Un pequeño observaba con su telescopio el cielo, le parecía extraordinario, estába en busca de estrellas, encontró una muy particular, no era una estrella común, ni siquiera era una estrella, era un planeta, tenía anillos rodeandolo, era espectacular. El niño, llamado Arthur, buscó en su libro sobre el espacio, vio que el planeta se llamaba "Saturno".
Arthur, estaba fascinado, no entendía como Saturno podía ser tan bello.
— ¡Wow! Es hermoso, quiero ir allá. — Le dice Arthur a Melina, su gata y compañera de aventuras.
— Pues vamos, yo te llevo, haremos un viaje hasta Saturno. — propone la gata.
— Sería increíble, por favor, llévame.
Y así fue, Melina, con unos ronroneos, se convirtió en una hermosa hada, Arthur estaba asombrado, no sabía que ella hacía eso. Ésta, movió su barita, y apareció un enorme cohete.
— ¡Asombroso! , estoy muy emocionado.
Arthur sube al cohete junto a Melina y despega inmediatamente, empieza a subir, cuando llegan al espacio pueden ver las miles de estrellas, planetas y lo lejano que se veia la tierra.
Al aterrizar en Saturno este se estremece.
— Agradable sorpresa, no estoy acostumbrado a las visitas, ¿A qué se debe? — Dice el señor Saturno.
— He venido a conocerlo, lo he visto desde mi telescopio y quedé asombrado.
El sr. Saturno estaba feliz, no era para el común la compañía, Arthur y Melina igualmente estaban entusiasmados, recorrieron todos los lugares del planeta. Todo estaba siendo perfecto hasta que llegó la hora de irse, eso sería difícil.
Arthur se estaba despidiendo cuando una lágrima rodó por su mejilla, no quería marcharse.
— No llores, podrás volver cuando quieras, toma, uno de mis anillos, para que siempre recuerdes la gran amistad que tenemos. — Dijo el sr. Saturno, entregándole uno de sus anillos.
Arthur se sintió mejor, estaba agradecido. Él y Melina volvieron a casa, apenas bajaron del cohete este desapareció y en un ronroneo Melina se convirtió en una gata.
— Conocer Saturno es la segunda mejor cosa que me ha pasado en la vida, la primera eres tú Melina.
Luego de un abrazo, ambos fueron a dormir, fue una noche agotadora, pero valió la pena.
Las ilustraciones fueron realizadas con la aplicación PicsArt.
Concurso de microrrelatos fantásticos en homenaje a Antoine de Saint-Exupéry, autor de El Principito