La edificación era antigua, fue inaugurada entre los años 70 y 80, y era la atracción del lugar. Todos se daban cita para visitar aquel club que funcionaba tanto de día como de noche. Los niños jugaban en él los fines de semana, se divertían en el área de juegos y la piscina, y los adultos pasaban buenos momentos en el salón principal, entre amigos, tomando tragos y comiendo, riendo y contando historias.
Y una sombra cubrió de negro aquel recinto de celebraciones. El dueño murió en extrañas circunstancias. Apareció en su oficina privada en la parte superior del club, sobre un charco de sangre, pero no tenía heridas por ningún lado. Cuando examinaron la sangre, era de un animal, pero la mancha era tan perfecta, parecía que emanaba de él. No se determinó el motivo de la muerte, y tampoco la procedencia del charco de sangre.
Los miembros del club dejaron de ir, el lugar poco a poco fue quedando abandonado, y luego se supo que había entrado la construcción en un pleito legal que jamás se resolvió. Cerraron sus puertas, colocaron inmensos candados en las rejas, y nunca más iluminaron el lugar. El vandalismo violó los candados y hurtó del lugar las cosas de valor que quedaban, con el tiempo el techo se fue deteriorando y las paredes igual, la humedad hizo estragos. La vegetación comenzó a apoderarse de los alrededores, incluso, plantas enredaderas crecieron en su interior.
Ya de aquel sitio que había sido el más popular y concurrido, no quedaba nada. Se encontraba en completo abandono, y comenzaron a surgir las leyendas urbanas. Se escuchaban voces, se veían sombras, se percibían lamentos, y cuando revisaban, no había rastros de ningún humano dentro de él. Todos decían que era el espíritu del dueño que venía a cobrar venganza por su asesinato. ¿Pero cuál asesinato? Si nunca se determinó qué había sucedido realmente, se habló de un ajuste de cuentas por dinero, deudas, etc., pero eso tampoco se pudo vincular con su extraña muerte. Siempre quedó la duda de la sangre en el sitio.
Lo que si era cierto, y muchos testimonios lo confirmaron, era que los lamentos y visiones de madrugada ya muchos lo habían percibido, y aun así, la curiosidad obligaba a acercarse al lugar para comprobarlo. El más cercano, fue una señora que acostumbraba a caminar en las noches con su hija, y pasaban frente al lugar. Pudieron ver dos luces altas como dos ojos brillantes en medio del salón principal. Todo estaba oscuro allí dentro, por lo que podían apreciar cualquier reflejo en medio. No era una persona, porque los dos ojos brillantes llegaron a elevarse a una altura que ningún humano podría tener, y luego se desvanecieron en el aire.
Ambas mujeres corrieron despavoridas y narraron lo que vieron, y así poco a poco fueron aumentando las historias sobre el sitio, pero tanto las visiones y lo que escuchaban, no pasaron de ser testimonio, nada comprobado, y quedaron tan perdidas en la historia como la muerte del dueño.
Autora: Ana C. Rivero Foucault
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