No abandones.
Solemos olvidarnos del objetivo,
una vez que abandonamos la línea de meta.
Solemos tirar la toalla,
y abandonamos,
antes de siquiera empezar la batalla.
Es como si estuviésemos dispuestos,
a sabotear las promesas,
que nosotros mismos hemos hecho.
Sin pensar en nuestro yo del mañana,
solo pensamos en vivir este momento.
Pero a veces debemos sacrificar un poco,
a veces debemos poner de nuestra parte,
vencer la apatía, el dolor, el miedo,
hacerle frente a eso que no nos deja seguir adelante.
No te rindas, por favor, continua.
Persigue tus sueños con los ojos abiertos.
Demuéstrate a ti mismo que puedes hacerlo,
mantén siempre viva la llama del deseo.
Y después, mucho después.
Cuando mires atrás, recordaras el instante,
en el que te rendías, en que no podías.
Y te sentirás entonces en tu mejor momento.
Y agradecerás a tú yo del pasado,
por permitirte disfrutar este sentimiento tan intenso.