Buenas noches, les deseo un dulce y pacífico sueño.
Editado en PhotoCollage
Hoy, les traigo una propuesta con un tema que recurre en mi escritura y en la vida, la emancipación de la mujer y la lucha por soltar las amarras del yugo doméstico y social.
ESPEJO SIN RÉPLICA
Sobre el espejo púdico, su perfil se hinca,
aleve estatua de sal en la penumbra doméstica.
La rueca incesante dicta su parábola:
hilar la paciencia, tejer el mutismo,
urdimbre dominado donde el vértigo se aquieta.
Sus manos, nudos ciegos de un árbol sin fronda,
aceptan el yugo de asas y cacerolas.
La lámpara unge su nuca con óleo de sumisión,
y el reloj, verdugo manso,
fracciona sus sueños en átomos de esposa.
Afuera, la linfa del mundo se encabrita,
pero ella, esfinge domeñada, ha olvidado el enigma.
Ejerce la métrica exacta de saber arrodillarse,
plegaria sin dios, jácara sin eco.
El espejo escupe su imagen como una llaga.
Mas hay algo que emerge, una chispa exigua, un resquicio de absintio
y erosiona la losa.
Brama en su pecho la hidra del verbo callado.
Entonces desata el corpiño de cilicios,
y su sombra crece, feroz, devorando el zócalo.
Rompe el huso contra el ara de la costumbre.
Sus pupilas, dos címbalos que se emancipan y tañen la aurora.
El suelo, antaño almohada de grilletes,
se trueca en mapa de poliedros y vértigos.
Baila sobre los cascos de las vajillas rotas, con risa de hacha que corta la niebla,
degüella al vigésimo silencio.
Y se yergue, columna de un templo que arde,
mientras la noche lamina sus caderas de sílice.
Ya no es réplica, es original.
El espejo por fin se ahoga en su propia hondura.

