Me balanceo sobre mis emociones,
Trepo y me sujeto a mi propia tela de juicio.
Me sigue una mirada expectante,
Esperando ver el progreso,
Atenta a ver el fracaso.
Un alma magnánima imposible de complacer,
Se cierne con todo el peso de su ligero cuerpo
En el trono impoluto de los Alpes de mi consciencia.
Es una dama de mirada severa,
Los ojos negros, la presencia densa.
No aplaude éxitos,
No le es suficiente ningún logro.
Es una divinidad glotona,
Cubierta de un velo oscuro.
Siempre tiene ideas de más,
Expectativas de más,
Opiniones de más,
Visualiza más allá.
No puedo calmarla, callarla o complacerla.
Solo he aprendido a cerrar la habitación de su majestad,
Cuando sus ambiciones arden en llamas con ella.
Ya intenté matarla una vez, y dos, y tres...
Pero cuando la enfrente y nos vimos,
Reflejadas cual espejo,
Decidimos convivir en paz.
La complazco hasta donde puedo,
Ella intenta no quemarlo todo
Cuando no sale como quiere (cuánto puede),
Vivimos en un eterno acuerdo,
Porque su majestad soy yo.
Y tras tanto dolor
y quemar por dentro
Todas las oficinas de mis opiniones para conmigo,
Encontramos la catarsis,
Que si bien no es constante,
Espero sea atemporal.
No sean su propio yugo. A veces es mejor hacer treguas con uno mismo y no ser tan duro y exigente. Dando lo mejor, pero sanamente.
¡Esto ha sido todo por hoy! Espero que les haya gustado. Un abrazo enorme Hivers. ¡Hasta un próximo post!.