La novela contiene narración gráfica de asesinatos e imágenes fuertes, por lo que se recomienda discreción. Apto para mayores de edad.
—¿Qué acabas de decir? —preguntó Wyatt, abriendo los ojos con asombro.
—¡Shhh! Ya hablaremos a puerta cerrada después —dijo Benedict, pálido como estaba.
Una que vez llegaron a la casa de Benedict, ambos se encerraron en la habitación de éste.
—Ahora sí, cuenta todo, no te guardes nada —dijo Wyatt cerrando la puerta. Afuera comenzó a llover, propio de otoño.
Su compañero le contó con detalles la visita a la casa de Nicolai Petrov, mientras Wyatt fruncía el entrecejo. Se notaba asustado, la verdad, la historia sonaba a libro de terror.
—Ben... sabes lo que significa, ¿no? ¡Julieth Horan corre un serio peligro!
—Claro que lo sé, pero no tenemos ninguna prueba de lo que sabemos, es mi palabra contra la suya, no tenemos nada ¡Ese desgraciado! —dijo Benedict, pateando un taburete con fuerza, notablemente frustrado. Tenía tanto que asimilar.
—Hay varias cosas raras: el hecho de que el servicio actuara tan extraño y pareciera enfermo, la posible bipolaridad de Nicolai Petrov, el cementerio...
—¡El cementerio! ¡Wyatt, el cementerio! —exclamó Benedict buscando su libreta—. Quiero corroborar algo.
Benedict buscó las anotaciones mientras enumeraba con los dedos, luego se quedó mirando a Wyatt con asombro.
—El número de estatuas concuerda con el número de víctimas —susurró—, y no sé si las demás corresponden a la mitología griega, no pude ver con claridad, pero reconocí en una de ellas a Medusa...
—Como en el caso de Katelyn Grandchester —dijo Wyatt, sintiendo escalofríos—. ¿Estás seguro, Ben?
El hombre asintió.
—Suponiendo que sea bipolar... los rasgos de esa enfermedad no se pueden controlar a voluntad, así que ¿por qué siempre actúa normal en sociedad? —preguntó el detective.
—Bueno, esa respuesta podría dártela un psiquiatra forense, pero lo que sé es que ese hombre no es normal. Por otra parte hay que seguirle la pista a ese tal Adelphos, que descubrimos entre la lista de compradores de la perfumería, ése puede ser el cómplice.
—Vamos a organizarnos. Primero que todo debemos descubrir quién es ese tal Adelphos, luego intentar conseguir una orden de allanamiento a la casa de Nicolai Petrov...
—Eso no será sencillo, es un pez gordo y nuestras «pruebas» son circunstanciales. Ningún juez nos firmará una orden —dijo Wyatt mirando el fuego de la chimenea.
—Aunque probablemente el jefe Lancaster tome en cuenta mi declaración e interceda ante el juez para que emita la orden. Deberíamos manejar el asunto con suma discreción para evitar que se filtre la noticia y que llegue a oídos de Petrov.
—¿No se supone que el propietario tiene que estar al tanto de que se revisará su propiedad? —preguntó Wyatt.
—Sí, pero una vez tengamos la orden, iremos a la casa con los policías sin llamar la atención de los ciudadanos o de cualquiera que pueda alertar a Petrov. Le notificaremos sí, pero una vez que estemos en su propiedad, para evitar que destruya pruebas.
—En cuanto al «regalo» que iba a darte, me imagino que era la muerte de esta muchacha de hoy, ¿no?
—En efecto, siento que El Noctámbulo, con las primeras víctimas probaba suerte, actuaba con cautela y miedo de ser descubierto, pero fue confiándose cada vez más, haciendo escenas del crimen más elaboradas. Pero esta última víctima, sospecho que la mató a las prisas o mandó a matarla con su cómplice mientras él y yo conversábamos, posteriormente... la arrojaron en la avenida en el puente. Es obvio que quería que la vieran rápido, con la clara intención de que cuando yo pasara por el lugar, me detuviera... pero ¿cómo lo hizo?... hasta ahora solo puedo hacer conjeturas.
—¡Es un enfermo! —se quejó Wyatt.
—Ya mañana nos pondremos a trabajar en todo esto, creo que deberíamos intentar descansar, la verdad, estoy agotado física y mentalmente —confesó Benedict.
Ambos jóvenes se despidieron y Wyatt se marchó rumbo a su casa. Cenó con sus padres, habló de temas agradables para no preocuparlos y posteriormente se fue a la cama.
No podía dormir e imaginaba que Benedict estaba igual, así que se levantó y se puso el albornoz.
Afuera, en el jardín trasero, se veía claramente las nubes moviéndose producto del fuerte viento, por lo que, en el césped se dibujaban patrones intermitentes de luz de luna, además de sombras.
Wyatt se quedó de pie junto a la ventana, mirando el cielo, cavilando acerca de todo lo que debían hacer la siguiente mañana él y Benedict. Lo prioritario sería encontrar una orden, pues, seguramente dentro de la casa, encontrarían todo lo que necesitaban, sobre todo la relación de ese Adelphos con el mismo Nicolai.
