La novela contiene narración gráfica de asesinatos e imágenes fuertes, por lo que se recomienda discreción. Apto para mayores de edad.
A la mañana siguiente, Benedict y Wyatt se reunieron en el despacho del primero como de costumbre, para discutir lo acontecido la noche pasada.
—Había dos personas, Nicolai y su cómplice —dijo Benedict repasando los hechos —Nicolai claramente era con quien yo hablaba (me baso en el tono de su voz), entonces... ¿quién era el otro individuo?
—Un familiar tal vez, noté que intentaba fingir su voz porque no sonaba natural, aun así, guardaba similitud con la voz de Petrov —apuntó Wyatt—. Creo que el modus operandi de Petrov es ir con este cómplice en la retaguardia, hacer sus fechorías y que éste intervenga cuando las cosas se ponen difíciles, como cuando lo perseguiste en tu primer encuentro con él, si no me equivoco.
Benedict asintió pensativo, todo aquello tenía mucho sentido.
—Lo teníamos acorralado de cierta forma y entonces su cómplice tuvo que actuar, lo que no contaba era con que supieras artes marciales, digamos que... se metió con el tipo equivocado —comentó Fletcher con una ligera sonrisa.
—Yo tampoco contaba con que él tuviese un arma de fuego —dijo Wyatt parándose junto al ventanal y mirando la suave lluvia a través del cristal—. Tengo una hipótesis que espero se vuelva una teoría en la revisión de esa mansión. El día que salga la orden de allanamiento, deberíamos acordonar la zona aledaña a la casa de Petrov, solo por si acaso.
—¿Y cuál es esa hipótesis? —preguntó Benedict.
—Si tengo razón en mis conjeturas, ya te diré de qué se trata.
Tal como había aconsejado Wyatt, en cuanto fueron notificados que tenían la orden de allanamiento para la residencia de Nicolai Petrov, la policía, en la más absoluta discreción, se puso a patrullar la zona para evitar que el hombre escapara en caso de haberse enterado del allanamiento antes de que ocurriese. El mismo tendría lugar al día siguiente durante su fiesta de compromiso.
En el tan esperado día, Wyatt y Benedict, habían pasado toda la mañana y parte de la tarde montando guardia en una esquina de la vivienda de Petrov, vigilando todos los carruajes que entraban y salían a propósito de la fiesta. Cada uno de ellos era inspeccionado antes y después de salir de la residencia, unas calles más allá.
—¿Tienes hambre? Toma, traje comida —dijo Wyatt.
—¿Qué es eso? —preguntó Benedict con cara de confusión.
—Una bola de arroz, Onigiri se llama en mi natal Japón —dijo Wyatt aún con el brazo extendido, luego empezó a bajarlo y añadió, notablemente ofendido por la cara de su compañero—: pero si no te da la gana, no te la comas.
—¡Dame! ¡No te enfades! Simplemente nunca había visto algo así —dijo Benedict, tomando la bola de arroz.
Wyatt se encogió de hombros y se asomó por la ventana luego de darle una mordida a su Onigiri. Benedict lo imitó.
—Creo que ya están presentes casi todos los invitados y supongo que Nicolai estará bastante ocupado, de modo que probablemente podremos hacer la revisión sin inconvenientes —dijo Benedict.
—Terminemos de comer para ir —propuso Wyatt.
Así pues, ambos detectives se encontraban un rato después caminando hacia el interior de la propiedad, con un grupo de policías siguiéndolos y Thomas Lancaster que se notaba un tanto nervioso (Benedict pensó que quizá recordaba la carta que había recibido otrora de El Noctámbulo). Algunos invitados que estaban en los jardines, los miraban con curiosidad al pasar.
—Wyatt y yo somos los únicos autorizados para procesar las escenas, por consiguiente, revisarán todo y si hallan algo extraño o fuera de lugar, deberán mandarnos a llamar —dijo Benedict al grupo de policías que estaba dividido en dos escuadrones, los que revisarían dentro de la casa y los que lo harían fuera.
—¿Puedo ayudarles en algo, señores? —preguntó una voz tras Benedict. Era el mayordomo que le había atendido en su anterior visita a la mansión, en esta ocasión, estaba visiblemente mejor de aspecto que la última vez.
