—Ya puedo verlas —dijo Glosark señalando a la distancia—. ¡Ay! Las dríades —exclamó con emoción y una mirada soñadora.
—Glosark, compórtate —lo riño Augvor.
Una muchacha hermosa se acercó a ellos corriendo con mucho entusiasmo, las demás se acercaban caminando.
—¡Neffnea! Te he echado mucho de menos… —dijo Glosark mientras la chica se acercaba corriendo, sin embargo, ella abrazó a Leia.
—¡Nuestra lideresa! Es un placer al fin poder conocerte —dijo la joven aun estrechando a Leia.
—Es un placer conocerte también — contestó ella.
—Neffnea… —la llamó Glosark mientras todos reían debido a que la dríade no le prestaba atención al fauno.
—Glosark, no lo arruines, estoy hablando con nuestra lideresa. Hablaremos después —dijo tomando la mano de Leia y llevándola con las otras dríades que había un poco más allá.
El fauno bajó las orejas, apesadumbrado, mientras todos reían más.
—Al fin la elegida está entre su gente —comentó Stephetrios palmeando la espalda de Glosark para apremiarlo a caminar y juntarse con las dríades.
—¿Dónde están los gemelos y Smold? —preguntó el centauro.
—Smold prefirió ir a preparar a los guerreros para el regreso del rey, y los gemelos están surcando los cielos para traer la información del terreno. Esperemos que no sean vistos por el enemigo —comentó Neffnea mordiéndose el labio en una señal de preocupación.
—Yo conseguí los planos del castillo de la bruja —comentó otra de las dríades— se lo sustraje a uno de esos orcos. Por la escolta que traía, parecía tener papeles importantes.
—¡Muy bien hecho! Apenas vuelvan los gemelos, trazaremos el plan. ¡Neffnea! Enséñale lo que puedas a Leia. En teoría, debería poder usar todos los elementos, como su madre.
Ubicaron el campamento, cerca del linde del bosque oscuro que separaba las tierras de Ternápolly y Glespard, mientras Neffnea, le explicaba a Leia los principios básicos de la magia elemental.
—La magia interna se siente como una especie de energía. Las dríades estamos unidas a un árbol, sin embargo, tanto tu madre como tú, son dríades independientes y son capaces de manejar varios elementos. Empezaremos con la tierra, que es lo que la mayoría mejor domina. He oído que en tu niñez lograste despertar un gran abeto, así que no debería suponernos un gran problema. Lo primero que debes hacer, es concentrar dentro de ti la energía de la naturaleza…
Leia escuchaba todo, prestando mucha atención.
—Siéntate en una posición cómoda, ¡ajá!, así. Ahora, cierra los ojos y concéntrate en los sonidos de la naturaleza. Sentirás el flujo de energía fluyendo hacia ti. Sabrás cuando hayas terminado con la absorción de energía porque dejarás de sentir el flujo de ésta. Por la cantidad de elementos que puedes manejar, al menos en teoría, quizá absorber la energía te tome varios días.
Una vez que Leia comprendió todo a cabalidad, se quedó haciendo su tarea, vigilada muy de cerca por su guardia que montaba el campamento a unos metros.
—Deberíamos hacer un capullo de protección alrededor de la lideresa, estamos en plena frontera y temo que alguien la ataque —dijo una de las dríades.
—Bien observado —comentó Augvor.
—Así es, Jiandrah —dijo Neffnea, haciendo crecer un capullo de hiedras alrededor de Leia que no se inmutó.
Montaron las tiendas, hicieron la fogata y se reunieron en torno, mientras disponían los ingredientes para la cena.
—Pongámosle papas —dijo Clementine, otra de las dríades haciendo emerger de la nada, unas cuantas papas.
—Es una bendición llevar dríades a un viaje —dijo Glosark alzando su copa de vino, dedicándole una sonrisa a las tres.
—Dónde hay semillas y una buena tierra, habrá comida y naturaleza —dijo Neffnea rociando agua sobre los tubérculos, para quitarles la tierra.
—No hay como un buen guiso de salmón para saciar el hambre —comentó Stephetrios.
—Iré a cazarlos —dijo Augvor tomando entre sus patas una cesta—. Luego cazaré algo para mí. Cuiden bien a Leia.
Todos asintieron.
—Una vez que vayamos a dormir, deberías rodear el campamento con esa cúpula de hierbas —comentó Stephetrios mirando a Neffnea que ponía una olla sobre el fuego.
—Eso supondría que no podría dormir. Para mantener la estructura en pie y fuerte, es necesario mantenerse consciente —contestó la joven.
—Entonces harás la guardia esta noche —dijo el centauro. La muchacha sonrió, negando con la cabeza.
Un batir de alas fuerte (que incluso hizo agitar la hierba) los obligó a mirar arriba. Un par de Grifos estaba aterrizando con suavidad junto a ellos.
—¡Me alegro de verlos! —dijo Stephetrios.
—Y nosotros a ti —dijo uno de ellos.
—¿Y bien? El tiempo apremia —preguntó el Centauro mientras el par de grifos se tumbaban en la hierba.
—Una fortaleza total. Tuvimos que volar muy arriba para no hacer sombra sobre el suelo ni hacer oír nuestras alas —empezó uno de los gemelos.
—La ruta más segura es el sendero del olvido. No hay nadie allí ¡ah! y también el río creciente —comentó el otro.
