Pero lo interesante de la historia es que su papá, que es originario del legendario Camagüey, hace cerca de un año está aquí, en este municipio, precisamente en casa de su mamá (la del amigo) y exesposa del anciano, pues allá en su provincia ya se había quedado prácticamente solo y al cuidado de una parentela o de algún vecino muy afectuoso. No estoy seguro.
También desconozco los motivos de la reparación, hace ya bastantes años, del matrimonio del que nació mi amigo. Ella, también desde hace una buena cantidad de años, se mudó para acá con sus dos hijos y contrajo matrimonio, o entró en una unión matrimonial con su actual esposo, con quien convivía sola después de que los jóvenes tomaron cada cual el camino de hacer sus propias historias.

Continuó.
La decisión de que el ex recibiera asilo familiar parece haber sido de común acuerdo familiar y con el consentimiento del actual esposo, quien, aunque también ha pasado en los últimos años por algunos problemas de salud, está lo suficientemente lúcido como para entender algunas cosas: que son tabúes, complejos y pseudo reglas sociales que ponen en la picota del barrio y la censura chismográfica la acción de que uno es y el que es, conciban bajo el mismo techo o bajo el mismo árbol del que los días comieron de la fruta prohibida.

Y como la realidad también es una novela, en una buena novela, si no hay enredos, no es novela. Al poco tiempo, la cacatúa del barrio, a mitad de periodo de exilio, metió ruido en el sistema de conceptos morales y éticos de la ex cónyuge de uno y yacónyugue del otro, y provocó una separación en lo sutil de la señora, resultando en una separación en lo denso; es decir, que el ex tuvo que abandonar la embajada y refugiarse en un apartamento alquilado por los hijos para tal situación.
Resultado del pincha pincha vecinal: ahora, quien quedó dividido fue mi amigo, que con las circunstancias económicas actuales tenía dos problemas al mismo tiempo: el padre, solo y enfermo en un apartamento, y, por otro lado, ayudando a la madre con el esposo, quien tiene otros tantos problemas de salud, incluyendo actualmente problemas de carácter mental.

olución transitoria:
Contrato de una cuidadora para el papá.
Saldo económico. Más gastos.
Pero hoy, mi amigo me convidó para que, también con el consenso de todas las partes —menos el de la vecina cizañera— dejara unas instantáneas para perpetuar las horas antes de la despedida a su papá.
Para llegar a este momento, hicieron que aquel volviera meses antes al lugar, tirando por la borda la filosofía vecinal, los complejos, tabúes y diretes sociales, y cuanta norma de convivencia no escrita actuó sobre decisiones que solo incumben a cada persona como parte de su libertad personal y su derecho a elegir lo que mejor crea para su bienestar en armonía con ella misma.
Ella permitió que en otro momento de su vida, ya también longeva, convergieran en un mismo tiempo y espacio dos líneas, dos cuerdas que la hicieron vibrar, y ahora ve cómo se vuelven a separar para nunca más unirse.

Mi función, además de ser un buen pretexto para escribir un post, era dejar constancia de aquella escena familiar donde, como cierre y para darle más veracidad a la acción, le pedí a la mujer que tocara con sus manos a los dos hombres que cubrieron dos tiempos en su vida. Ella fue más allá, poniendo las manos afectivamente en sus hombros con el gesto de atraerlos hacia ella, mientras el hijo los miraba emocionado.
Me acordé de José Martí cuando mi fraterno coterráneo, al salir de la casa de la mamá, me dijo: "David, dos padres tengo yo."
Quizás toda esta historia sirva para una reflexión cuestionadora en el ámbito de las relaciones en el área de conflictos, como este, que tuvo un final bastante romántico. Pero más allá de este caso en particular, no se sabe que no se deciden con simples decisiones, ni deseos personales y sentimentalismos novelescos.


Pero yo tampoco asistí a esa íntima escena familiar para juzgar solo para dejar constancia literaria y fotográfica, y para ponérsela a su consideración.
Gracias por acompañarme.
Texto original de mi autoría.
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