—Sí, entréguele esto a Petrov y que él decida si quiere seguirnos o prefiere atender a sus invitados —dijo Wyatt entregándole la orden al hombre mientras hacía señas a los policías para indicarles a donde deberían ir a inspeccionar.
El mayordomo leyó escuetamente el documento y salió rápido en busca de Nicolai. Varios invitados empezaban a murmurar.
Wyatt y Benedict subieron las escaleras y decidieron separarse para buscar. Benedict se fue por el ala derecha y Wyatt por la izquierda.
El joven asiático empezó a mandar policías a cada habitación a ambos lados del pasillo hasta que se quedó completamente solo, avanzando por la casona. Comprendió que Benedict tenía razón, se sentía una vigilia constante en esa casa, tanto que tuvo que volverse un par de veces para ver si alguien lo seguía.
A medida que avanzaba habitación por habitación y se alejaba más del ruido de la gente y la música, también le parecía advertir una respiración, pero una vez más, allí no había nadie. Se detuvo de pronto mientras sentía un escalofrío de solo pensar que tuviese razón en sus conjeturas.
Benedict se dirigió directamente al despacho de Nicolai ya que sabía donde quedaba, pero antes distribuyó a los policías que lo acompañaban por las demás habitaciones, dejando expresas ordenes de que si encontraban la de Petrov, debían avisarle sin tocar nada.
Se puso a revisar los cajones, en ellos había papeles de todo tipo, entre esos títulos de propiedades. Tal como había dicho, tenía bienes en varias naciones, la diferencia era que en cada país, dichas propiedades estaban a nombre de personas diferentes, al parecer «Nicolai Petrov» no era su única identidad. El detective rebuscó un poco más y encontró un relicario en cuyo interior estaba la foto de dos niños pequeños, exactamente idénticos en apariencia...
Guardó los papeles en su maletín y paseó la mirada por toda la habitación en busca de inconsistencias, empezó a revisar los muebles por si había alguna tapa o doble fondo donde se pudiesen ocultar pruebas o una rasgadura en algún sofá. No había nada por el estilo, pero encontró un gancho muy bien disimulado en una de las macetas que adornaban la habitación.
Rezando para que no fuese un detonante de bomba o algo por el estilo, Benedict la accionó pero nada estalló, solo se oyó el chasquido de una cerradura y se movió un poco el estante que estaba más alejado.
El detective se acercó y sintió una corriente de aire, se asomó tras el estante y descubrió que había un pasillo espeluznante, alumbrado pobremente con velas.
El joven entró al pasillo y notó que junto al estante había otro gancho que imaginó que sostenía la puerta, el mecanismo de afuera movía el pestillo de dentro para abrir el estante y desde dentro se abría y cerraba manualmente.
Oyó pasos en la distancia pero no venían del pasillo dónde estaba sino de afuera, entonces para no delatarse, Benedict se apresuró a salir al despacho, tomó su maletín de pruebas y retornó al pasillo de nuevo antes de cerrar el estante.
Vio dos destellos de luz reflejados en la pared a su derecha, y cuando siguió la trayectoria, notó que en la pared opuesta a los pequeños reflejos de luz, había un par de orificios pequeños. Si su orientación no estaba mal, esos orificios daban justo a uno de los cuadros del despacho, al más grande de marco plateado.
Se acercó y comprobó que cada orificio estaba especialmente ubicado a perfecta distancia uno del otro, especial para cada ojo, y de repente, con un estremecimiento en el cuerpo comprendió que la sensación de vigilia perenne en aquella casa, no eran imaginaciones suyas, alguien le había estado vigilando todo el tiempo de aquella forma.
Benedict dedujo entonces que ese pasillo conectaba con otros en toda la casa y que todos los cuadros estaban hechos especialmente para vigilar, o quizá no todos, sino los más grandes de marco plateado.
Empezó a ponerse nervioso... ¿y si el que vigilaba por las paredes estaba espiando a Wyatt o a los policías? ¿Y si justo en ese momento se lo topaba? Pero el sonido de la puerta lo distrajo y vio a Nicolai Petrov entrar a rebuscar en los cajones que estaban vacíos.
—¡Maldita sea! ¡Mil y un veces maldita sea! ¡Maldito Adelphos! Todo esto es culpa suya —exclamó dándole una palmada al escritorio, visiblemente enojado pero hablando en voz baja.
La puerta se abrió de nuevo, aunque desde su ubicación, Benedict no tenía acceso a ella.