Por lo que le había contado Benedict, Wyatt tenía la certeza de que los empleados del hombre le tenían miedo, pero el estado lamentable de su apariencia no podía deberse a otra cosa más que malnutrición o algún tipo de drogas, no era posible que estuviesen tan bien controlados solo por miedo.
Un gritó aterrador lo hizo sobresaltarse y su instinto protector lo hizo correr en esa dirección.
—¡Joven Jones! ¡Joven Jones! —gritaban en el pasillo siguiente.
Wyatt llegó con el corazón a mil, los gritos provenían del cuarto de sus padres. El señor Jones abrazaba a su esposa para protegerla mientras corrían al encuentro de su hijo.
El joven observó una sombra que se lanzó a perseguirlos pero el intruso, al saberse descubierto por él, se detuvo y dio media vuelta.
Esto era personal, ese individuo había intentado hacerle daño a sus padres y se las iba a pagar.
Wyatt corrió en dirección a la figura oscura con asombrosa rapidez.
—¡Wyatt, regresa aquí! ¡Wyatt! ¡Cariño no lo dejes ir! ¡Wyatt! —gritaba la señora Jones, desesperada.
El joven detective tomó una charola ornamental de una mesita del pasillo y la arrojó, acertándole en la espalda al intruso. El agudo dolor lo hizo detenerse el tiempo suficiente para que Wyatt lo derribara de una patada.
Lo golpeó lo suficiente para poder someterlo y lo arrastró semiinconsciente hasta el pasillo del cuarto de sus padres, donde ya estaban los guardias de la casa acompañados de varios empleados custodiándolos. Varios de los guardias venían a prestarle apoyo, y lo ayudaron a cargar con el perpetrador.
—¿Estás bien, cariño? —preguntó su madre examinándolo. Wyatt asintió, tomando aire.
—Está bien, mujer, solo está despeinado y sudoroso, nuestro muchacho es fuerte.
—¡Maldita sea la hora en que le permitimos ser detective! —se quejó la señora Jones.
—Estoy bien, madre. Tengo asuntos que atender. ¡Vuelvan a la cama! Tengo una misiva que enviar al jefe Lancaster.
Wyatt esposó al hombre y sus guardias se encargaron de vigilarlo en tanto él escribía una carta, solicitando una orden de aprensión para el desconocido, y también su interrogatorio para ese mismo día, en cuanto amaneciera.
La policía de Londres, llegó a la propiedad para llevarse al perpetrador, y Wyatt fue al cuarto de sus padres con la intención de cuidarlos, no estaba tranquilo dejándolos solos de nuevo.
Al final, se quedó bebiendo unas copas de brandi con su padre, mientras la señora Jones yacía profundamente dormida.
—Bradley Walsh ¿Y bien? —preguntó Wyatt luego de echarle un vistazo a una carpeta que tenía en las manos (el hombre tenía antecedentes penales) sentado frente al perpetrador en la sala de interrogatorios.
Benedict estaba parado junto a la puerta de la sala, mirándolos.
—Se supone que... que solo tenía que darles un susto, solo eso, ¡lo juro! —dijo el hombre casi perdiendo los estribos.
—Un susto... pero eso no es lo que yo vi, ibas tras mis padres y para saltarte así la seguridad, no debes ser cualquiera —dijo Wyatt.
—Tres cargos por asalto en bancos en Yorkshire... No me sorprende que se saltara la seguridad de tu casa, Wyatt —intervino Benedict.
—¿Por qué lo hiciste? —preguntó Wyatt mirando fijamente al hombre.
—Me... me contrataron para, para amenazar a su familia dado a que el señor Fletcher no tiene a la suya aquí... como una especie de... de advertencia para que desestimaran el caso.
Ninguno de los dos detectives tenía dudas de quién lo había contratado, pero debían hacerlo hablar, aunque por lo cobarde que había resultado el tipo, eso sería pan comido.
—¡Al grano! ¿Quién te contrató? —preguntó Wyatt con voz determinante.
El hombre guardó silencio y Wyatt lo apremió a hablar un par de veces. Hasta ese momento había mantenido la calma, pero terminó perdiendo la paciencia.
—¡Te metiste con la persona equivocada por encubrir a un tipo que será colgado en breve! —dijo Wyatt levantándose de golpe y azotando la mesa con las palmas de las manos, recargándose en ella—. Más te vale hablar o...
Benedict se separó de la pared, tomó a Wyatt del abrigo y lo sacó de la sala.
—¡Cálmate y luego vuelves! —le dijo y cerró la puerta.
Caminó tranquilo hasta el asustado detenido y se recostó de la mesa.
—Creo que te conviene hablar, amigo. El detective Jones se ve afable, pero ya ves que no conviene hacerlo enojar, tiene contactos por todo Londres así que hables o no, dará con la respuesta a través de sus informantes y a ti te irá peor, de modo que, mejor ahórrale el trabajo y dile lo que quiere oír, dale las respuesta que busca. Por las buenas él suele ser bueno, pero por las malas...
