** Proceso creativo **
Un cuento engavetado que ha sido corregido con ayuda de una papa literaria.
Frustración
Eran las tres de la mañana. Esa noche no era para dormir al igual que todas la anteriores. Con unos nervios molidos décadas atrás y una locura que se avivaba cada noche, no existía posibilidad alguna de tener paz. Mi cuerpo resentido me daba la vaga idea de existir, poco importaba. Todo estaba listo y dispuesto. «Uno, dos, tres, cuatro». «Uno, dos, tres, cuatro» y vuelta a empezar. No podía dejar de golpear aquella superficie. Aquel objeto inamovible que no retrocedía ante mi fuerza imparable. Mi ser era impulsado por pensamientos salvajes. Me gritaban: «Uno, dos, tres, cuatro». «Uno, dos, tres, cuatro». Ya no quedaba rastro de esa piel delicada y débil que se manchaba con su propia sangre. Con el tiempo se había formado una costra impenetrable en los nudillos que se extendió por todo el cuerpo, pero cada golpe seguía calando en los recuerdos del pasado... doliendo. Retumbando en la noche como un trueno. «Uno, dos, tres, cuatro». «Uno, dos, tres, cuatro».
Mis golpes se hacían cada vez más lentos con el pasar de las horas «Uno, dos, tres...». Un resplandor purpura emergió del horizonte hasta hacerse dorado. El sol ya iluminaba la plaza y era el momento de permanecer inmóvil. Parar hasta un nuevo caer del astro. Eran mis falsos descansos. Los transeúntes paseaban por el lugar para disfrutar del aire libre, conversar y tomarse fotos. Allí estaba yo. Una figura imponente de gran tamaño con músculos en tensión que golpeaba una roca inclinada ligeramente hacia atrás como queriendo ceder ante la fuerza de mis puños, pero nunca caía. Las personas veían la estatua de un boxeador. No sabían que era alguien que buscaba en vano su propia destrucción.
Espero les guste este microcuento. Un abrazo para todos.