¡Hola, gente de internet! Hoy les traigo una nueva historia, es más como una creepypasta. Espero que les guste jeje.
Asuna se encontraba hablando por videollamada con uno de sus compañeros de clase, hacía algunos días que Yurika-chan no había asistido a clases y eso les estaba preocupando.
No respondía los mensajes ni las llamadas, ni de familiares, amigos y tampoco de la universidad. Siendo una chica tan amable y sociable, era extraño ese comportamiento de parte de la muchacha.
Lo último que les quedaba era que alguien se apersonara al apartamento de Yurika, misión que le había sido encomendada a Asuna y justo en ese momento hablaba con su amigo antes de partir a la casa de su amiga.
—Se corre el rumor de que enloqueció y otros dicen que un demonio la acosa. La cosa en la universidad está que arde y el silencio de los profesores no ayuda —comentó Ichiro.
—Son tonterías, probablemente Yurika-chan solo colapsó debido a la proximidad de los examenes —dijo mientras se frotaba los ojos—. En fin, hablamos luego, debo ir a su casa.
—Esta bien, hasta luego, cualquier cosa que pase, avisame.
La muchacha colgó la videollamada y se volvió en su silla, desperezándose.
Llovía copiosamente, así que Asuna se cambió de ropa por una más abrigada y salió sombrilla en mano, rumbo a la estación de metro para ir a casa de su amiga.
No tardó en llegar a su destino. A medida que caminaba por las calles circundantes al hogar de Yurika, se sentía más triste, el barrio donde su amiga vivía era deprimente, más aún bajo la copiosa lluvia.
Una vez que llegó al edificio, subió las escaleras y caminó hasta el apartamento de Yurika. Se apresuró a tocar el timbre.
Duró varios minutos hasta que volvió a tocar. cuando ya iba a desistir e iba a llamar a emergencias, se abrió la puerta, aunque no del todo, la cadena del seguro le impedía a la puerta abrirse por completo. Yurika se asomó por el pequeño espacio, parecía asustada.
Asuna le sonrió y se acercó más a la puerta.
—¡Hola Yurika chan! Gracias a Dios estás bien, todos hemos estado preocupados por ti... ¿te encuentras bien?
Asuna se dio cuenta de que algo no andaba bien. Yurika se limitaba a observarla de pies a cabeza y miraba por sobre su hombro de forma nerviosa, poniéndose de puntillas ya que era un poco más baja que Asuna. También se veía muy pálida y tenía ojeras marcadas.
Finalmente, Yurika asintió, pero no dijo nada, continuó con su vigilancia.
—¿Puedo pasar? —le preguntó Asuna, observando a su amiga. Yurika se lo pensó un rato y finalmente asintió, cerró la puerta para destrabar la cadena, la abrió y se hizo a un lado para dejar pasar a Asuna.
Apenas entró se dio cuenta de que algo andaba muy mal. Las ventanas tenían las persianas abajo, solo lograba colarse algo de luz a través de algunas rendijas. Cuando Asuna se acostumbró a la penumbra, comprobó que la falta de luz natural era el menor de los problemas. Había ropa, cajas de pizza, recipientes vacíos de ramen desperdigados por el tatami, en una de las esquinas de la sala había una lampara de aceite a muy bajo nivel de luz, en la otra esquina, un altar shinto al que su amiga se apresuró a ir para encender incienso. La habitación tenía olor a polvo, descomposición, humedad e incienso, todos los olores mezclados eran insoportables, no entendía como Yurika podía vivir asi.
—¡Yurika-chan! ¿Qué es lo que pasa aquí? ¡Oh Yurika! ¿Qué pasa? ¿Qué está mal en tu vida?
—Desde que tuve el accidente y desperté del coma, los veo, están por todas partes, la única habitación en la que no están es en ésta por el altar, pero... los escucho, los veo asomarse desde las otras habitaciones para aterrorizarme...