—Entre los papeles importantes que robamos, estaba el mapa de la zona, pero, a estas alturas ya sabrán que los hemos robado… —dijo Jiandrah
—Si ellos no las vieron, creerán que los han perdido, y siendo así, no querrán que se entere su señora. Eso nos da ventaja. Por otro lado ¿Qué tienen de seguras esas rutas? Pasar por ahí sería un suicidio —dijo Stephetrios.
—¡Nos jugamos la vida y se queja! —comentó uno de los grifos.
—Arthot, dime algo ¿cuándo Stephetrios está contento con alguna información que le demos? —preguntó el otro mirando a su gemelo.
—Nunca. Nunca está conforme, Firent —dijo su hermano.
—Porque siempre hacen las cosas a medias —se quejó el centauro.
—¡A medias, mis plumas! Sobrevuela tú la zona enemiga a ver qué información traes —dijo Arthot incorporándose junto a su hermano y batiendo las alas, enfadado.
—¡Déjen la insolencia con su comandante! —bramó Stephetrios dando una patada.
—¡Chicos, basta! — intervino Neffnea.
—No somos centauros, tú no nos mandas —gritó Firent incorporándose sobre los cuartos traseros, para igualar, quizá, la altura del centauro.
—¡Cierra la boca, pollo! —gritó Glosark que admiraba a Stephetrios, dirigiéndose a Firent. El grifo lanzó un quejido de asombro.
—¿Qué es lo que pasa aquí? ¿por qué pelean? —preguntó Augvor llegando mientras dejaba la cesta llena de salmones en la hierba.
—Me dijo pollo —se oyó susurrar a Firent, dirigiéndose a su gemelo, aún con expresión incrédula.
Las dríades se encargaron de explicarle a búho lo que pasaba, y éste terminó riñendo a todos los involucrados.
—Ahora, llamen a Leia y tracemos el plan —terminó diciendo.
Una vez que hubo oscurecido y los ánimos se calmaron. Empezaron a trazar el plan de rescate mientras cenaban.
—Vamos a empezar por el terreno. Son tres días de recorrido para llegar al castillo de Evanora. Gemelos, ¿por dónde es más seguro ir? —preguntó Stephetrios.
—Por donde dijimos —comentó Arthot, Stephetrios se pasó las manos por la cara y Neffnea soltó una risita burlona. Leia también rió pese a no entender del todo la reacción del centauro.
—Vamos a oír porque los gemelos dicen que esos caminos son los mejores, Stephetrios —dijo Augvor.
—Bueno, todos los demás caminos están llenos de guardias. Claramente los caminos que mencionamos, no tienen ninguno porque por sí solos son muy peligrosos. Según tengo entendido, la idea es entrar y salir del país, rescatando al rey de forma sigilosa porque somos muy pocos guerreros, entonces siendo así, es mejor prepararnos bien para cruzar los parajes que ya recomendamos, a que nos maten porque nos superan en número, o que den la alerta que estamos allí y fortifiquen la seguridad en torno a nuestro rey —explicó Firent. Stephetrios tuvo que morderse la lengua porque todo aquello tenía sentido.
—Se dice que en el Sendero del olvido hay tantas visiones maravillosas que hacen que la gente olvide su cometido y son presas del hambre o algún accidente trágico. Y el río creciente… se dice que hay sirenas que trabajan para la bruja y ahogan a los forasteros —dijo Jiandrah.
—Creo que lo más seguro sería ir por el sendero del olvido de ida y vuelta —dijo Leia mirando el mapa del camino—, parece ser la ruta más corta y tengo las sospechas de que lo que sea que afecta a ese sendero, no lo hace a cierta altura o si no los gemelos se habrían visto afectados.
—¡Chica lista! —dijo Stephetrios—. Iremos por dónde Leia propuso. Ahora hablemos de la fortaleza.
—Es más difícil aún porque también tienen seres alados, todos conocemos a las asquerosas arpías. También hay orcos, minotauros, criaturas viperinas y protegiendo a la bruja hay un par de mantícoras —explicó Arthot.
Glosark dio un silbido.
—¿Divisaron algún fallo en su defensa? —preguntó el Fauno.
—Creo que del lado derecho del castillo hay menos vigilancia —dijo Firent mirando a su gemelo que asintió.
Todos guardaron silencio, pensando quizá en una estratagema.
—¿Saben el lugar exacto en dónde está el rey? —preguntó Neffnea.
—No estamos seguros, pero nos pareció divisarlo dentro de la atalaya más alta. Tenemos vista de águila sí, pero no podíamos sobrevolar un mismo lugar por mucho tiempo —dijo Firent.
—Me parece que para el escaso tiempo que tenemos, de hecho llevamos demasiado retraso con respecto al plan original, tendremos que asumir que el rey está allí —dijo Neffnea—. Debo enseñarle a Leia a controlar el fuego y la tierra lo más rápido que pueda. Por ahora solo se me ocurre que una vez en los lindes del castillo por el lado derecho, llamemos la atención de los guardias hacia el lado izquierdo, y que uno de los gemelos lleve a Leia hasta la ventana de dicha atalaya, que ella derrita los barrotes y saquen al rey. ¿Se podría hacer eso? —le preguntó a los gemelos. Ellos se miraron y asintieron.
—Eso sí, tendría que ser en cuestión de pocos minutos, porque atraer la atención del enemigo así, podría resultar contraproducente más adelante —dijo Arthot.
—Por ahora tendrá que ser así, no tenemos mucho tiempo, además, la nación y su majestad nos necesitan —dijo Stephetrios.
Este ha sido el cuarto capítulo, espero que sea de su agrado y gracias de antemano por la ayuda brindada a mis historias y los consejos.