En cuanto Wyatt azotó la mesa y se puso histérico, Benedict entendió perfectamente lo que pretendía, hacer la vieja pero confiable estratagema del policía bueno y el policía malo, así que entendiendo la intención de su amigo, le siguió el juego.
—¿Hablarás? ¿Llamo al detective Jones? —preguntó Benedict. El hombre asintió.
Fletcher caminó a la puerta y la abrió.
Afuera estaban varios policías, el jefe Lancaster y el mismo Wyatt esbozando una sonrisa de satisfacción.
—El hombre hablará, detective Jones —dijo Benedic.
Wyatt frunció el ceño y entró como un bólido, tomó la silla, la giró y se sentó poniendo los brazos en el respaldar.
—¿Y bien? ¿Quién lo contrató y con qué fin? —preguntó Wyatt.
—Ni... Nicolai Petrov, no me dijo su nombre y el día que hablamos llevaba una capucha sobre la cabeza pero, reconocí su voz porque le he servido de «espía» antes. Las otras ocasiones me contrató sin intentar ocultar su identidad, imagino que era solo porque sus intenciones eran más claras, únicamente averiguar cosas sobre las familias nobles de la ciudad y la alta sociedad. Eso fue cuando recién llegó a la ciudad, sin embargo esta vez, me pidió matar al menos a uno de los padres del detective Jones....
—Continúe —lo apremió Wyatt, mientras Benedict tomaba notas de la declaración.
—Yo le dije que sí, solo por el dinero que ofreció pagarme. Dijo que me daría la mitad en ese momento y la otra cuando terminara, pero yo no tenía intenciones de matar a nadie, solo les daría un susto, me diera la otra mitad o no, al menos ya tendría parte del dinero.
—Bien —Wyatt le extendió unas hojas y una pluma—. Haga una declaración de puño y letra de todos los acontecimientos desde que conoció a Nicolai Petrov, y al final de ésta, coloque su firma. La colaboración que preste a la policía londinense será tomada en cuenta para su juicio a la hora de su sentencia.
Ambos jóvenes salieron de la sala.
— Ya oyó, Jefe — dijo Wyatt—, ahora no solo contamos con la declaración del mismo Benedict, sino de otro hombre. Con ese par de declaraciones tendremos suficiente para una orden de allanamiento en la residencia de Nicolai Petrov. Hable con el fiscal para que gestione con un juez la orden, tenemos premura con eso debido a que, como sabe, ese lunático intenta casarse a toda costa con Julieth Horan a quien ya amenazó e intentó atacar una vez.
—Quede tranquilo, detective Jones, nos encargaremos —soltó Lancaster palmeando la espalda del joven asiático—. ¡Buen trabajo, muchachos!
Nicolai esperaba notablemente enfadado en el vestíbulo de los Horan.
—¡Nicolai! —saludó Dominic con los brazos abiertos mientras bajaba las esclareas.
—¡No vengo por las buenas, mi Lord! —dijo el hombre apoyándose en el fino bastón que tenía en la mano—, tampoco daré rodeos. ¿Quería verme la cara de estúpido?
—¿A qué te refieres, muchacho? —preguntó contrariado Dominic.
—No se haga el inocente ¡Su hija tiene amoríos con un florista mientras yo soy el hazmerreír de toda la ciudad! —dijo el hombre mirando fijamente a su interlocutor.
—Eso era antes de... —intentó argumentar Dominic, aterrado de que el tan buscado compromiso con el ruso se deshiciera.
—¡No puedo tolerar ese comportamiento! ¡Declino mi compromiso con su hija! —dijo el hombre.
—¡No, Nicolai! ¡No hace falta! —dijo Dominic cada vez más preocupado.
—¿Que no hace falta? ¿Cómo qué no? ¿Quién o qué me garantiza que aunque nos casemos, su hija no correrá a la mínima oportunidad a los brazos de ese pobre diablo?
—Adelantaremos el compromiso y por consiguiente la boda —dijo Dominic, y Nicolai lo miró como si no diera créditos a sus oídos.
—¿Y en qué ayuda eso? ¿A que me abandone más pronto? —preguntó con una mezcla de burla y enfado.
—¡No! Es decir, usted dijo que tenía varias residencias en varios países, luego de casados podrían irse ambos a Italia por ejemplo. Nosotros los visitaríamos, no tendríamos que cancelar el compromiso ni la boda y alejarías a mi hija de ese indeseable —soltó Dominic a la desesperada.
Nicolai se lo pensó por un rato y finalmente lo miró.
—Para pasado mañana quiero la fiesta de compromiso. Será en mi residencia y la boda para dentro de una semana y hasta entonces, Julieth es su responsabilidad, así que más vale que no se encuentre con ese imbécil nuevamente o todo quedará disuelto. Se lo advierto, Dominic —dijo el hombre seriamente.
—Así será, Nicolai, no te preocupes —dijo el señor Horan y soltó un suspiro de alivio cuando tras una cabezada, Nicolai salió por la puerta principal con su acostumbrado garbo.
Hasta aqui el capítulo. Espero que les guste, ¡ya casi estamos al final del libro!
La imagen de portada y despedida, las diseñé en el editor Canva.