El realismo mágico de Cortázar tuvo mucho que contar.
Pero quedó en su cabeza un mundo que realizar.
Le faltaron muchos años para al mundo mostrar.
Que dentro la realidad hay fantasía de verdad.
Como homenaje a Cortázar.
De lo fantástico en lo real.
Yo quiero empezar a trazar.
Una historia vivencial.
Cortázar me enseñó algo que ningún otro con palabras hermosas y rebuscadas me enseñó. La literatura sin estructura, sin cuerpo sin orden sin moldura, porque para él el orden no altera el producto pero si altera el final pero a la final todo es igual.
Yo no sé si tú me entiendes o quizá si yo misma lo puedo llegar a hacer, solo sé que lo memorable no cualquiera lo puede hacer.
Con algo de humildad y recelo empiezo con mi historia que es mi consuelo, que es mi amor y mi desvelo.
ASÍ EMPEZÓ LA REALIDAD.
Yo no sabía lo que hacía, solo sabía que estaba enojada y llena de ira y frustraciones, sin trabajo, en mis peores momentos hasta ese día. Oh, pero ella quería ir, como muchas otras veces quería aventurarse a un lugar desconocido en su arrebato inocente por saber. Tuve que acompañarla ese lugar, a ver quién era ese que fácilmente se ofreció a enseñarle a ella a tocar su guitarra.
Era un flaco bien pálido y muy mal parecido, pero solo porque no se arreglaba. Tan desagradable a mi vista como era repelente su actitud de “yo lo sé” cuando me daba cuenta de que apenas sabía algo.
¿Qué hago aquí?
Nada tenía sentido para ese entonces, vivía en un piloto automático que hacía todo por mí mientras mi mente estaba en otro lado. Así mi cuerpo y mi mente vivían en desdicha, pero mi espíritu buscaba otros rumbos pero sin saber a dónde ir.
Pero él notó que lo despreciaba porque todo en mi cuerpo lo gritaba. Mi voz y mis palabras bastaban si mi cara no hubiera bastado. El solo me ignoró sin ignorarme, sin yo saber cómo eso era posible.
Pasaron días, semanas y unos cuantos meses pero caí… en ese mar de su música, de su guitarra, de su mirada melancólica como la mía.
Lo desprecié aún más cuando lo sentí porque no quería sentir, acababa de salir de un mar de palabras de ese otro viejo amor. Casi lo odié, pero no era su culpa porque él nunca intentó quererme, el nunca…
Entonces en medio de ese sublime bienestar, sentí el veneno sentí la muerte lenta de mi reciente apariencia de felicidad.
Entonces no sé cómo pasó, me encontré buscándolo y él se encontró aceptando mi presencia. Yo estaba allí escuchando esa voz tan desafinada pero no estaba allí, estaba en sus ojos, estaba en su boca, estaba en su mente y él no lo sabía.
Yo iba a convertirme en su conciencia, en su deseo, en su luz verde para continuar.
Él devolvió mi ser a la tierra y me hizo querer aterrizar.
Simplemente me despido con una cita, de tu sabes dónde:
“Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”.
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