Ésta es la historia de mis sueños convertidos en realidad. Cada noche, cuando me disponía a dormir, rezaba y agradecía las cosas buenas de la vida. Pedía protección para los seres que amaba, y descanso eterno para los que se habían ido. El acto seguido, como por arte de magia comenzaba a soñar con ellos, todos en un paraíso que no tenía descripción. Un lugar lleno de jardines y riachuelos que con el sonido suave del agua transitando por ellos, daban un efecto de relajación a mi sueño profundo. Era simplemente una visión maravillosa que no deseaba que terminara.
Pero despertar era inevitable, era un acto natural con el que tenía que aprender a vivir, y a la mañana siguiente me quedaba la frustración de aquella aventura inconclusa. ¿Pero cómo hacía para permanecer en ese lugar? Necesitaba dormir más horas o días. ¿Y si al dormir por largo tiempo, moría por no ingerir alimentos? Tenía que haber una manera de entrar a ese espacio y permanecer en él, y poder regresar cuando yo quisiera.
Recordé que mi hermano trabajaba en una institución de labor científica, él me podía ayudar.
— ¿Te volviste loca? No puedo creer que me estés pidiendo algo así.
Los gritos de mi hermano eran un tormento, estaba furioso. ¿Pero qué tenía de malo lo que le estaba pidiendo? Simplemente me estaba ofreciendo para ser el conejillo de Indias del proyecto de máquina del tiempo que se estaba construyendo en su sitio de trabajo, y él no quería.
— ¿Y si algo falla? No Violeta, es mucho riesgo, yo no puedo garantizarte que ese aparato sea seguro.
— No importa, yo asumo las responsabilidades, soy adulta.
Nada me sacó de mi decisión, y el experimento se llevó a cabo el día pautado. Mi hermano estaba aterrado, sentía un profundo escalofrío por todo el cuerpo, como una especie de presentimiento. Yo lo miré a los ojos con ternura porque sabía lo que sentía, pero él debía entender mi deseo de buscar ese lugar en el tiempo y ver a nuestros padres, y demás seres queridos que partieron. En mis sueños, ellos me manifestaron que ese lugar existía y era hermoso.
La máquina del tiempo comenzó a funcionar después que me indicaron lo que debía hacer. Marqué con las agujas de un reloj, el momento de salida y el momento de retorno. Puse el tiempo máximo permitido, y pulsé el botón de inicio. Era maravilloso, fue un viaje veloz, pasé por muchos lugares, dimensiones, todo era mágico, y repentinamente, allí estaba aquel riachuelo de mis sueños, los jardines, los árboles, papá, mamá, estaban todos, me recibieron con los brazos abiertos, me abrazaron muy fuerte. Era mi sueño hecho realidad, la máquina de mis sueños me había llevado nuevamente a los seres que habían partido, pero no sabía cuánto iba a estar allí. Qué más daba, no importaba eso, aprovecharía todo el tiempo que pudiera.
Los días iban pasando, la máquina del tiempo se quedó estacionada en el punto de partida, no se movió más la aguja ni me regresó al lugar de origen. ¡Qué extraño! Algo debió descomponerse y seguramente mi hermano y los demás científicos estaban reparando el daño.
Aquel día de lluvia, muchos paraguas amparaban a los presentes, el párroco de la ciudad rezaba las últimas oraciones para darle cristiana sepultura a Violeta. Ella, sin imaginarlo, había alcanzado su sueño.
Autora: Ana C. Rivero Foucault
FUENTES DE IMÁGENES:
Mujer - Pixabay
Máquina del tiempo - Pixabay