—¿Qué estás haciendo aquí? —dijo alarmado y enfadado mirando en dirección a la puerta. Ésta se cerró y a Benedict casi le daba un ataque cardíaco cuando el personaje al que se refería el hombre, llegó a su campo de visión, ¡Era otro Nicolai!
—¡Encontraron nuestras habitaciones! Y el asiático las está revisando. Yo venía a decirte que se nos acabó el juego, la farsa... —dijo el recién llegado con tranquilidad, o más bien sin importancia, dejándose caer en el sofá cercano a él.
—¡Tenemos que hacer algo, Adelphos! ¿Pero qué? —dijo Nicolai.
—No hay nada que hacer, hermanito —dijo el que se llamaba Adelphos. Al mirarlos juntos, Benedict no tuvo dudas de que eran gemelos y supuso que tal vez ésa era la hipótesis de la que le había hablado anteriormente Wyatt.
Nicolai cerró la puerta del despacho con llave.
—¿Tú te estás oyendo? ¿Y mi maldito sacrificio qué? —preguntó.
—Querrás decir nuestro, pero no hay más nada que hacer, la chica está abajo y los policías están dentro y fuera de la casa... —respondió su hermano.
—Tú tienes a la tuya asegurada y la que falta asegurar es a la mía. Haremos esto: voy a bajar, con cualquier excusa, llevaré a la que me corresponde a las cocinas, ahí nos intercambiaremos tú y yo, luego las llevaré a ambas a través de los pasadizos hasta la salida. Inventa cualquier excusa para seguirme...
—¿Quieres que sea la carne de cañón? ¡Ni lo sueñes! Además... ¿no eres tú el que dice que yo no encajo en sociedad?
—¡Porque eres un maldito lunático y por tu culpa de hecho estamos hasta el cuello!...
—Adrian... no es para tanto —contestó el otro.
Entonces, Nicolai Petrov era otro de sus aparentes nombres falsos y ambos hermanos por lo visto eran griegos —dedujo Benedict.
—¡Cállate y haz lo que te dije antes de que pierda la paciencia! Y contrólate que pese a lo raro que siempre has sido, no eres un idiota.
El otro rió de esa forma extraña que a Benedict le descolocaba.
—No hay cosa que aterrorice más a las personas que un demente, por eso nos encierran y nos apartan de la sociedad como nuestra maldita madre hizo conmigo, así que si tanto les aterra ver a un demente... —dijo levantándose del sofá, riendo una vez más —tendrán que coexistir con uno, eso es lo que ven por última vez nuestras jovencitas, ¿no? ¡Malditas zorras!
—Lamento interrumpir tu monólogo malvado pero no tenemos tiempo. ¡Muévete y compórtate! —lo interrumpió su gemelo.
—Lo lamento, querido hermano —dijo con el acostumbrado gesto arrogante que solía tener «Nicolai Petrov» —, pero tengo a una jovencita a la que secuestrar. Iré yo por ella, espérame donde tú sabes.
Soltó una de sus extrañas carcajadas y salió por la puerta silbando una tonadilla siniestra.
Nicolai dio un hondo suspiro y esperó un tiempo prudencial para encaminarse a la puerta, justo cuando la abrió, se topó con un policía que lo miró con extrañeza.
—¡Señor Petrov! ¿No había bajado ya? —preguntó.
—¿Es usted imbécil, oficial? Si me ve aquí es porque no he bajado, ¿no le parece? Ahora apártese que ya tengo suficiente con la humillación de que invadan mi casa, tengo invitados que atender.
Cuando oyó la puerta cerrarse, Benedict salió de su escondite, cerró el estante y salió al pasillo con prisa en busca de Wyatt.
—¡Agente! ¿Estaba con el señor Petrov? —preguntó el policía bastante confundido.
—No hay tiempo, debo hablar con el detective Jones —dijo Benedict con notable prisa.
—Precisamente, tenía entendido que estaría por aquí y vine a avisarle que encontramos la habitación de Petrov, y el detective Jones solicitó que le llamáramos.
—¡Entonces vamos! —dijo Benedict poniéndose en marcha.
Cuando Wyatt fue notificado del hallazgo de lo que parecía la habitación de Petrov, se dirigió hasta el lugar...
