Augvor dijo que se pondrían en marcha a primera hora de la mañana del siguiente día porque no tenían tiempo que perder. Leia esa noche no podía conciliar el sueño.
Según ese presagio, ella era, o sería una especie de heroína que salvaría al rey y por consiguiente, a Ternápolly, pero debía haber un error. En su opinión, ella distaba mucho de ser una heroína ¿pero quién era ella para contradecir el presagio de un oráculo?
Por otro lado, estaba feliz de saber que su madre era una criatura mágica y entonces muchas cosas concordaban. Cada cuento que le relataba su madre antes de dormir no eran simples relatos ficticios, eran remembranzas de su lugar de origen, y ahora ella estaba allí. Le hubiese encantado que su madre pudiese pisar su tierra antes de morir. ¿Su padre estaría al tanto de que se había casado con una dríade?
Al final, la joven se quedó dormida y fue despertada en la mañana por Glosark. Tuvieron un breve desayuno y posteriormente se pusieron en marcha.
Leia tomó sus pertenencias y siguió a la comitiva fuera de la casa de Stephetrios (los aldeanos se las habían arreglado para conseguirle ropa y calzado a Leia).
Todo el mundo se despidió con alegría de ellos y les desearon un buen viaje, regalándoles provisiones para el intrincado viaje que les esperaba.
Leía se acercó a Homone para conversar.
—¿Cómo están seguros que exactamente soy yo la joven del presagio? —preguntó admirando la cota de mallas y la armadura del joven centauro.
—Después de todo lo que oíste ayer de nuestro oráculo… ¿todavía te quedan dudas? Además, poco antes de que vinieras, nuestro pueblo estaba casi muriendo de hambre, pues, esa parte del presagio que dice que habría invierno en nuestros campos, se cumplió. Todos nuestros sembradíos se cubrieron de nieve, al igual que los bosques de árboles frutales. Ni siquiera las dríades pudieron hacerlos florecer. Entonces varios de nosotros teníamos que cruzar las fronteras a intentar comerciar con los países vecinos, pero créeme que no es cosa fácil, dichos países no son nuestros aliados, y sabiendo nuestra situación, nos cobraban más por la comida que pretendían vendernos, al final, entregábamos más recursos de los que traíamos.
Pero de un momento a otro, la nieve se derritió y todo empezó a florecer. Augvor dijo que se debía a que tu llegada estaba cerca y se me encomendó vigilar el portal. Dicho portal lo creó Evanora al desterrar a tu madre y Colasark, señor de la luz, estaba seguro de que llegarías a Ternápolly a través de él.
—Todo ha pasado tan rápido… entiendo que tenemos una misión, pero aún no me acostumbro a tener tanto peso sobre mis hombros —comentó la muchacha mientras, con ayuda de Glosark, se trepaba a una piedra para seguir su camino. Los demás la subieron de un salto.
—Te entiendo perfectamente, pero lo que está escrito, no debe ser cambiado, no podemos escapar de nuestro destino. Las estrellas han hablado a través de Colasark, señor de la luz. Tu destino, querida Leia, es ser nuestra salvadora —dijo Homone mirando el cielo mientras caminaban.
—Es la primera vez que te oigo hablar como un verdadero centauro, como alguien digno de nuestra raza. Sigue creciendo Homone y quizá un día, llegues a ser capitán de la guardia de su majestad —intervino Stephetrios con una sonrisa. Los demás sonrieron.
—Viniendo de ti, eso es un enorme halago —comentó el joven centauro, haciendo reír a los demás.
—Leia, mientras seas vulnerable seremos nosotros quienes te protejamos. Éste viaje es de suma importancia pues, te llevaremos junto a Colasark, señor de la luz. Él va a devolverte los poderes que no pudiste heredar por causa del destierro de tu madre al mundo de los humanos. Una vez los tengas, una dríade de tu clan deberá enseñarte a controlar tus poderes, sin embargo, antes de eso, debemos ir a rescatar a su majestad para tener ventaja sobre Evanora.
En resumidas cuentas, en este viaje, voy a enseñarte a manejar armas y escudos para que, con éxito, rescatemos al monarca. Una vez esté con nosotros, serás entrenada por una de las dríades para controlar tus poderes y poder tener la batalla final contra la bruja. —le explicó Stephetrios.
