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La humanidad no opina, simula no creer en la resurrección de estos seres, pero ¿quién los ha levantado de sus tumbas, Dios o el diablo?
Después de concluir el noveno semestre de mi carrera, pensé que sería bueno tomar unas vacaciones y visitar la granja que mis padres habían comprado. Imaginaba cómo era vivir con animales y trabajar como agricultor. Los primeros días en la propiedad, me costó adaptarme al calor y a los insectos que me masacraban, pero luego todo fue más cómodo. Poco a poco fui aprendiendo, aunque luego me percaté de que algo raro pasaba, porque siempre a las 6 de la tarde mis padres cerraban todo y tenían como regla no salir. Obviamente me pareció ridículo porque yo acostumbraba a observar las primeras estrellas.
Una mañana vi a mi padre salir del establo muy nervioso, aseguró la puerta y mientras volvía a la casa sus ojos parecían salirse de las órbitas.
— ¿Pasa algo padre? Te ves muy extraño.
— Tranquilo Jones, estoy bien, voy al pueblo, ¿vienes?
— No, saldré más tarde, otro día.
— Ok Jones.
Esperé ver la polvareda que dejaba su camioneta, luego me dirigí hacia el establo. Era imposible acceder sin la llave, miré por las aberturas y me pareció ver algo moverse ahí dentro. Entonces subí al techo, levanté una lámina e ingrese. Al principio no vi nada anormal, pero más adelante estaba un caballo degollado.
— ¿Qué demonios ha pasado? —exclamé.
Intenté retroceder, pero me arrastraron y quede inmovilizado por una fuerza sobre natural que me dominaba.
De repente, sentí frío y de las sombras surgieron misteriosos ojos rojos que decoraban un rostro pálido. Su boca estaba revestida de un color que no distinguí y se destacaban unos horrorosos colmillos. Se aproximó y apretujó mi cuello con tanta fuerza que consideré que mis ojos estallarían, abrió su boca y me preparé para sentir el mordisco, cuando de repente aparecieron mis padres y el vampiro los atacó.
Me llamo Jones, y soy un sobreviviente, fui condenado a 50 años por la muerte de mis padres. Jamás creyeron que el asesino fue un vampiro.