La misma estaba elegantemente decorada al mejor estilo gótico, como toda la casa. En el centro de la habitación, pegada a la pared, imperaba una cama enorme con doseles y un precioso candil alumbraba la habitación.
Wyatt se puso manos a la obra, buscando en los cajones.
En una de las mesas junto a la cama, dentro de una gaveta, encontró un doble fondo y al abrirlo, halló lo que buscaba.
Se sentó en el sillón de orejas que estaba junto a la fría y húmeda ventana, por donde a través, se podía mirar a los agentes buscando anomalías bajo la suave llovizna.
—¡Bingo! —exclamó Wyatt con una ligera sonrisa.
Entre las cosas que revisaba, halló un par de actas de nacimiento: Adelphos y Adrian Zabat, fotos de un par de gemelos desde bebés hasta adolescentes, una fotografía de una mujer con rostro severo (un poco rota) y al reverso, alguien había garabateado la palabra «zorra» por dónde tuvo espacio.
Wyatt guardó los documentos en su maletín y se dispuso a abrir un armario. Lógicamente había ropa y algunos sombreros en una repisa, pero abajo había un baúl.
El joven asiático retiró la ropa para que no estorbara y abrió el baúl, dentro había un vestido de mujer...
Wyatt tomó de su maletín un par de guantes, se los colocó y empezó a hurgar en el baúl. Además del vestido, había un listón, un collar, un lápiz de labios y un brazalete, entre otras cosas.
El detective salió al pasillo y llamó a dos policías.
—Necesito que con su vida custodien esto, es evidencia sumamente importante, tengo constancia de lo que hay en ese baúl y si se pierde algo, serán los únicos responsables.
Salió de la habitación y entró en la contigua.
En el armario también había un baúl y al revisarlo, halló también objetos de mujer con la diferencia de que los vestidos estaban manchados de sangre y además halló huesos humanos, varios dedos etiquetados con nombres de mujeres, un fémur...
Dejó todo dentro del baúl e iba a mandar a custodiarlo cuando tuviera que salir de la habitación, mientras, se dispuso a revisar en los cajones hasta que halló en una gaveta un fajo de cartas, las desató y las empezó a leer:
Amadísima madre:
Entiendo que lo que haces es por mi bien, tengo una buena habitación, buena comida y atención. Sin embargo, los gritos por las noches no me dejan conciliar el sueño.
Espero que tú y Adrian estén bien. ¿Cuándo vendrán a verme?, aún me duele la muerte de nuestro padre, espero verlos ponto porque me serviría de bálsamo en este inusual lugar.
La gente viene a ver a los que los enfermeros llaman «agostados», como si se trataran de animales en un zoológico, me parece algo extraño, ¿quién haría algo así?
Espero verlos pronto... Adelphos.
Amadísima madre:
Me alegró mucho recibir la visita de Adrian, pero ¿por qué no has venido con él? Él me ha dicho que estabas indispuesta pero, hace meses que no te veo. Hace meses que Adrian viene a verme solo y hace meses que no contestas mis cartas. Harás que piense que me enviaste aquí para deshacerte de mí.
Aún conservo mi ropa, pero ya no me alimentan como es debido y me movieron a una celda ¡A una celda, mamá! Tiene colchas en las paredes y todo está sucio, nada tiene que ver con mi habitación en casa.
Ayer dijeron que empezarían con mis tratamientos y me hicieron lo que llaman terapia giratoria. Estuve horas amarrado a una silla suspendida, girando velozmente ¡Fue horrible!
Madre:
Adrian sigue disculpándote pero ya no le creo más. Quisiste deshacerte de mí, ¿cierto?
Por favor, madre, ya no aguanto ¡sácame de aquí! Sé que hay algo en mí que no está bien y que asusto a la gente pero si quieres puedo actuar como Adrian, puedo ser como él, lo prometo pero sácame de aquí.
En estos días me han mantenido desnudo en pleno otoño y me han dado baños de agua fría, ¡Estoy harto! Por favor sácame ya de aquí, solo me visten cuando Adrian viene a verme ¿Por qué no vienes? ¿Por qué no me contestas?
Madre:
¡Ya basta! ¡Por favor, madre, sácame de aquí! Adrian ya me dijo que no quieres venir, entiendo que no es lugar para una dama pero entonces sácame de aquí. Prometí imitar a Adrian, ¡yo también soy tu hijo! Adrian no es mejor que yo, yo solo soy diferente.