Yurika había tenido un accidente en la universidad al caerse aparatosamente por las escaleras, y había pasado un par de semanas en coma. Desde su reincorporación a la universidad, los problemas habían empezado. Asuna pensó en los rumores y quiso indagar.
—Se más especifica, Yurika-chan. ¿Qué es lo que ves?
—Espectros... los escucho susurrar a través de las paredes, los veo por la calle, en la universidad, y en las otras habitacones... en el umbral está observándonos una mujer —dijo mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas e instintivamente Asuna miró hacia atrás.
Pese a que Yurika enfocaba su vista en algo en el umbral y lloraba y temblaba de miedo, Asuna no lograba ver nada, lo que no precisamente la tranquilizaba.
—Está susurrando cosas horribles... —dijo y empezó a llorar de forma histérica.
Asuna se armó de valor y se puso de pie y decidió salir a la habitación contigua (una vieja sala de tv con un armario para los platos), debía llamar a Ichiro, a algún otro amigo o a la universidad, estaba claro que Yurika no estaba bien... pensó que llamar a la policía sería lo ideal ya que ellos se harán cargo y llamarían a los familiares de la muchacha.
Sin más llamó y explicó la situación, alegando que su amiga parecía no estar en plenas facultades mentales y que era preciso que se apersonaran para poder tomar cartas en el asunto, ya que no sabía si su amiga reaccionaría con violencia al intentar sacarla de la habitación.
Al terminar la llamada, y tras un suspiro triste, Asuna posó su mirada en el armario que estaba ligeramente abierto, caminó hasta él para cerrarlo y soltó un grito desgarrador, algo estaba mirandola desde el armario.
En el alboroto, Asuna tropezó las puertas del armario que se abrió del todo y la chica intensificó sus gritos, lo que la miraba se trataba del cadáver de alguien. Con los ojos abiertos con una expresión indesifrable. Todo el cuerpo estaba cubierto por una tela blanca a excepción del rostro y un listón rojo ataba el manojo de tela.
Asuna aterrada, reaccionó encendiendo la linterna de su teléfono para poder ver bien a dónde iba, y decidió correr hasta la salida, sin dudas ya más o menos sabía lo que le pasaba a Yurika-chan. Un escalofrio recorrió su espalda cuando se dio cuenta de que ya no oía llorar a Yurika. Se asomó a la sala y no vió ahí a la chica, pero el altar Shinto estaba en el centro de la sala y había muchas velas encendidas. Con miedo caminó hasta el Genkan para calzarse y salir, sin embargo, cuando abría la puerta haciendo el menor ruido, sintió un dolor agudo en la espalda que le impidió respirar con normalidad.
—Lo siento mucho, Asuna-san, ella me pidió un ritual para dejarme en paz, todos ellos se callarán si les hago un ritual —dijo Yurika susurrando mientras Asuna caía al suelo y la muchacha la arrastraba a la sala del altar, tomándola del cabello.
Cuando la policía arrivó al apartamento de la joven estudiante, encontraron a Watanabe Yurika ataviada con un kimono de funeral, danzando alrededor de un altar shinto, llevando en las manos los pulmones pertenecientes al cadáver que yacía en el suelo reconocida como Sakumo Asuna.
Al ser arrestada, Yurika (que parecía ausente de la realidad que la rodeaba) simplemente canturreaba y sonreía con suficiencia.
—Libre, libre, al fin soy libre.
Sin lugar a dudas lo que le pasaba a Yurika-chan era que había perdido la cabeza hace mucho y de hecho fue sentenciada a residir en un hospital psiquiatrico por el resto de sus días.
Bueno, gente, esto ha sido todo por el post de hoy, espero que les haya gustado. Muchas gracias como siempre a todos los que apoyan mi trabajo, y gracias a los nuevos lectores. Mil abrazos y ya nos encontraremos en otro post.
Las imágenes de portada y despedida, las realice en el editor Canva. El logo lo hice en la siguiente pagina: