đź“–
Él caminaba a travĂ©s de los pasillos del conservatorio al que asistĂa, rezongaba frustrado contra sĂ mientras lo hacĂa.
Odiaba a todos y cada uno de sus compañeros que parecĂan ser perfectos en todo, como sacados de la edad del romanticismo, como si fuera posible. Y para colmo, lo habĂan expulsado por mala conducta en plena clase.
No hay nada que a un adolescente le avergĂĽence más que humillaciĂłn frente a sus compañeros de clase, o al menos para Ă©l era asĂ, preferĂa una humillaciĂłn en familia que delante de gente tan crĂtica como lo eran esas personas, que no perdonaban a nadie aunque fuese el primer dĂa.
SuspirĂł y saliĂł del edificio, mirando hacia atrás a cada rato, no podĂa evitarlo, era un buen chico, con buenas calificaciones y un alto sentido de la responsabilidad.
Asà era él.
Camino a su casa, pasó por una tienda comprándose un pastel de fresas para relajarse, eso era lo que necesitaba, pasó por una plaza y se sentó en una banca, era temprano, las diez a.m aproximadamente, cuando vio a una anciana paseando un gato… ¿Gato?
—¿Pero a quiĂ©n se le ocurre pasear un gato?―murmurĂł para sĂ.
Y, justo en Ă©se momento, vio algo—o alguien, más bien―que nunca habĂa visto, tal vez porque nunca se habĂa percatado o tal vez era nueva en el área.
Era… bella, a sus ojos, su cabello castaño contrastaba perfectamente con su cara angelical, su cuerpo pequeño y su mediana estatura le hacĂan pensar que era una niña.
—SĂ, eso debe ser, deber ser una niña.—pensĂł.
Era muy probable, aunque Ă©l no era mayor de edad, no querĂa arriesgarse con una niña.
Ya mucho tenĂa con todos sus problemas en sĂ. Por ello, dejĂł de mirarla. DecidiĂł irse sĂłlo por ese dĂa.
Él dejó de ir al conservatorio por unas semanas, mientras dejaba que pasara su expulsión, ahora se dedicaba a… nada, en realidad, más que leer un libro y comer pastel en la plaza donde vio a la chica linda, deseaba―aunque le costaba admitirlo—verla aunque fuese un vez más, preguntarle quién era, era bonita, muy bonita, más bien demasiado.
Y, al fingir leer “La IlĂada”, luego de varios dĂas esperando para verle pasar, ella se sentĂł a unos pocos bancos de distancia.
Llevaba un libro en sus manos y se disponĂa leer. Con la poca valentĂa que siempre solĂa tener, contĂł cinco bancos para poder verle de frente, a sus ojos color avellana tan similar a su cabello, sus manos temblaban, estaba nervioso, no sabĂa qué―
—¿Necesitas algo?―inquiriĂł ella despegando su vista de su libro. Su voz aterciopelada atravesĂł sus sensibles oĂdos, su corazĂłn latĂa. Se arrepentĂa totalmente de su decisiĂłn.
—E-eh, verás…―entonces, se percatĂł del tĂtulo del libro. —Tu libro y el mĂo tienen el mismo tĂtulo.―dijo rápidamente sin reparar en lo que decĂa en sĂ.
Ella mirĂł su libro y asintiĂł. —SĂ, tienes razĂłn.―cubriĂł levemente su boca, ocultando una sonrisa y su creciente rubor en sus mejillas, mientras veĂa al joven nervioso frente a ella.
—Y-y-y, cómo te…―tomó una bocanada de aire para poder concluir. —¿Cómo te llamas?
―Abigail, un gusto.—le tendió su mano, que él tomo cerrando sus ojos, él sudaba mares, como si fuese la primera vez que hiciera aquello. ―¿Tu nombre es…?
—¿Henry…?―ella rió de su nerviosismo y negó haciendo un ademán con su cabeza.
—Deja los nervios, no te voy a comer, ven siĂ©ntate aquĂ.―palmeĂł el asiento, Ă©l asintiĂł y se sentĂł con poca gracia que hasta parecĂa tierna. —¿Te sientes bien? No te vayas a desmayar.―comentĂł jocosa, intentando hablar de algo, hasta que notĂł unos dobleces en el libro del joven. —¿Puedo ver?―inquiriĂł señalando aquellos raros dobleces en su libro. Él asintiĂł dejándole tomar sus partituras. —Ah, eres mĂşsico, o algo asĂ, ÂżNo?
―Coralista.—suspiró. ―¿A qué te dedicas?
—¿Yo?―se señaló a sà misma. —Estudio y trabajo con mi papá, verás me acabo de mudar y…
Conversaba mucho, todo lo contrario de Ă©l, que sĂłlo decĂa lo necesario, empezĂł a conocerla, le fascinaba estar con ella, le apoyaba en lo que podĂa y Ă©l le enseñaba lo poco que sabĂa, y, aunque tenĂa aspecto, no era una niña, de hecho era unos meses mayor que Ă©l.
Y mientras Ă©l dejĂł fluir las cosas, ella tomĂł una iniciativa de besarlo en su quinta cita, Ă©l nunca se imaginĂł que en verdad el amor era lo que describĂan, algo bonito, puro e inestable.
AsĂ lo describĂa Ă©l, mientras más tiempo pasaba, más se sentĂa seguro para pedirle matrimonio, ella habĂa ido a acompañar a su madre a visitar a su familia, lo cual era normal en ellas los fines de semana, pero ella nunca volviĂł.
HabĂa tenido un accidente junto con su madre, aĂşn cuando su madre era doctora, y sabĂa los riesgos de conducir de noche, lo habĂan hecho.
A Henry le dolĂa el alma, veĂa los anillos, veĂa el libro de ella y las partituras que ella habĂa tocado por primera vez cuando se conocieron, y dolĂa, cada recuerdo, cada palabra, su risa, su canto. “Todo” se volvĂa polvo de repente cuando hacĂa un dĂa “todo” parecĂa verse tan eterno.
AsĂ de efĂmero fue el amor para Ă©l.
Ahora, cada mañana, iba a la misma plaza, con el mismo libro y las mismas partituras, para poder recordar el momento en el que la conociĂł, en el que se enamorĂł de aquella persona tan brillante que ella solĂa ser.
đź“•
aquĂ les dejo el ultimo en caso de que quieran leerlo .
aquĂ les dejo el ultimo en caso de que quieran leerlo .
La imagen es de mi autoria
Le doy las gracias por leer mi escrito.
Entre todos hay que apoyarse, asà que déjame tu ultimo post y con gusto lo veré.
◕‿◕
Que tenga un buen, lindo, maravilloso y emocionante dĂa.