Cuando el verso trae magia,
bruja, son dos: tú y la noche,
los culpables del suceso.
Sé que no quieres que note,
el hechizo en tu sonrisa
dentro de un cuadro en el bosque.
La mirada tierna y dura
tatuada en sangre en el roble,
provoca elevarse el cántico:
provoca todo de un golpe.
Eres tú, mago, hechicero,
ser especial sin un nombre
que le acredite la historia,
sin cargos ni distinciones
más allá que algunos mitos
transmitidos con honores,
registrado en los poemas,
hablado en lenguas veloces.
Ven a mí, bruja y enseña,
ven que te invito a mi torre,
soy yo, el eterno aprendiz,
tus versos, tesoro en cofre.