voy carne adentro/ voy despacio.../ y me gritan que vuelva
Anfiteatro
Anisley Miraz Lladosa
Masturbarse es un acto mágico, divino. Una mano, cinco dedos y en ocasiones uno solo es suficiente para llegar a Dios, besarle en la boca y regresar. Porque al final el acto no es otra cosa que ir, venir y venirse: una y otra vez en comunión con el otro y consigo mismo cual Adúltera comedia. Así te, y les sucede conmigo, desde aquel poema, como si yo fuera el Tonto de la chaqueta negra. No soy de esos malos que se arrancan la camisa y la bebemos en calma. Mi Expediente de asesino no es por templar malos poetas; mas los entiendo. Es el miedo, el miedo trae testigos y ustedes a sus citas privadas con sus manos, me llevan a mí. Para ustedes soy Dios y los salvo del Sexo chatarra que comen cuando pueden y me ven siempre entrando, entrando en su mirada cada día. Masturbarse es un acto mágico y privado. Cuando lo hagan, no piensen en mí. Recuerden, yo soy Dios y Dios no habita en templos rotos.