CLÁSICO Y DURADERO
Si tuviese la habilidad
como el amigo
escribiría un bonito romance
o un soneto bien rimado,
consonante o asonante,
un buen clásico y duradero.
Un clásico y duradero bien rimado
escribieron mis admirados
poetas del siglo de oro:
Francisco de Quevedo
y su rival Góngora,
Garcilaso de la Vega y Lope también
y los grandes poetas místicos
Santa Teresa y San Juan de la Cruz,
y el buen fray Luis de León:
"Vivir quiero conmigo
Gozar quiero del bien que debo al cielo.
A solas, sin testigo,
Libre de amor, de celo,
De odio, de esperanzas, de recelo..."
Los románticos españoles
Becquer y Espronceda
y el gran Rubén Darío
retomaron la tradición
de buena rima y quejío,
escribió el poeta nicaragüence:
"Yo supe del dolor desde mi infancia,
Mi juventud...¿Fue juventud la mía?
Sus rosas aún me dejan su fragancia,
una fragancia de melancolía."
En tiempos contemporáneos
España también nos dio
un rimador extraordinario
que llevaba también mi apellido,
el gran Federico García Lorca,
quien remozó los antiguos romances
y los hizo contemporáneos.
En mi tierra los buenos rimadores
los encuentras en el Llano,
contando sus romances y penas
y el amor por su terruño
con arpa, cuatro y maracas;
el verso clásico y duradero, pues,
no ha muerto,
allí sigue vivito y coleando.
La rima a mí no se me da
aunque me gusten los clásicos
y los relea cada tanto,
mi verso es libre y soltero
su ritmo no busca rima
aunque a veces la pilla
sin darse mucho la cuenta.
Un buen clásico, señores
es para mí un deleite,
que pone a cantar el idioma
y que disfruta la gente.
Beatriz Alicia García N.