—Su majestad orquestará la guerra contra Glespard, el país de la bruja, y mientras él comanda nuestras tropas, tu deber será ir por Evanora y destruirla —agregó Augvor
—Espero poder estar a la altura de lo que esperan de mí —dijo Leia algo preocupada.
—¡Conserva la calma! La falta de ufanidad es la prueba de la pureza de tu corazón —dijo Stephetrios dándole una ligera sonrisa tranquilizadora a Leia. Ésta le sonrió de vuelta.
Tomaron un camino de prados verdes y bonitas flores, desconocidas para la extranjera.
Leia decidió hacer la pregunta que tenía rato rondando en su cabeza:
—¿Por qué cuando secuestró al monarca, Evanora no lo mató si lo que quiere es hacerse con el poder de Ternápolly? Eso es lo que haría cualquier usurpador —preguntó en general.
—Porque lo necesita con vida. En la lucha contra el padre del rey Fergus, Evanora sufrió la pérdida de la joya que le otorgaba vitalidad y poderes. Esa joya había sido robada del santuario arcano del clan Engberg, y era parte del cuerpo del primero de su estirpe. Verás, los pertenecientes al clan Engberg son como una piedra en bruto a la que si les quitas una parte, luego de un proceso alquímico, obtendrás una joya Biozark que otorga al portador, poderes inimaginables. Este proceso es doloroso para el perteneciente al clan y es por eso que nunca más se realizó la creación de estas piedras. Mientras más poderoso sea el hechicero del clan, más poderosa será su joya. Es por eso que la pérdida de su piedra fue un serio revés para Evanora y siendo conocedora de lo que acabo de mencionarte, quiso llevarse al rey (el más poderoso de su clan actualmente) para obtener una nueva joya.
Por una fuente cercana supimos que si bien, la bruja puede cortar una parte del cuerpo de nuestro monarca para hacerse con una nueva joya, ella ha preferido robarle la vitalidad directamente, y así obtener mejores resultados, es decir ¿para qué obtener solo una parte del poder si puede obtenerlo todo? —explicó Augvor.
Leia compuso una expresión de pena. No podía imaginarse las penurias que estaría pasando el pobre rey. Debían apresurarse.
—¡Tenemos que darnos prisa! —dijo Stephetrios apretando el paso. Se veía preocupado.
La luz diurna entraba por la diminuta ventana de la celda y una estilizada figura, se arrastraba para recibirla directamente.
Su energía se basaba en la luz solar y estar enclaustrado le restaba fuerzas. Una vez estuvo bajo la luz, se sintió mucho mejor.
Llevaba muchos días encerrado allí y estaba en proceso de desesperación. Su pueblo estaba desprotegido a merced de la asesina de sus padres y no conforme con eso, cada catorce días, se veía obligado a permanecer quieto mientras la bruja le robaba vitalidad.
Una noche sin luna, el dolor de haber perdido a sus progenitores y la presión por recibir la corona de un momento a otro, fueron los factores que le permitieron a Evanora encantar al rey y hacerlo salir a los jardines de su palacio, donde ella y sus secuaces pudieron secuestrarlo sin resistencia alguna y bajo discreción absoluta.
Para cuando la guardia vio desde lejos al rey acercándose a la bruja, ya era demasiado tarde. Ésta desapareció con su séquito, llevándose al monarca.
El rey Fergus cavilaba sobre sus opciones, ahí encerrado. Claramente esa celda le quitaba poder pues, no podía realizar ninguno de sus hechizos, tampoco tenía alguna herramienta con la que soltar los grilletes que lo ataban a la pared.
Tomó el plato de metal que otrora había tenido pescado seco, e intentó forzar uno de los clavos de los grilletes de sus pies, haciendo palanca, pero solo consiguió doblar el plato. Enfadado, lo arrojó a al otro lado, haciendo un ruido estridente. No tardó en llegar un orco a ver que pasaba.
—¿Qué pasa? —dijo entrando a la celda. Fergus lo asesinó con la mirada, permaneciendo en silencio.
La vista del orco se paseó por la habitación hasta divisar el plato doblado.
—¿Intentabas escapar, niño rey? —preguntó con una voz burlona.
—No es asunto tuyo —contestó el joven.
