Possibly, it is less romantic than those old bridges, heirs of the sophisticated roman roads that crossed the Iberian Peninsula from one end to the other and that many pilgrims who boldly head towards the tomb of the Apostle continue to cross over the centuries. in Santiago de Compostela, following the primitive itineraries. Itineraries and bridges, which gave rise to fabulous legends and beatifications, such as, for example, that of the greatest exponents of a laborious and necessary road architecture, which not only took years to build, but also, as has been confirmed in no few Cronicones or medieval Calves, took with them the lives of many workers: the pontiffs Domingo de la Calzada and Juan de Ortega, both canonized, even elevated to the category of miraculous saints and patron saints in their respective communities of La Rioja and Burgos.
It is also not by chance that the greatest exponent of the Catholic Church, the Pope, bears, among his titles, precisely that of Pontiff, since in a symbolic aspect, his figure represents 'a bridge' between heaven and earth, an aspect and symbolism that can be seen in many of the medieval bridges, whose design, called 'donkey's back', not only connected the two banks, overcoming the difficult obstacle of crossing the waters of a mighty river, but also, due to its shape, it could be said that the pilgrim ascended to heaven to descend to earth, with two relevant examples being the bridge over the river Arga, in the Navarran town of Puente la Reina, and the medieval bridge over the river Sella, which stands in the town Asturian city of Cangas de Onís, cradle of the Reconquest and the first seat of the Asturian monarchy founded by Don Pelayo.
Although in Madrid, many of the old pilgrimage routes that passed through it are being recovered, the Segovia Bridge, however, alien to the basic designs described above and typical of the great ages of medieval pilgrimages, also deserves a brief, but I hope not for that, interesting attention. Above all, knowing that it was built during the reign of King Felipe II, precisely by the same architect, Juan de Herrera, who undertook the works of what many historians consider to be an attempt by the most Catholic king of his time to emulate the model most famous temple of all time, as the Temple of Solomon has always been considered: the monastery of San Lorenzo de El Escorial. Juan de Herrera, for more reasons, one of the mysterious master architects from a very unique area of northern Spain, the Cantabrian Trasmiera - so unique that even today, its bricklayers' brotherhoods still maintain their own medieval language to communicate their knowledge, known, curiously, as 'la pantoja', a name that is also of a well-known Spanish tonadillera (traditional Spanish singer)- undertook the works in 1574, finishing ten years later.
Equipped with some fabulous pillars, without a doubt, as a precaution against the flooding of a river, the Manzanares, which years before had taken the old bridge on which Herrera built his own, the Segovia Bridge was, without a doubt, all an architectural landmark that communicated the capital with the north of Spain, thus constituting one of the main and busiest avenues of expansion. Demolished during the terrible combats that took place during the Spanish Civil War, in the period between 1936 and 1939, it was rebuilt in 1943, but that is true, respecting its original design, which now constitutes one of the most emblematic and frequented places in the city called Ribera del Manzanares in Madrid.
Posiblemente, sea menos romántico que aquellos viejos puentes, herederos de las sofisticadas calzadas romanas que cruzaban de una punta a la otra la Península Ibérica y que todavía continúan transitando, al cabo de los siglos, muchos peregrinos que audazmente se dirigen hacia la tumba del Apóstol, en Santiago de Compostela, siguiendo los primitivos itinerarios. Itinerarios y puentes, que dieron origen a fabulosas leyendas y beatificaciones, como, por ejemplo, la de los máximos exponentes de una laboriosa y necesaria arquitectura de los caminos, que no sólo costaba años levantar, sino que además, como se ha confirmado en no pocos Cronicones o Becerros medievales, se llevaban consigo la vida de muchos trabajadores: los pontífices Domingo de la Calzada y Juan de Ortega, ambos canonizados, elevados a la categoría incluso de santos milagrosos y patrones en sus respectivas comunidades de La Rioja y Burgos.
No es tampoco casual, que el máximo exponente de la Iglesia Católica, el Papa, conlleve, entre sus títulos, precisamente el de Pontífice, pues en un aspecto simbólico, su figura representa ‘un puente’ entre el cielo y la tierra, aspecto y simbolismo que se aprecia en muchos de los puentes medievales, cuyo diseño, llamado de ‘lomo de asno’, no sólo conectaba las dos orillas, salvando el difícil obstáculo de atravesar las aguas de un caudaloso río, sino que además, por su forma, podía decirse que el peregrino ascendía al cielo para descender seguidamente a la tierra, siendo dos ejemplos relevantes, el puente sobre el río Arga, en la localidad navarra de Puente la Reina y el puente medieval sobre el río Sella, que se alza en la población asturiana de Cangas de Onís, cuna de la Reconquista y primera sede de la monarquía asturiana fundada por Don Pelayo.
Si bien en Madrid, se están recuperando muchos de los antiguos caminos de peregrinación que pasaban por ella, el Puente de Segovia, ajeno, no obstante, a los diseños básicos descritos anteriormente y propios de las grandes épocas de las peregrinaciones medievales, merece también una breve, pero espero que no por ello, interesante atención. Sobre todo, sabiendo que fue construido durante el reinado del rey Felipe II, precisamente por el mismo arquitecto, Juan de Herrera, que acometió las obras de lo que muchos historiadores consideran como un intento del rey más católico de su época, de emular el modelo de templo más famoso de todos los tiempos, como ha sido considerado siempre el Templo de Salomón: el monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Juan de Herrera, por más señas, uno de los misteriosos maestros arquitectos provenientes de una zona muy singular del norte de España, la Trasmiera cántabra -tan singular, que incluso en la actualidad, sus cofradías de albañiles todavía mantienen vigente un idioma propio medieval para comunicarse sus conocimientos, denominado, curiosamente, como ‘la pantoja’, nombre que es, también, de una conocida tonadillera española- acometió las obras en 1574, terminándose diez años después.
Dotado de unos fabulosos pilares, sin duda, como precaución frente a las crecidas de un río, el Manzanares, que años antes se había llevado al viejo puente sobre el que Herrera edificó el suyo, el Puente de Segovia fue, no cabe duda, todo un hito arquitectónico que comunicaba la capital con el norte de España, constituyendo, por ello, una de las principales y más transitadas vías de expansión. Demolido durante los terribles combates que se sostuvieron durante la Guerra Civil española, en el período comprendido entre 1936 y 1939, fue reconstruido en 1943, pero eso sí, respetándose su diseño original, que ahora constituye uno de los lugares más emblemáticos y frecuentados de la denominada Ribera del Manzanares madrileña.
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