En el horizonte azul habanero,
la historia musita en cada piedra.
El Castillo del Morro custodiaba su bahía,
de piratas ventilando codicia,
en pleno expansionismo europeo del siglo XVI.
El Malecón de los cubanos,
hoy abraza a barcos y cruceros,
al transitar de su gente,
y a coches antiguos que despiertan miradas.
Es testigo del sudor de pescadores,
que desde la noche lanzan los anzuelos,
ilusionados por asegurar un plato de comida.
Los colores se hacen sentir,
en un país ahogado de contrastes,
detenido en el tiempo para muchos,
entre el ritmo de su música,
el olor de sus habanos,
y la sencillez de un pueblo
que anhela un día oxigenar sus vidas.
Muros donde los besos
desbordan emociones,
junto al salitre que perfuma el ambiente.
Un faro de luz orbita en las noches,
para hacernos recordar,
que la historia y el amor,
dignifican en su litoral,
el orgullo de su más sagrada cubanía.
Fotos de mi autoría.
Separador de texto. Libre uso de
Texto por Andrés Brunet
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