Madre, me están maltratando, dijeron que dejaste de pagar para mi bienestar, ya no quiero estar aquí.
Maldita Zorra:
Adrian dijo que me sacaría de aquí y he aguantado mis impulsos y frustraciones con tal de descargarlas contigo, ésta es la única carta que no voy a enviarte, ésta es la carta que te entregaré en persona, justo antes de hacerte pedazos.
Eres igual a cada mujer con la que me he topado, juzgándome y rechazándome. ¡Maldita perra de sociedad! Con tal de no seguir pasando la vergüenza de tener a un demente como hijo, te deshiciste de mí.
Hoy mismo por la noche, Adrian vendrá por mí, hoy mismo tendrás tu merecido y será muy lento para que sufras segundo a segundo lo que pasé yo en años en este maldito lugar.
Maldita, ramera de porquería, no imaginas cuanto odio guardé, cuanto tuve que reprimir mis impulsos y mi sed de sangre para comportarme, para que me dejaran salir. Cuando Adrian le abra la puerta a la bestia... ahí conocerás el infierno, ¡maldita!
Wyatt se quedó de piedra, más o menos entendía el móvil de El Noctámbulo, pero aun así estaba confundido.
Advirtió movimiento por el rabillo del ojo y se volvió en una posición defensiva, aún con las cartas en la mano.
Allí, de pie y mirándole, estaba una anciana de ojos lánguidos.
—¡Los señores Zabat van a asesinarlas, van a asesinarlas, el pasaje de las cocinas, irán al pasaje de las cocinas a matarlas para su sacrificio! —dijo señalando la puerta.
Aunque el mensaje no era del todo claro, Wyatt supo que se refería probablemente a Julieth pero... ¿acaso había otra víctima de la que ni él ni Benedict supieran?
Wyatt guardó las esquelas en su maletín y le pidió a la anciana que saliera de la habitación. Ella, algo desorientada, o eso parecía, le obedeció, seguida del propio Wyatt.
—Custodien esta habitación también y no dejen que absolutamente nadie entre, quiero policías dentro y fuera de las habitaciones. Iré un momento con Benedict.
Wyatt corrió por los pasillos rumbo a las escaleras del vestíbulo y cuando iba a seguir hacia el lado opuesto al ala que él había tomado, se encontró con Benedict y el policía que había mandado en su búsqueda.
—¡Ben!
—¡Wyatt!
—¡Tenemos que hablar! ¡Es Julieth! —dijeron a la vez.
Se quedaron mirándose unos segundos y asintieron antes de bajar las escaleras y empezar a buscar por el salón.
—Ya hablaremos más tarde, ella corre un peligro inminente —dijo Benedict
Wyatt, al divisar a Dominic, Archivald y Jane, se dirigió hasta ellos.
—Señor Horan, ¿dónde está su hija? —preguntó nada más llegar a ellos. El Hombre lo miró con curiosidad.
—¿Mi hija? Detective Jones ¿qué sucede? ¿Por qué tantos policías? ¿Por qué ustedes están aquí?
—Yo la vi caminando con Nicolai, se fueron por ahí —intervino Jane señalando un arco al otro lado de la habitación.
Benedict y Wyatt se miraron, Benedict echó a correr apartando gente y tropezando con otra mientras todos se quejaban, murmurando. La música se detuvo cuando al pasar, Benedict tropezó con los músicos en su intento por llegar rápido a Julieth.
Wyatt iba a seguirlo cuando sintió que alguien lo tomaba del brazo, era Dominic.
—¿Qué pasa? —preguntó con semblante preocupado y pálido, quizá intuyendo la respuesta.
—Justo lo que Benedict le advirtió, confirmamos que Nicolai Petrov es quien se imaginan. ¡Señores, mantengan a sus mujeres en este salón! Tenemos una situación de emergencia, guarden la calma y manténganse juntos —ordenó Wyatt antes de echarse a correr tras Benedict.
Bueno, gente, hasta aquí el capítulo de hoy ¿se esperaban ese giro en la trama? Espero que les haya gustado, ya casi estamos al final del libro. ¡Muchas gracias por el apoyo que ha recibido esta historia y por la enseñanza que he obtenido en la plataforma!
La imagen de portada y la de despedida, las diseñé en el editor Canva.