Ya para el año 5500 la gente dudaba de la veracidad de que los hombres realmente existieron.
Pero la verdad era que en la lejana tierra de Carúpano, en el oriente venezolano, escondido en su conuco, estaba Iguano Macho, hombre admirado por el vecindario debido a las grandes proporciones de su órgano reproductor.
Iguano Macho XXII pensó que nunca lo encontrarían, vivía feliz en su pueblito fornicando con cuadrúpedos y despreocupado de todo, pero un dron israelí lo descubrió; así fue detenido y llevado a Washington DC donde le hicieron muchos exámenes y le comenzaron a dar comidas afrodisíacas, masajes eróticos, bebidas espirituosas y le complacían todos sus caprichos, menos uno: fornicar con cuadrúpedos.
Le fueron trayendo las sementales femeninas de mejor calidad, bellas, fuertes y sanas; y su tarea era ponerlas encinta.
Aunque algunas se quejaban del gran tamaño del órgano de este, aceptaban contentas porque recibían una gran paga y eran consideradas heroínas de la humanidad.
Cuando consideraron que ya había Iguano Macho concluido su trabajo, le dijeron que pidiera lo que quisiera, que sería complacido. Iguano no lo pensó dos veces, sonrío feliz, y pidió ser llevado a Carúpano con su amada cuadrúpeda, la única capaz de hacerlo feliz.
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