—Ni siquiera por ser un vil esclavo pierdes la arrogancia…
—Si la tierra se estremece, el volcán no cae, erupciona —contestó el joven ante la risa incrédula del orco—. Si tu señora quiere ver como erupciona este volcán, que solo tenga paciencia. El gran Colasark, señor de la luz, nunca se equivoca.
A plena tarde, el grupo de viajeros hizo una parada forzada para almorzar. Stephetrios no quería parar, pero Augvor intervino diciendo que tenían que alimentarse y descansar bien para poder llegar a tiempo y con fuerzas a Glespard, para el rescate del rey.
—Una vez traspasemos las fronteras hacia Glespard, debemos estar muy atentos —dijo Stephetrios, desplegando un bonito mapa que mostraba Ternápolly y algunos países cercanos. Leia pudo ver que Ternápolly era un país enorme. Afortunadamente, los límites de Glespard no estaban lejos.
—En la frontera nos espera Smold y los guardianes —dijo Glosark—. Espero que los gemelos estén en esa guardia, nos servirían de mucha ayuda.
—El rescate debería llevarse a cabo una noche de luna llena, es decir, mañana por la noche. El manto de la oscuridad nos resguardará, y los rayos lunares le darán vitalidad al rey, después de todo, los rayos lunares son los rayos del sol reflejados en la luna. Eso le ayudará a correr bien e incluso podría beneficiarnos con su magia, de ser necesario —dijo Homone. Stephetrios asintió mientras miraba el mapa.
—Este será el lugar de encuentro —dijo Stephetrios apuntando con el dedo, un punto en el mapa—. Si tomamos el plan de Homone, tendríamos hasta mañana por la noche para el rescate, así que nos tenemos que poner en marcha cuanto antes y así mismo, entrenar a Leia sin más tardar. Espero, niña, que tengas el mismo talento para las armas que tu madre, porque no tenemos mucho tiempo.
Apenas terminaron de comer, se pudieron en marcha y al anochecer, pese al cansancio. Leia tuvo que aprender a manejar dos espadas. Los demás montaron el campamento.
—No se trata de blandir un palo, es una espada lo que tienes en cada mano. No solo debes saber defenderte, debes tener majestuosidad y pulcritud en tus movimientos…
—A duras penas, puedo frenar tus ataques ¿Cómo tendré majestuosidad si apenas puedo sostener las espadas? —se quejó la chica mientras repelía con dificultad los ataques del centauro.
Los demás observaban el entrenamiento, alrededor de la fogata.
—Ni siquiera estoy poniendo mi peso el mis ataques, sino, ya estarías acabada. La bruja no va a pedirte permiso para atacar —dijo el centauro galopando alrededor de la muchacha mientras, de vez en cuando, lanzaba ataques que ella esquivaba por los pelos o los frenaba con sus espadas. Claramente la estaba presionando—. El que puedas frenar mis ataques es señal de que heredaste el talento de tu madre…
—No creerás que la pobre aprenderá lo que se debe en tan poco tiempo ¿no, capitán? —le preguntó Homone viendo el entrenamiento con una sonrisa un tanto burlona, en tanto bebía un sorbo de vino.
—Con que pueda repeler ataques me bastará, además, está aprendiendo a esquivar y frenar ataques mucho más rápido que tú cuando iniciaste tu entrenamiento —dijo Stephetrios mientras seguía embistiendo a Leila cada vez más rápido.
—¡Era un potro en ese entonces! —dijo el joven centauro.
—Lo sigues siendo —dijo Stephetrios, soltando un ataque imprimiendo su peso. Leila logró pararlo interponiendo ambas espadas, pero cayó hacia atrás sobre la hierba.
Todos rieron apropósito de la broma de Stephetrios y éste aun riendo, le extendió la mano a Leia para ayudarla a levantarse.
—Para tu primer día, me has dejado asombrado. Si aprendes así de rápido, puede que seas una pequeña guerrera para mañana en la noche. Ven, cenemos. Será todo por hoy.
—Esperemos que los cielos nos sean propicios y mañana, nuestro rey éste de nuevo sentado en el trono de Arcadia —dijo Glosark levantando su copa— ¡Por su majestad, Fergus el grande!
—¡Qué viva eternamente! —dijeron los demás a coro. Leia levantó su copa, sonriendo.
Espero que les haya gustado el capítulo. Muchísimas gracias de antemano por el apoyo brindado a mi libro.